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José Javier González De La Paz
Publicada el 27-06-2011 14:53 0 3

La selva se muere: nosotros morimos

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Se nos ha olvidado que no somos más que animales y que necesitamos a la Madre Naturaleza para seguir vivos

Al igual que la desnaturalización de la democracia en la política y en la economía, la destrucción de los bosques que nos dan la vida es también culpa de los malditos mercados.

Cada dos segundos, un campo de fútbol

Comunidades milenarias de árboles gigantes, lianas, arbustos, helechos y otro sin fin de plantas son derribados día a día para dar paso a la agricultura y ganadería industriales y a las explotaciones mineras. Cada dos segundos desaparece una extensión de bosque virgen equivalente a un campo de fútbol. Y con los bosques se van también nuestros mejores aliados en la lucha contra el cambio climático.

Alrededor del 80% de los bosques vírgenes del planeta han sido ya destruidos, una cifra realmente espeluznante si consideramos que estas selvas son indispensables para que capten el CO2 y nos lo devuelvan en forman de oxígeno. Los bosques regulan el clima, moderan el calor y las heladas, las sequías y las tormentas, limpian el aire y el agua y evitan la erosión del suelo.

El valor, monetariamente hablando, de lo ya destruido, se puede cifrar alrededor de los 5 trillones de dólares. Pero eso no es lo importante, lo que no se puede cuantificar es el valor de los pueblos y comunidades humanas que dependen de los bosques, así como de los animales y plantas que viven en ellos.

Mercados implacables

Pero el afán de riqueza, de dinero, como si eso se pudiera comer, es implacable. En Canadá, las grandes compañías petroleras cada vez operan en regiones más remotas o a mayor profundidad, llegando ya a perforar en el mismo Ártico y en los bosques boreales, alterando la vida de los pueblos indígenas y amenazando la salud de toda la tierra.

Pero esta amenaza no se da sólo en Canadá. En la Amazonia se están destruyendo ingentes cantidades de bosque para dar cabida a enormes ranchos y plantaciones de donde sacar carne, soja y cuero baratos. Estas explotaciones están todas impulsadas por los países industrializados que buscan materias primas a bajo coste, entre otras cosas porque los indios autóctonos suelen ser obligados a trabajar casi como esclavos en estas tierras que les han robado.

También en África y Asia

El capitalismo y los mercados ensucian hasta las fuentes de la misma vida

En los demás continentes nos encontramos también con casos igualmente sangrantes.

La llamada Cuenca del Congo es la segunda selva tropical más grande del mundo, situada en el centro de África. En esta región viven millones de personas que viven del bosque o, directamente, en el bosque. La demanda de la rica y barata madera tropical para los muebles y decoraciones de los explotadores del mundo habrá conseguido que en el año 2050 la República Democrática del Congo haya perdido el 50% de su selva.

En Indonesia, lo que para nosotros es un ingrediente "fundamental" para nuestras industrias de alimentación y cosmética, para los habitantes de sus bosques es un auténtico drama. Desde el chocolate, hasta el jabón y la sopa, las estanterías de nuestros supermercados están llenas de productos que llevan aceite de palma. Pues bien, estas palmas se cultivan en cientos de miles hectáreas arrancadas al bosque tropical indonesio. Esta agresión al medio ambiente está amenazando el modo de vida de millones de indígenas que viven en la selva y está provocando la extinción de los orangutanes, que han visto reducido a la mitad su territorio en sólo cincuenta años.

Europa no se libra

Los bosques boreales de Rusia están desapareciendo rápidamente. Alrededor del 80% de su madera se destina a la fabricación de papel. Estas talas son legales y la falta de voluntad política hace muy difícil que dejen de serlo.

En Polonia, en su frontera con Bielorrusia, se da una situación parecida. Aquí, el bosque templado es el hogar de unas 25.000 especies vegetales y animales, incluidos los últimos bisontes europeos en estado salvaje. Sólo el 30% de este territorio está protegido, el resto está siendo ferozmente destruido por los empresarios madereros y agropecuarios con el permiso del gobierno.

Para más información y formas de colaboración visitar la página www.greenpeace.es

Foto: bosque boreal canadiense.

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Autor: José Javier González De La Paz (26 noticias)

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