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Construyendouna
Publicada el 12-01-2012 09:39 0 3

Segunda Paternidad

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imageQuiero mucho a mi marido pero desde que es padre cada día le quiero un poco más. Y es que si yo he cambiado con mi segunda maternidad, lo de él ha sido un verdadero vuelco. Empezando, sin duda, por el embarazo.

Que nosotras nos tiramos meses sintiendo al bebé y que nos sentimos madres desde el primer positivo, es cierto, pero que ellos no lo viven, en general, de la misma manera, también. Mi marido ponía la mano, le hacía relativa ilusión, me ayudaba con los preparativos, pero no se sentía padre. De hecho creo que lo hacía por hacerme feliz a mí. El día que fue padre de verdad, se le iluminó la cara. Recuerdo cómo se emocionó cuando vio salir a su primogénita.

Mi marido no había cogido a otros niños, jamás había cambiado un pañal a un bebé, no le llamaban la atención otros bebés, pero los suyos es muy diferente. De pronto se vio convertido en papá y le asaltaron tanto o más dudas que a mí, pero juntos fuimos afrontando el día a día de nuestra hija.

Me quedé embarazada cuando mi hija tenía 11 meses, todavía era más mía que de él, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, llegó el verano y mientras yo trabajaba, mi marido y mi Bichito se quedaron solos en casa. Y aquí fue cuando se empezaron a conocer de verdad. Cada día bajaban a la calle mientras mi Bichito aprendía a andar, compartían cada mañana juntos, la daba de comer y todo esto les unión mucho. El hecho de que con casi 5 meses de embarazo mi marido empezó a bañar a mi Bichito cada noche les unió todavía más y empezó a crear un vínculo entre ellos muy hermoso.

Yo no tuve que llevarle a mi marido la mano para que sintiera a nuestro Pequeñín, él era el que nos abrazaba por la noche cuando al final del día yo descansaba en el sofá, le encantaba notar sus patadas, le hablaba y nos daba muchos besos. Este embarazo era diferente para él, también él había cambiado, sabía el resultado y cómo se iba a sentir, la felicidad que el nacimiento de otro hijo le iba a suponer.

Cuando mi Pequeñín nació todo fue distinto y ha acompañado a su hijo en todas sus necesidades. Ha creado un vínculo con él desde el primer día, no se lo ha tenido que ganar como a mi Bichito.

Me siento orgullosa del hombre con el que me casé, sensible, cariñoso, amable, respetuoso con sus hijos, enamorado de la dulzura de su hija, enamorado de la sonrisa de su hijo, un gran hombre, un gran padre. Pasa horas jugando con su hija, dedicándole mucho de su tiempo, enseñándola a utilizar la esponja para bañarse, a comer, a vestirse, a contar, a pegar pegatinas, a pintar, a hacer figuritas con plastilina, a montar en el triciclo, en la moto, la cuenta cuentos... Ha dejado de dedicarle horas a sus hobbies para dedicárnoslo a nosotros. Y con su hijo tres cuartas de lo mismo, le baña, le cambia, le da de comer, juega con él, le acompaña a descubrir el mundo... Disfruta de ambos y les lleva al cole cada mañana.

Así que cada día que pasa estoy más enamorada de él. Jamás hubiera imaginado que se habría implicado tanto y tan bien en la crianza de sus hijos. Si alguna vez ha levantado la voz a su hija (y rara es la vez que lo hace), acto seguido la ha pedido perdón. Es un hombre admirable y trata a sus hijos con respeto, como se merecen.

Hoy me toca darle las gracias a él por construir esta familia a mi lado, por ser un gran padre. Ale, tus hijos estarán orgullosos de tenerte como papá, estoy segura. Te quiero mi amor.

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Sobre esta noticia

Autor: Construyendouna (207 noticias)

Fuente: suu-construyendounafamilia.blogspot.com

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Tipo: Reportaje

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