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Sigue el mundo árabe con atención acontecimientos en Egipto

03/02/2011 10:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los líderes del mundo árabe, particularmente los de regímenes vitalicios y hereditarios, siguen de cerca los acontecimientos en la región por temor a que cunda el ejemplo de Túnez y Egipto. En un mundo globalizado y en el que las imágenes llegan en cuestión de segundos a todos los confines del planeta, líderes de países como Jordania, Arabia Saudita, Qatar, Dubai e incluso Siria, donde el presidente Bashar Assad “heredó” el cargo de su padre Hafez, la revuelta en El Cairo es motivo de gran preocupación. Yemen es hoy, jueves, el ejemplo más sonado del efecto dominó, con protestas en las calles en las que participaron más de 20 mil personas para exigir, como en los casos de Egipto y Tunez, la dimisión del presidente vitalicio Alí Abdullah Saleh. Las calles de Saná, la capital, fueron escenario de concentraciones que el gobierno ve como preludio de una ola de protestas, a pesar de Saleh ya ha anunciado que no se presentará a la reelección en 2013. Lo hizo ayer al presenciar atónito las imágenes en la Plaza Tahrir en Egipto, lo que sin embargo no ha impedido que sus detractores aprovechen el momento para decretar hoy un “Día de la Ira” y exigir no sólo reformas sino su dimisión. En el poder desde hace 30 años, Saleh exhortó a sus simpatizantes a salir a las calles antes de que sea demasiado tarde y mostrar por él su apoyo para frenar mayores protestas por parte de la oposición. Como en los otros dos casos, los manifestantes antigubernamentales corearon lemas “por un cambio de régimen”, contra la “dictadura” y contra la “corrupción”, hartos de un sistema tan común en el mundo árabe que se había convertido en rutina. En un artículo de opinión hoy en el diario israelí Haaretz, el profesor emérito de la Universidad Hebrea de Jerusalén Rafael Israeli explica que muchas de las razones que se dan para justificar las revueltas son “poco convincentes”, y otras “inteligentes”. “Se habla de oposición a que gobernantes pasen el liderazgo a sus hijos, del alto desempleo y la necesidad económica, de rebeliones de jóvenes en una población donde la edad promedio es 20 años y aspiran a la democracia”, escribió. Pero para el estudioso la verdad es que “la crisis deriva de las percepciones de legitimidad en estos regímenes”, donde la población no está acostumbrada a deponer a sus gobiernos por la vía democrática porque en la mayoría de los casos no pueden hacerlo. “En el mundo árabe la soberanía reside en los líderes absolutistas y semiabsolutistas, con juntas militares que los respaldan y que han obtenido el poder por la fuerza, o en presidentes ‘elegidos’ en comicios unipartidistas”, explicó al considerar que las protestas en las calles son la única salida. Son los casos de las monarquías prooccidentales en países como Marruecos, Arabia Saudita, Jordania y los emiratos del Golfo Pérsico, así como de exmilitares que llegaron a la presidencia en golpes de Estado hace varias décadas, entre ellos Libia, Egipto, Siria e Irak hasta la guerra de 2003, por citar algunos. La ausencia de democracia se vio fomentada en ellos por el apoyo de Estados Unidos a esos regímenes en las décadas de 1970 y 1980 para desplazar a la Unión Soviética de esa región, y más recientemente para que combatieran al islamismo fundamentalista que representa la Yihad Mundial, y más concretamente Al Qaeda. En Gaza y Cisjordania, donde la democracia en la que nació la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en 1994 parecía un germen de renovación y ejemplo para todo el mundo árabe, la situación no es muy distinta. Desde 2007 dos partidos, Fatah y Hamás, controlan sus respectivos territorios sin haber convocado elecciones desde las legislativas de 2006 y habiendo vencido los plazos prescritos en sus leyes. Hamás, que no se ha identificado con las revueltas populares en Egipto para no enemistarse con el régimen que emerja en El Cairo, si es que no es islámico, prohíbe a sus dirigentes expresarse sobre el tema o convocar manifestaciones. Igualmente, la ANP pidió no comentar los acontecimientos en Egipto, aunque hoy, para liberar la presión, permitió una concentración de identificación con Mubarak, a la vez que prohibía una en favor de los manifestantes antigubernamentales. En Jordania el rey Abdullah disolvió en días recientes a su gobierno y nombró uno nuevo con la orden de preocuparse por las necesidades de la población, en la esperanza de que ello sea suficiente para evitar una revuelta que por ahora parece poco probable. De lo que no hay duda es de que la caída de cualquiera de los regímenes mencionados no se puede equiparar a las consecuencias que podría tener la destitución de Mubarak por una vía no negociada. En sus tres décadas de gobierno, Mubarak consiguió afianzar el liderazgo político de un país que, sin ser el mayor del mundo árabe ni el más rico, es desde hace años el puente de Oriente Medio hacia Occidente. Su influencia en todos los desarrollos en la región era decisiva y su alianza personal con Washington fue el pilar de la estrategia estadunidense en la región en las últimas décadas, y frente de lucha contra regímenes reaccionarios a Occidente como los de Sudán, Siria, Afganistán y otros en su misma dirección. Quizá por el temor a que cunda el ejemplo, la mayoría de líderes árabes no se haya expresado sobre los hechos en Egipto, dejando que el curso de los acontecimientos trate de corregir una inercia que no conviene a ninguno de ellos.


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