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Sexo con animales

02/11/2009 09:30

0 La zoofilia (también llamada animalismo o bestialismo) es una de las parafilias por modificación de la elección de objeto

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Las parafilias, también denominadas desviaciones o variaciones (antes llamadas perversiones), son definidas por el hecho de que la imaginación o los actos inusuales o extravagantes son necesarios para conseguir la excitación sexual, siendo en muchos casos el modo preferido o excluyente.

Etimológicamente, proviene del griego “pará” al lado, desviado y “philéo”, atracción, amante.

El Dr. Juan Carlos Romi nos aclara algunos conceptos: “Se entiende por zoofilia (H. Ellis) -también llamado bestialismo o animalismo- la atracción erótica por animales, sobre todo perros y ovejas. Erróneamente algunos la consideran como sinónimo de sodomía. Algunos individuos se excitan sexualmente o gozan sólo con acariciar a los animales. También puede ser considerada en algunas ocasiones, como una forma de mixoscopia, el sujeto que goza o se excita viendo copular a los animales. Cuando el sujeto trata realizar actos sexuales concretos en forma activa o pasiva se denomina zooerastia (Kraft-Ebing). Cuando lo que provoca el placer es una actitud brutal o sádica con los animales se denomina a esas manifestaciones zoolagnia.

La formicofilia (del latín, formica=hormiga) consiste en hacer reptar insectos sobre los genitales La excitación erótica y la facilitación y el logro del orgasmo son relativas a, y dependientes del contacto con caracoles, ranas, hormigas u otros insectos que se deslizan, arrastran o mordisquean las partes genitales, el área perineal y los pezones. En el caso específico del juego sexual con arañas se denomina aracnofilia. En algunas ocasiones se trata de aves, así la avisodomia: es la relación que se establece con aves como los patos o gallinas”.

Deberíamos diferenciar aquellos, especialmente en medios rurales, quienes se inician con animales debido a la ausencia de mujeres -abandonando tal práctica cuando consiguen pareja- de quienes mantienen durante toda su vida relaciones con animales, cosa que es menos frecuente.

Algo que llama la atención es que las preocupaciones van por el lado de contraer alguna enfermedad o infección, por temor “a dejarla preñada” o por cómo hacer para que el perro se dé cuenta y no por la práctica zoofílica en sí mismas.

Es más común entre varones que entre mujeres, aunque la literatura pornográfica y demonológica se ha encargado de describir a aquellas que tenían relaciones con asnos, caballos, perros y la encarnación de Satanás representada por un macho cabrío en el medio de la noche sabática.

Desgraciadamente en base a la denuncia de estos actos emparentados con acusaciones de brujería, muchas infortunadas mujeres, algunas de ellas psicóticas o rebeldes frente al poder patriarcal, fueron a parar a la hoguera “por haber cohabitado con animales demoníacos”. Incluso en el Deuteronomio, la zoofilia, era castigada con la muerte.

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