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Sexo y ridículo: De la risa al erotismo, sólo hay centímetros

29/12/2009 05:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Más de alguno ha soltado una estruendosa carcajada frente a alguna prenda u objeto pensado para ponerle pimienta al encuentro sexual

Pero también, muchos han sucumbido ante el no tan sutil encanto de estos artilugios XXX. De ahí que surja la inevitable pregunta de si la risa, necesariamente, mata pasiones.

Calzones con trompa de elefante, condones glow-in-the-dark, hacer el amor vestido de Superman o dibujarse en el abdomen una flecha que apunte a los genitales junto a la leyenda “Se aceptan depósitos las 24 horas”, son cosas que, sin duda, causan gracia o estupor; es una curiosa sensación de vergüenza ajena o, sorprendentemente, excitación.

El ridículo es, obviamente, una cuestión social dictada por la moda y las costumbres; hay a quienes les preocupa la posibilidad de hacer el ridículo en público o en privado…así como a quienes no les importa en lo más mínimo. En el sexo, como parte constitutiva de la vida de las personas, esta situación se repite, con la curiosa salvedad de que a algunos las situaciones, juguetes o representaciones ridículas les producen excitación. De ahí que, muchas veces, lo que está considerado fuera de lugar es sinónimo de erotismo.

“Después de haberme conquistado toda la noche, accedí a ir a su departamento”, cuenta con una sonrisa que quiere escapársele de los labios, Joanna, una secretaria de 32 años. “Él me gustaba y, la verdad, quería tener sexo esa noche. En el sillón, ya nos estábamos besando y tocando; me había sacado toda la parte de arriba de la ropa y el problema llegó cuando le arranqué los pantalones. Llevaba una tanga atigrada. No pude resistir (cuenta a carcajadas); lo miré y luego vi su rostro, comencé a morir de risa. No lo hice a propósito, es que no podía creer la ridiculez de ese calzón. Después de un rato y pedirle mil disculpas, lo hicimos y no estuvo mal. Aunque… yo no pude sacarme la imagen de la cabeza”, finaliza.

Jorge F., empleado gubernamental relata su caso. “Esto lo comenzó mi novia una noche que decidimos ir juntos a un cabaret. Cuando vio la ropa de las mujeres de ahí, me hizo notar que la mayoría llevaba zapatos de color estridente, tacones altísimos y plataformas. Minifaldas de vinilo amarillo y vestidos largos transparentes. Todo era de una ridiculez excesiva; pero ahí, en ese lugar, en ese ambiente y en ese momento… no podía haber nada más excitante. De ahí en adelante, aparecía una o dos veces por mes vestida de igual forma para la cena y acabábamos teniendo sexo como nunca”.


Sobre esta noticia

Autor:
Ariel (3892 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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