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Scarface. Día de San Valentín

03/05/2010 17:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"En nombre de la ciudad de Chicago, yo saludo vuestra hazaña..."

El aviador y el personaje que le da la bienvenida se abrazan. El que Chicago ha designado para acoger al prestigioso aviador, no es ni el alcalde, ni el gobernador, ni un senador: Es Al Capone (Scarface) ...

En 1927 Capone está en la cumbre de su gloria. Es el verdadero amo de Chicago, tiene la ciudad en sus manos, sus órdenes son ejecutadas sin rechistar. Es la autoridad suprema, que reina por el terror y por la corrupción. Scarface (Cara Cortada) se refiere cínicamente a los policías como a “los pájaros que están a su servicio”.

Su monopolio sobre el mundo del vicio llegó a ser absoluto. Poseía destilerías, almacenes, bares, restaurantes, hoteles, dancings, casas de citas, garitos de lujo... La prostitución, las apuestas, cualquier tipo de tráfico ilegal, constituía para el un coto privado.

Dicen que es amigo de Caruso, de Charlie Chaplin, de Mae West y de Sinclair Lewis. Habita en una hermosa mansión de dos pisos, construida de ladrillo, en el barrio residencial del sur de Chicago: 7.244 Prairie Avenue. Vive en familia, en compañía de Mae (su mujer), su hijo, su madre, su hermana Mafalda y dos de sus hermanos, Capone es un amable vecino que todos aprecián.

La personalidad de Capone es aparentemente la de un buen hombre. Sin embargo no hay que olvidar, que es el responsable directo de 400 asesinatos, y que sus fuerzas son el vicio, la corrupción y el fraude: “Mi método era el siguiente: corromper el mayor número posible de tipos importantes. Después los ponía bajo la ducha fría, haciéndoles comprender que ya era demasiado tarde para volverse atrás”.

Le apodaban Cara Cortada (Scarface), a causa de la cicatriz que afeaba su mejilla izquierda. Los orígenes de la cicatriz, unos dicen que fue el resultado de una pelea con un granuja de Nueva York, Frank Gallucio, a cuya hermana perseguía Capone. Otros afirman que en una noche de juerga el propio Capone se dio un corte en la mejilla.

14 de febrero de 1929:

Aquel día, fue extremadamente frío. Caía una fuerte nevada. En el interior del garaje de North Clark Street, El Garaje Cartago, siete hombres aguardan a alguien. Se soplan los dedos entumecidos para calentarlos. Desde el exterior se escucha el ruido de alguien que se acerca.

Es un amable vecino que todos aprecian

“¡Vaya! Por fin llega Bubs...”

La gran puerta metálica se desliza chirriando. Pero no era Bugs Moran: “¡Maldita sea! La poli...

Son cinco: Tres de uniforme y tras ellos dos agentes de paisano. Su coche, un gran Packard negro está parado en la calle.

“Policía federal. Verificación de identidad...Vuélvanse contra la pared las manos arriba”

Los truhanes, poniendo al mal tiempo buena cara, obedecen y se dejan desarmar. Hay que pasar el mal trago. En el peor de los casos, un par de horas en la comisaría... Y después, el abogado, la fianza, y nuevamente en libertad. De repente, los tres policías de uniforme retroceden unos pasos y descubren los cañones de dos metralletas.

Con método y sangre fría los asesinos rocían de balas a los desdichados, puestos en fila de cara a la pared. Una pasada de izquierda a derecha y otra de derecha a izquierda. Inmediatamente se retiran. Los vestidos de paisano delante, con las manos en alto. Los otros, siguiéndoles pistola en mano. Como si acabaran de proceder a una detención.

Todo el barrio creyó en una simple redada policial. Lo mismo le pasó a Bugs Moran y dos de sus acólitos que, llegados con retraso, presenciaron de lejos la salida. En el acto se eclipsaron sin hacer preguntas. El ruido de las ráfagas de ametralladora quedó ahogado por el roncar de los camiones. Entre el vecindario nadie se extrañó. Cierto McAllister, más curioso, asomó la nariz en el garaje y salió de estampida:

“Allí dentro... está lleno de muertos...” Sus gritos pusieron en conmoción a todas las comadres del barrio.

Muertos estaban cinco gánsters y un pobre diablo de mirón, que se había metido en lo que nada le importaba. Dos de los agresores, McGurn y Scalise fueron detenidos. No permanecieron mucho tiempo en la cárcel. En el mes de diciembre eran puestos en libertad, perfectamente blanqueados por un categórico “no hay lugar”. Sin embargo no era un secreto, el instigador de la conocida como, -la matanza de San Valentín- había sido Al Capone.


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Abesedo (68 noticias)
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