Semilla de oración
Una mirada inquieta descubrió en una roca, a la orilla de un arroyo, una imagen divina. Sobre ella se erigiría más adelante una Iglesia y una leyenda que acompañaría las creencias y las acciones de su gente. Los habitantes de Barichara han sido cosechados bajo esa leyenda y eso se descubre en sus miradas humildes y nobles, en sus manos trabajadores y en sus palabras dulces. En 1702, un hombre, don Pedro Salgado, caminaba bajo el ardiente sol que cubre las montañas santandereanas y su mirada, agotada por el calor, se fijó en una luz sobre una gran piedra, en ella, cuando se acercó, vio una imagen de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Sobre ella, el hombre, como si alguna vez ya lo hubiera sentido, se arrodilló y juntó sus manos para adorar y venerar a esa imagen. Luego, ese hombre corrió gritando por todas las veredas que la virgen había tocado con su luz esta tierra y que de ella todos debían adorarle. Tan fuerte sería su voz que alrededor de ella se empezaron a construir chozas y casas. Esta romería de gente llegaba a rezar y con un sentimiento de nostalgia, en algunos días y en otros de felicidad, convertirían ese lugar en un asentamiento destinado meramente a la oración. Por tal motivo, el 15 de febrero de 1714 fue nombrado, ese pequeño poblado, Viceparroquia de Nuestra Señora de la Piedra y fue nombrado como sacerdote, para presidir la sagrada misa, al padre don Pedro Guzmán, que venía de San Gil. Con esa mirada inquieta, que se fijó en una roca junto a la ribera, comenzó la historia de Barichara. El terreno donde se apareció la virgen pertenecía a la señora María de Soto, la cual vendió sus predios para que allí se fundara una Iglesia, alrededor de la roca. Pero el párroco de San Gil no creyó en la historia de don Pedro Salgado y la piedra sería simplemente un lugar de adoración y de descanso permanente para sus adoradores y no un lugar sagrado para la Iglesia Católica. Para 1742 las personas seguían yendo hasta San Gil a rezar, debido a que el párroco no podía oficiar misas en ese poblado, por las dificultades del tiempo y el espacio, así que las intensiones de ser dependientes de San Gil y tener que ir hasta allá para estar presente en una misa no estaba como ideal en las mentes de los habitantes del pequeño corregimiento, así que gracias a Don Francisco Pradilla y Ayerbe, que donó y recaudó una gran cantidad de tierras y recursos como fin para fundar una villa, a la cual llamó de acuerdo con la lengua Chibcha, de los indígenas Guane que la llamaban Vari-Charis, que significa “Un lugar de descanso”. Pues no seria otro nombre tan apropiado como fue llamado en ese entonces. Nombre que representa espiritualmente el sentido del lugar y de lo que es: Un verdadero lugar de descanso. Así que fue en este año, 1742, cuando se fundó la villa de Barichara, pero con dependencia administrativa de San Gil, contaba en ese tiempo con la pequeña parroquia de Nuestra Señora de la Piedra. El sucesor de Don Francisco Pradilla y Ayerbe, Don José Martín Pradilla, fue el primer párroco del municipio. Él sería nombrado cura permanente de la parroquia el 30 de julio de 1750, cuando, por orden directa del arzobispo Don Pedro Felipe de Azua, se declaró como parroquia independiente de San Gil, llamándose así como Nuestra Señora de la Concepción de Barichara y San Lorenzo Mártir, con cura permanente. La independencia sería el más reconfortante agradecimiento que tendrían los primeros habitantes de Barichara, porque seguían siendo de San Gil, sin embargo, así como se lucharía por ella en el resto del país, no sería concedida sino hasta el año de 1800, el 13 de enero, luego de que todos los pobladores del pequeño poblado pidieran por ella al virrey Mendinueta. El Virrey les concedió el título de Villa independiente de San Gil, bajo el nombre de “Villa de San Lorenzo de Barichara”. Más adelante, con las batallas de la independencia y la guerra por los ideales de una nación independiente, el título de Villa pasó a ser parte de los recuerdos que se olvidan de la memoria colectiva. El tan esperado apelativo de Villa solo quedó en la memoria de los que se asentaron junto a la roca, porque en la memoria del país solo estuvo unos cuantos años. Pero, la luz que sorprendió la mirada inquieta de Don Pedro salgado hizo que el corazón de los baricharas fuera persistente y perseverante, así que el 7 de abril de 1821 fuera catalogada de nuevo como Villa independiente. La tranquilidad de su nombre sería el argumento más fuerte para que en 1975 recibiera el calificativo de Pueblito más lindo de Colombia. En ese mismo año, fue declarada Monumento Nacional, y en 1978 se ratificaría el 3 de agosto su título, mediante el decreto 1654, dado por la presidencia de la República.









