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La sequía del siglo, se apodera de la península, lo que no significa que el cambio climático ha llegado: es un preaviso

04/01/2017 17:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Para épocas anteriores sobre la sequía hay que recurrir a la información documental escrita, contenida en los archivos históricos, en la que se dan noticias concretas meteorológicas, que contienen relatos generales del tiempo atmosférico dominante en años

 

 

 

Aunque es bien sabido la sequía en España se ha manifestado siempre con mayor o menor frecuencia, desde la última edad glacial, hace aproximadamente unos 10.000 años, como uno de los aspectos más significativos y calamitosos de clima peninsular, la que hasta este otoño se ha mantenido en la mitad meridional de la Península, merece ser considerada tanto por su severidad como por su duración, no como una más entre las muchas sequías registradas en este siglo, sino como un, acontecimiento climático de trascendental importancia, aparentemente sin parangón con las sequías registradas durante los últimos mil años en la zona considerada.

Naturalmente, para la evaluación objetiva de las sequías del pasado se precisa disponer de medidas pluviométricas fidedignas y suficientes. En España, aunque las observaciones meteorológicas mediante instrumentos se iniciaron en Madrid en 1737, las pluviométricas no lo hicieron hasta finales del siglo XVIII. Desgraciadamente, debido a diversas vicisitudes, incluido el vandalismo de las guerras napoleónicas, la mayor parte de los archivos de datos fueron destruidos o extraviados, por lo que sólo se dispone una serie de datos pluviométricos de 150 años, iniciadas a principios del XIX en Madrid y en: San Fernando. A partir de 1850 las series son más numerosas y después de 1865 corresponden a la mayoría de las capitales. Para épocas anteriores hay que recurrir a la información documental escrita, contenida en los archivos históricos, en la que se dan noticias concretas meteorológicas o que contienen relatos más generales del tiempo atmosférico dominante en años o estaciones determinadas, así como informes sobre señalados acontecimientos tales como inundaciones, sequías, temporales, nevadas, etc. En España estas fuentes son prácticamente inagotables y se encuentran principalmente, en archivos eclesiásticos y municipales. Entre las noticias eclesiásticas destacan las rogativas que se hacían sobre todo en épocas de dictadura, aunque se iniciaron  al parecer en el siglo V, siendo ya frecuentes en la Edad Media. Además, de estos actos religiosos que se encuentran en las hemerotcas puede deducirse, la magnitud e importancia del acontecimiento que los motivo; había una amplia gama de ceremonias, desde las simples preces a los novenarios de misas, pasando por las rogativas a determinadas advocaciones y a las procesiones las favoritas del franquismo.

 

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Gráfica.-  Variación del índice quincenal de la pluviosidad en la mitad meridional de la España peninsular, durante los quince años hidrológicos 1980 (81)- 1994(95).

El mínimo absoluto corresponde al último lustro, cuyos valores extremadamente bajos hacen del periodo de quince años 1980(81) – 1994(95), el más seco de los últimos 120 años.

Si extendemos el análisis al resto del siglo XIX, aunque la insuficiencia de datos y falta de continuidad de la mayoría de las series con anterioridad a 1875 no permite prolongar la gráfica, su consideración conjuntamente con la información documental disponible, demuestra que el lustro más seco de todo el XIX  notablemente menos seco que los últimos y antepenúltimo.

Respecto a los ocho siglos, del XVIII al XI, que completan el milenio paradójicamente ha sido el XVIII donde más laboriosa ha resultado la recopilación de datos, ya que para los siete siglos restantes se ha podido disponer de la invalorable documentación relativa a noticias meteorológicas históricas recopiladas por el historiador J. Mº Fontana Tarrats (1911-1984) a cuya labor, ya jubilado, dedico los últimos años de su vida con entusiasmo, clarividencia y capacidad de trabajo realmente excepcionales.

El análisis exhaustivo y reiterativo de los datos disponibles nos ha llevado a la conclusión antes anunciada de que la actual sequía es la más severa de todas las registradas en la mitad meridional de la España peninsular desde hace al menos mil años. Naturalmente, tan audaz afirmación tiene que estar respaldada por consideraciones suficientemente convincentes. La más evidente es que de haberse dado en la región considerada una situación pluviométrica similar a de los tres últimos lustros, en el transcurso de los ocho siglos XI – XVIII, sus consecuencias en hambrunas, desolaciones y emigraciones hubiesen sido de tal magnitud para que superasen con creces a aquellas ocasionadas por las sequías más adversas que hemos podido detectar en la documentación examinada.

Siglo XVIII. Fue sólo dentro del periodo 1749 – 1753 donde se observaron sequías de severidad comparable con las más severas del siglo XX, las cuales aunque afectaron, prácticamente a toda la España peninsular, mostraron una clara preferencia por su mitad septentrional sobre la mitad meridional. Así vemos como en 1752, mientras llegó a secarse el río Tormes, las riadas e inundaciones fueron, por el contrario, frecuentes en la cuenca del Guadalquivir.

 

Siglos XVII y XVI. Comprenden esencialmente la llamada Pequeña Edad Glacial, caracterizada, no solo por los intensos fríos invernales sino también por la acusada variabilidad climática en la que frecuentes y severas sequías, relativamente de corta duración y muy irregularmente repartidas en el tiempo y en el espacio alternaron con periodos de lluvias ocasionalmente torrenciales. En el XVI destacan por lo insólito las sequías; que afectaron a la España verde en los periodos 1572 -1578 y 1595 – 1598.

Siglo XV. Se caracteriza por haber sido posiblemente el siglo con menos sequías de todo el milenio. Tanto es así que durante la "Conquista de Granada" la guerra práctica y afortunadamente solo podía hacerse en verano, dada la frecuencia de los temporales, inundaciones y repentinas avenidas durante el semestre invernal.

Siglo XIV. Aunque no tan favorables como el XV, las sequías notables fueron poco frecuentes y afectaron sobre todo a la mitad norte de la Península de las que no se libró la España verde.

Siglos XIII y XII. Quedan dentro del periodo climático más favorable del milenio conocido como Episodio Cálido Bajomediaval, caracterizado por su suavidad y pluviosidad relativamente alta. Las sequías importantes quedaron prácticamente confinadas a la mitad norte. Las buenas condiciones de la mitad sur se refleja en la abundancia de pastos de invierno que favorecieron el desarrollo de la ganadería, la trashumancia, lo que condujo a la fundación de la "Mesta" en 1273 bajo el patrocinio de Alfonso X en Sabio.

Siglo XI. De este siglo de transición del adverso Episodio Frío Altomediaval al óptimo periodo Climático mencionado, carecemos prácticamente de noticias dado que la mitad sur de la Península estaba toda bajo dominio musulmán. No obstante, de haberse presentado alguna sequía de severidad comparable a la actual, sus consecuencias desastrosas en el Califato de Córdoba o en el Reino Taifa de Sevilla que le sucedió, habría sido de tal magnitud para dejar huellas perennes en las memorias de las gentes.

El hecho de que la sequía que ha venido sufriendo la mitad sur de la peninsula pueda ser la más importante de las que ha experimentado en este milenio no excluye, ni mucho menos, la posibilidad de que siglos pasados se haya sufrido otras no solo equiparables, sino incluso notablemente más severas, como así lo evidencia la escasa documentación disponible complementada para tiempos más antiguos con datos deducidos de fuentes indirectas tales como los análisis políticos reseñados en la prensa. Seguramente, las severas condiciones de la sequía actual fueron equiparadas o superadas por las que caracterizaron a algunas de las numerosas sequías habidas durante el Episodio Frío Altomedíeval; aparentemente, a mediados del siglo VIII, la sequía se mantuvo, aunque con intermitencias durante 30 años. No deja de ser significativo que la noticia meteorológica más antigua que  ha llegado a través del geógrafo romano Diodoro Sículo, se refiere a una terrible sequía del año 20 – 30 a.d. Cristo que despobló España.

Ante el carácter excepcional de la actual sequía, y de sus consecuencias adversas en el bienestar y prosperidad de las personas afectadas, no es de extrañar el alborozo con que las recientes, aunque tardías, lluvias otoñales de Levante y Andalucía, aunque a veces desastrosas hayan sido bien recibidas por la mayoría de la población, deseosa de ver en ellas el final de la pesadilla. Desgraciadamente, aun en el supuesto de que el actual año hidrológico resultase extraordinariamente lluvioso, sería ilusorio ver en el una prueba inequívoca del final de la sequía. Si nos fijamos en la gráfica, donde se muestra la variación del índice anual de pluviosidad correspondiente a los últimos 15 años hidrológicos, veremos que después de 9 años predominantemente secos aparece el año 1.989(90), ante cuya alta pluviosidad nadie podía haber pensado que lo peor estaba por venir. Lo que califica de seco, al conjunto de los tres últimos lustros es que de 15 años comprendidos, solo 3 pueden considerarse como lluviosos. La sequía que ha venido padeciendo la mitad sur de la España peninsular podrá darse como finalizada cuando le siga un periodo de análoga duración en que los años lluviosos superen con creces a los secos, lo cual es imposible de predecir.

A pesar de lo insólito de dicha sequía, no podemos tomarla como una evidencia de que estemos ante un “cambio climático” similar a los habidos en tiempos pretéritos, sino más bien como uno de los acontecimientos meteorológicos más extraordinarios entre los muchos realmente excepcionales que desde mediados de este siglo se vienen registrando en los más diversos lugares del planeta. Acontecimientos que conjuntamente con el calentamiento que a nivel global está experimentando la atmósfera – consecuencia del aumento en la concentración de gases de efecto invernadero, ocasionado por las actividades humanas – hace temer que estamos bajo los efectos de una grave “crisis climática", responsable de que, no hace mucho, pasase a un primer plano en los medios de comunicación el manido tema del cambio climático hasta que el estrepitoso fiasco de los Convenios sobre el Cambio Climático surgido de la Conferencia de Río de 1992, vergonzosamente reconocido en la Conferencia de Berlín  lo relegase al olvido, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que el problema de la incertidumbre climática haya dejado de existir. Esperemos que la Conferencia del Clima de hace dos años en Paris solucione algo, aunque siga habiendo gente conocida de Aznar a Trump, que son negacionistas del cambio de  clima provocado por el hombre.

La sequía en cuestión ha de servirnos de aldabonazo para que nos percatemos del alcance de la problemática climática peninsular, de la que debemos tomar plena conciencia para que, con conocimiento de causa, podamos enfrentarnos con las adversidades climáticas, que por muy extremadas que puedan llegar a ser, nunca han de permitir desfallecer en la lucha contra la desertización y en la ingente tarea de un mejor aprovechamiento de nuestros recursos hídricos.

Tanto las sequías como las inundaciones son resultado de una alteración en la dinámica atmosférica de la humedad. Algunos de los fenómenos que alteran el ciclo hidrológico y por tanto la humedad atmosférica son  las erupciones volcánicas, la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la actividad industrial. La naturaleza de ambos fenómenos, producto de esos factores, es sumamente compleja: mientras una parte del país sufre sequía, otra puede encontrarse inundada, simultáneamente.Les hemos llamado "acontecimientos metereológicos Un preaviso al cambio climático.

Habrá que ver si los negacionistas del clima, por culpa humana, lo reconocen

Considerando que la sequía y lasinundaciones son las manifestaciones más dramáticas del agua en la naturaleza,   esperemos que estos fenómenos aumenten en intensidad, severidad, extensión y duración, incrementándosela frecuencia de su ocurrencia, así como la vulnerabilidad y el impacto en las poblaciones afectadas.

Hay tres factores antropogénicos que inciden directamente en el recurso agua pues comprometen su equilibrio y gestión:

  • Crecimiento demográfico y urbanización
  • Incremento en la demanda de alimentos
  • Incremento de requerimientos de energía

Se prevé que la disponibilidad relativa y temporal de agua disminuya, así como la oportunidad del suministro. Al aumentar la población y la demanda de agua, las dificultades de su disponibilidad son factores potenciales de conflictos. En especial, es probable que la alteración del ciclo hidrológico haga que la distorsión de los patrones de lluvia tenga repercusiones negativas de diversa magnitud, con efectos desde moderados hasta catastróficos.

El fenómeno de la sequía es más severo, más intenso y con mayores impactos donde hay menos agua. La sequía se magnifica en la mayoría del territorio nacional, sobre todo en el norte donde se encuentran nuestros sistemas productivos, porque dos tercios de la península son áridos o semiáridos.Diversos estudios pronostican que para el 2025 sólo dos zonas, el Cantábrico y Galicia, tendrían la disponibilidad necesaria, las demás es probable que sufran de estres hídrico, desde moderado hasta muy grave.

Ante la sequía, como ante cualquier otro fenómeno meteorológico, es necesario adaptarsey el mejor camino para lograrlo es la prevención. Como no sabemos cuándo se va a presentar y cuál será su duración, sobre todo cuando ya ha pasado la temporada de lluvias y estas han sido insuficientes o escasas, es cuando verdaderamente comienzan los problemas serios.

Esto nos lleva a reflexionar acerca de nuestro grado de vulnerabilidad quevaría según la región, la demanda de agua, los cultivos y las tecnologías aplicadas; también en función de las modificaciones en los regímenes pluviales y de vientos, de la incidencia de fenómenos ciclónicos más intensos y de la mayor variación en las temperaturas; todo esto incide en aumentar la vulnerabilidad de los ecosistemas y comunidades humanas ante la ocurrencia del fenómeno.

De acuerdo con lamás reciente información relacionada con las condiciones climáticas futuras, se anticipan variaciones a la alza en las tasas de degradación del suelo: cambio de uso, deforestación, erosión, desertificación, salinización y pérdida de fertilidad, lo que puede conducir a mayores pérdidas por siniestros (superficies incendiadas, afectadas por sequías o inundaciones) y cambios en patrones de producción, principalmente por temperatura y disponibilidad del agua.

La única opción viable para superar esta situación, es que la sociedad y los ecosistemas deberán adaptarse a los futuros regímenes climáticosmediante una comprensión adecuada de los sistemas socioeconómicos y naturales, así como de su sensibilidad alavariabilidad climática y su capacidad inherente de adaptación, mediante una gestión inteligente y oportuna de los recursos.

Efectos del cambio climático sobre la agricultura

 

Algunos efectos del cambio climático que preven, en su mayoría están estrechamente relacionados con los periodos de lluvia:

  • Incremento en la vulnerabilidad y estres hídrico, sobre todo para la agricultura.
  • Las áreas más vulnerables son los bosques
  • Efectos positivos iniciales en algunas regiones (ganancia en suelos agrícolas) que se invierten posteriormente.
  • Pérdida en rendimientos de los cultivos (sin tomar en cuenta factores externos como el desarrollo tecnológico).

Sin embargo, debe tenerse presente que:

  • Cada ciclo y cada cultivo tienen diferentes sensibilidades de respuesta a la temperatura y a la humedad.
  • Aunque es posible compensar el aumento de temperatura con una mayor cantidad de agua, el procedimiento tiene límites y no es sustentable en el largo plazo, además de que se corre el riesgo de sobreexplotar los acuíferos o las diversas fuentes de agua.

El desequilibrio en la calidad y la cantidad del agua es el mayor reto al que se enfrenta la humanidad. Quienes toman las decisiones deben mejorar sustancialmente la gestión en el manejo del agua y actuar con estrategias preventivas para atender los fenómenos extremos.El acuerdo global alcanzado en la Cumbre del Clima, bautizado ya como el Acuerdo de París, supone un paso de gigante para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. La propuesta ha sido aceptada en el plenario por todas y cada una de las 196 partes presentes en las conversaciones.

¿Es un acuerdo ambicioso o se trata de un tratado descafeinado más? "Es una propuesta equilibrada y lo más ambiciosa que ha sido posible teniendo en cuenta la dificultad de satisfacer los puntos polémicos para cada delegación", asegura Teresa Ribera, directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) de París.

Por supuesto que se han perdido matices y aspectos que le daban robustez al acuerdo, pero, en líneas generales, el texto contiene todos los elementos necesarios para abordar de una forma ambiciosa y revisable en el futuro la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. El texto aprobado supone un marco legal en el que moverse y da una señal clara a la comunidad internacional y a los mercados sobre el mundo que viene en los próximos años.

Activa de forma clara el proceso de reducción de emisiones con una primera valoración de dónde estamos en 2019 y una primera revisión en 2020 atendiendo a "la mejor ciencia disponible"; pone en marcha instrumentos de financiación necesarios para el "desarrollo sostenible" del planeta y pondrá el esfuerzo en "erradicar la pobreza". Bajando a lo concreto, el texto hace referencia al fondo climático de 100.000 millones de dólares que los países desarrollados movilizarán a partir del año 2020 y detalla que éste deberá ser revisado al alza antes de 2025.

Pero también contiene aspectos que hacen el acuerdo más débil de lo que parecía en los anteriores borradores. Por ejemplo, la referencia a las aportaciones voluntarias de los países emergentes al fondo climático o la necesidad de alcanzar el pico de emisiones de cada país "lo antes posible". Además, el documento no habla ya de "neutralidad de carbono", como en el último borrador, y mucho menos de "descarbonización de la economía", una fuerte reivindicación de los grupos ecologistas y partidos verdes a la que se han opuesto frontalmente los países productores de petróleo, liderados por Arabia Saudí.

Estos puntos, entre otros, han sido interpretados por científicos y ONGs como un movimiento hacia la inconsistencia, ya que el texto marca un objetivo claro de retener el aumento de la temperatura global "bien por debajo de los 2ºC" y de realizar esfuerzos globales para tratar de acercar dicho aumento a 1.5ºC, pero no marca en modo alguno la senda para lograrlo.

"De cerrarse el acuerdo, el compromiso sellado en París supone un histórico punto de inflexión que sienta las bases del cambio de rumbo hacia las energías 100% limpias que el mundo quiere, y el planeta necesita", aseguraba Emma Ruby-Sachs, directora ejecutiva en funciones de Avaaz, al conocer el borrador que finalmente ha sido aprobado. Para el director de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo, este acuerdo "pone a la industria de los combustibles fósiles en el lado negativo de la historia".

"Cuando vinimos a París, el objetivo de limitar el aumento de temperatura a 2ºC ni siquiera estaba en el texto y hoy estamos hablando de que cita una voluntad de trabajar para avanzar hacia un límite de 1, 5ºC para 2100", ha asegurado en rueda de prensa celebrada en la cumbre la ministra de Medio Ambiente española, Isabel García Tejerina.

Para el sector empresarial, también es un buen acuerdo. "Para las empresas el texto es muy positivo porque da una señal muy clara a la inversión a largo plazo con un objetivo muy ambicioso de 2° y incluso bajando a 1, 5°", aseguran fuenes del Consejo Mundial de los Negocios para el Desarrollo Sostenible, que aúna a más de 150 empresas multinacionales.

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