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Los saqueadores de la arqueología mexicana con la colaboración de los narcos y la desidia de las autoridades

28/01/2011 19:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Para la gente de la UNESCO el robo de los tesoros culturales mexicanos está vinculado al tráfico de drogas y de armas e involucra tantas personas que es un jeroglífico

En México, si se le pega una patada a una piedra aparece una pirámide. O casi. Pero su inagotable riqueza arqueológica tiene un lado oculto: haber convertido al país en terreno abonado para el saqueo de bienes culturales, al amparo de la corrupción y, en muchas ocasiones, del abandono y la indolencia de las administraciones.

Al penetrar en la tumbas indígenas mexicanas lo primero que se ve son esos “monitos” que resguardan huesos sin olor. Aunque el saqueo en los años 50 era por el dinero, por la necesidad de alimentar a sus familias numerosas de estas tierras, siempre lo fue para sobrevivir, no por saquear en sí. No había ni trabajo de jornalero ni tan siquiera en California o Arizona, tras la guerra.

En cambio era una buena época de los descubrimientos arqueológicos en México, para los que los hacíamos. Por una pieza, le daban mil pesos. No se regalaba nada; todas tenían su precio y los clientes, que iban a buscarlas a domicilio, en Sinaloa, Tijuana, Santa Rosalía o a Magdalena, en Jalisco y hasta Guadalajara.

“Hoy pagan por esas mismas piezas 50.000 o 100.000 pesos. Había de muchas, clases, estaban los guerreros, muy grandes; que tenían como lanzas que valían mucho más, pero el buscador recibía el dinero por pieza. El coleccionista o el intermediario entre éste y el vendedor, la revendía al triple. Los que hacían el gran negocio eran los que iban a domicilio a por ellas.

Para cuando llegaron los primeros arqueólogos a la región, se podían encontrar desde vasijas de barro pintadas y puntas de flecha de obsidiana, hasta figuras de indígenas de más de medio metro. “Había muchos túneles con monos”-dicen con nostalgia, quienes empezaban a vivir de la arqueología, antes del auge del saqueo de las “tumbas de tiro” (túnel de cuatro a seis metros que conduce a dos cámaras labradas bajo tierra; son parte de la “tradición Teuchitlán”, que data de 300 a 400 años d.C.).

Los que empezaron por sobrevivir tienen ahora 80 o más años y prefirieron dejar la actividad a los jóvenes; todavía acompañan a algún grupo, pero la experiencia ya no es como antes, como cuando sacaban de hasta treinta piezas por excavación.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) no ha dado gran detalle oficial sobre estos temas, como debía. Confunde una época con otra. Es la globalización. Pero los especialistas nacionales e internacionales que se han informado a fondo coinciden en que México es uno de los países con mayor saqueo de bienes culturales y en particular de sitios arqueológicos y especialmente su región occidental una de las más afectadas por ello en América Latina.

De los 42.991 sitios arqueológicos registrados por el INAH hasta junio de este año, se considera que el 40% de ellos han sufrido saqueos, según Blanca Paredes, investigadora de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas, quien comparte estadísticas personales a falta de cifras oficiales. Con base en el seguimiento de noticias y casos denunciados, la arqueóloga calcula que se presentan de 20 a 30 destrucciones de sitios por día.

Entre todos los sitios registrados como lugares de vestigios prehispánicos, sólo 176 en 19 estados de la república son considerados “zonas arqueológicas” abiertas al público.

Para el director de la División de Objetos Culturales y de Patrimonio Inmaterial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Edouard Planche, la situación de alto saqueo en México sólo se compara con países en conflictos bélicos como Irak, Camboya, Afganistán y Colombia, o con Guatemala.

La arqueóloga de la Universidad Estatal de Nueva York, Elizabeth Stone, que ha estudiado el saqueo en Irak, compara el peligro de robo de los bienes culturales mexicanos con lo que ocurrió en aquel país en guerra; además, se lamenta: “El saqueo es un problema de los países pobres, que son los que tienen mayor riqueza arqueológica. La gente rica en Occidente compra y no le importa de dónde vienen las piezas; nadie piensa que es ilegal, detienen a muy pocos sospechosos, hay la complicidad de académicos en algunas ocasiones, que van con donadores ricos en lugar de llevar la pieza al museo”.

En los pueblos de la región occidente del país se sale a los campos no sólo a sembrar, sino a buscar monitos, es decir, figuras antropomorfas de hasta 2.000 años de antigüedad que los habitantes de la zona excavan a solicitud de intermediarios que a su vez las llevan a coleccionistas de México y el extranjero.

Antes y después de la Ley sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas de 1972 (que, entre otras cosas, prohíbe el saqueo, posesión sin permiso, comercialización y tráfico de piezas arqueológicas por considerarse patrimonio nacional), las figuras arqueológicas que los campesinos sacan o extraen de sus tierras y venden a 500, 3.000 o hasta 50.000 pesos ilustran después a todo color en catálogos de galerías o museos pequeños o mayores o en páginas de Internet de países donde comercializar bienes muebles arqueológicos no es un delito federal o contrabando internacional.

Si un europeo compra en su país una pieza prehispánica y el gobierno mexicano quiere reclamarla, éste puede argumentar que la compró “de buena fe” sin conocer su procedencia ilegal. Será una mentira en el 90% de los casos, pero la verdad es indemostrable.

“Existe una falta de claridad en la propiedad estatal, en el vínculo que une al Estado con su patrimonio arqueológico”, considera el abogado Jorge Sánchez Cordera, integrante del comité de expertos de la Convención de Tráfico Ilícito de Bienes Culturales de la UNESCO.

El catálogo en línea de piezas precolombinas de la casa de subastas Sotheby’s, con sedes en Londres y Nueva York, muestra una “mujer de Jalisco sentada” que se vendió en 3.738 dólares, y un “jorobado de Jalisco agachado” en 2.875 dólares, ambas originarias de la región occidental mexicana y vendidas junto con lotes de los estados de Veracruz, Colima, y las regiones maya y olmeca, con precios de hasta 600.000 dólares por pieza.

La galería parisina Binoche Renaud Giquello —que ya tuvo una denuncia del gobierno mexicano por una subasta de piezas producto de excavaciones clandestinas realizadas un 14 de julio— exhibe en su página web una pieza de “actualidad”: una máscara funeraria teotihuacana en piedra verde a 125.000 euros. Aunque de dudosa autenticidad, también es fácil observar ofertas de objetos prehispánicos a la venta en portales de Internet como eBay o Mercado Libre, entre otros varios.

“No hay trato especial para Internet, aplicamos la ley con las figuras delictivas que puedan aplicarse... Mucha de esta comercialización se realiza desde portales del extranjero y resulta muy compleja; son muchas cuestiones técnicas que no están reguladas en México ni en otros países”, explica René Salazar Montes, Ministerio Público y Director de la Unidad Especializada en la Investigación de Delitos contra el Ambiente y Previstos en Leyes de la PGR.

Tan ilícito como el narcotráfico letal

El problema es también de desconocimiento. Si no se sabe qué se tiene, tampoco se puede saber qué se saquea o se comercializa ilegalmente. Para la arqueóloga Blanca Paredes, no basta con declarar zona arqueológica un lugar si se quiere proteger de saqueo, sino hacer inventarios de lo que se posee en cada sitio.

“Todo el país es una zona arqueológica... la institución (INAH) no da a basto. Se habla de que el saqueo ocupa entre el tercer y cuarto lugar en delitos en el mundo, después del tráfico de drogas. Mucha gente lo relaciona con quienes se dedican al narco, porque se toma como otro elemento de poder el vender estos objetos, de obtener ganancias, pero también cierto prestigio. Estas redes son más fuertes y sólidas de lo que podemos suponer, pero como institución no nos hemos abocado sobre un control o una base de datos de lo que está pasando a nivel de denuncias”, opina Paredes.

Esa base de datos de denuncias tampoco está en la Procuraduría General de la República (PGR). Según René Salazar, no hay denuncias por saqueo y las denuncias por robo de piezas se realizan en cada delegación o municipio. No se tiene a nivel federal una lista.

La PGR descarta el vínculo del tráfico ilícito de bienes culturales con el narcotráfico, incluso la existencia misma de “redes” de saqueadores y comerciantes de piezas arqueológicas, pero tampoco han descubierto cómo operan exactamente saqueadores y comerciantes, dice René Salazar Montes.

“Si tuviéramos identificadas bien las formas, tendríamos ya mejores resultados. Lo que nosotros creemos es que se sacan por aduanas, por carretera o por avión, pero haciéndolas pasar por artesanías... Si la droga la sacan en grandes cantidades, pues a veces figuras pequeñas pueden salir ocultas bajo cualquier cobertura”, complementa Salazar.

Para Edouard Planche, de la UNESCO, “el tráfico de objetos culturales está estrechamente vinculado al tráfico de drogas y armas, e involucra el mismo tipo de personas y es difícil cuantificar su amplitud y cuánto dinero genera”.

Un reportaje del New York Times sobre el tema

Este delito no es nuevo, por más de una década se ha documentado en la prensa el tráfico ilícito de piezas arqueológicas. A mediados de los 90, el New York Times publicó un reportaje del periodista William H. Honan, donde da a conocer el testimonio del traficante Val Edwards, quien confesó que las piezas precolombinas que llevaba a Estados Unidos por avión pasaban como artesanías y estuvieron en el catálogo de Sotheby’s para una subasta hace años. O casos como el de Leonardo Patterson, quien antes de ser denunciado llegó a exhibir piezas en Europa que él mismo había sacado de México.

Este año la PGR recuperó 252 piezas arqueológicas, aunque 84 eran falsas. No se conoce el total de piezas traficadas que siguen sin recuperarse ni se pueden ofrecer estadísticas de los casos resueltos o en proceso. Cada caso puede tardar de meses a años de investigación, explica el ministerio público René Salazar.

Una de las formas en que una pieza puede buscarse internacionalmente es a través de la ficha llamada “Object ID”, que exige la imagen del objeto extraviado, explica Paredes; si no se tienen datos mínimos como ése, poco se puede hacer para recuperar el patrimonio.

En opinión del arqueólogo Phil Weigand, quien estudia asentamientos prehispánicos en la región de Jalisco desde hace 10 años, los saqueadores y traficantes han sido beneficiados por un sistema de gobierno que concentra todo el poder en la capital del país.

Aunque Planche considera que el gobierno mexicano ha sido muy activo al tomar medidas para prevenir el saqueo, para él los problemas más importantes del país que sufre este problema son la necesidad de un entrenamiento legal y un marco normativo nacional adaptado a los tratados internacionales (como los realizados en 1979 y 1995), además de buscar la sensibilización de la población local y los turistas sobre la necesidad de proteger el patrimonio cultural como un recurso no renovable.

Como una forma de advertir sobre el riesgo en que están ciertas piezas, el Consejo Internacional de los Museos (ICOM), publicó en mayo de este año la Lista roja de bienes culturales en peligro de Centroamérica y México. En ésta se enumeran como objetos en peligro de ser susceptibles de tráfico ilícito las estelas mayas, máscaras teotihuacanas, figurillas olmecas, colgantes y placas mayas, además de piezas de arte colonial.

La encargada de proyectos Listas rojas del ICOM, Marine Mayer, advierte que la acción principal para solucionar el saqueo y tráfico arqueológico es educar a la población, desde la infancia. Además, el gobierno federal debe capacitar a los profesionales de la cultura, así como funcionarios, policía, aduana e incluso correo, ya que este medio es empleado por los traficantes de piezas.

Sólo un escritor Eduardo Báez ha tratado en una trilogía los saqueos de Irak, México y Guatemala. Pero ha sufrido persecución y presiones. Ahora está "exiliado" en Caracas

Durante sus investigaciones en Irak, Elizabeth Stone consideró que lo más importante es atacar la corrupción en cadena: “Hay que pensar en lo ilegal de esto como pensamos en todo lo demás que es ilegal, como las drogas”.

El País más saqueado México

En México cuatro de cada cinco obras robadas nunca son recuperadas, el 80% de los asentamientos de la península de Yucatán han sido saqueados, además 10.485 sitios arqueológicos, de los más de 35.000 con que cuenta el país, son explorados antes por saqueadores que por el INAH.

Ante este panorama es probable que en los próximos años, México haya perdido la mitad de sus bienes culturales. Así lo vislumbra el investigador Fernando Báez, autor de “El Saqueo Cultural de América Latina. De la Conquista a la Globalización”, editado por Random House Mondadori, bajo el sello Debate.

"México es el punto crítico. Lanzo una alerta acerca de las condiciones en que se encuentra el patrimonio cultural mexicano, a merced de bandas “arqueológicas”, que trabajan para los grandes museos europeos y norteamericanos o coleccionistas privados”.

Sus complicidades políticas a veces conocidas o bajo sospecha deberían caer bajo el peso de la ley…¿qué ley? O ¿qué justicia?. Así como la de los altos funcionarios comprometidos siempre. Pero en toda América Latina son los que mandan o sea las Fuerzas Armadas, las policías, los políticos mexicanos", asegura Báez, quien toma el auricular desde su oficina en la dirección de la Biblioteca Nacional de Venezuela, que ocupa desde hace unos meses.

A algunos el autor les manifestó su deseo de que esto se convirtiera en denuncia para una investigación judicial, pero nadie se ha dado por aludido ni se han tomado medidas en México.

El autor no da nombres, por razones de seguridad y para no comprometer a la editorial. Por otro lado, no quería alertar a los implicados y sí a los gobiernos para que iniciaran las debidas actuaciones judiciales.

Este libro viene a completar la trilogía de la memoria, integrada también por “Historia Mundial de la Destrucción de Libros” y “La Destrucción Cultural de Irak”.

La obra implicó para su autor muchos más peligros que a la hora de investigar lo que ha sucedido en Irak. En muchas zonas de Perú o México existen mafias que le intimidaron durante la investigación y recopilación de datos y contactos con eventuales testigos, ha declarado también el escritor.

"Me amenazaron varias veces, sobre todo coleccionistas preocupados por el hecho de que el libro pueda remover muchas conciencias. Publicamos las rutas de saqueo en Perú y eso les debió alterar el negocio, porque muchas veces ellos les alquilan las rutas a los narcotraficantes."

Báez dice que el tráfico ilícito de bienes culturales en América Latina es un gran negocio, es el tercer delito más rentable en la región.

"El tráfico de bienes culturales se ha ligado con el narcotráfico. Es una forma de lavado (de dinero) muy directa. Les permite tener una forma de interacción con grupos interesados en Europa. Los traficantes de droga se han vuelto muy versátiles."

El saqueo de sitios arqueológicos y de arte sacro se hace por listas, lo que facilita su ubicación. Otro factor decisivo es la participación de intermediarios y la baja seguridad que hay tanto en sitios como en templos y museos. El resultado: la pérdida de prácticamente el 60% del patrimonio prehispánico y colonial.

"Estoy decepcionado por el poco esfuerzo que hacen nuestros gobiernos para proteger nuestra memoria. Las comunidades deben organizarse y entender que esto es un problema de seguridad nacional."

Báez concluye que otros de los enemigos del patrimonio son los efectos del cambio climático y el llamado turismo cultural, que se lleva fragmentos de piezas o edificios como souvenirs.

"Hay que agregar los asentamientos arqueológicos submarinos, que no están siendo atendidos por ningún gobierno de América Latina y que son víctimas de un descarado expolio por parte de compañías norteamericanas, muy activas en busca del vulgar oro."

La Convención de abril de 2010 celebrada en México unió a los países expoliados del Tercer Mundo

Los países del mundo (aunque no todos) se unieron en abril de 2009 en El Cairo para tratar de recuperar lo robado por saqueadores y narcos llegando a algunas conclusiones interesantes pero sin duda poco eficaces.

Los países que se pusieron de acuerdo para reclamar, eran veinte y la reunión se celebraba en Egipto porque es ese país el que más ha sufrido de esta plaga.

El patrimonio cultural pertenece al país de origen y su propiedad no se extingue, dijo el presidente del Consejo egipcio de Asuntos Exteriores, Abdel Raouf El Reedy, en la rueda de prensa con la que finalizó el I Congreso internacional para la protección y recuperación del patrimonio cultural.

En el encuentro han participado, entre otros países, España, Perú, Guatemala, Bolivia, Ecuador, México, Colombia, Chile y Honduras.

El documento final señala que los países con un rico patrimonio arqueológico se enfrentan a "problemas internos" (como lo tiene el país que acogió el congreso de El Cairo, cuya solución requiere de una mayor protección de sus bienes, y "problemas externos", como la incapacidad de la actual legislación internacional de salvaguardar sus legados.

En la cuestión interna, la principal conclusión es que se necesita desarrollar estándares internacionales para la protección de los monumentos, así como mejorar la formación del personal encargado de verla por su preservación.

Para hacer frente a la repatriación de los bienes robados, el documento insta a estrechar la cooperación internacional y a mejorar la legislación.

"Ahora no estamos solos. Por primera vez estamos juntos y lucharemos juntos", declaró el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Zahi Hawas, a modo de resumen del clima general entre las delegaciones participantes.

Rodeado de periodistas, Hawas celebró esa unidad, que permitirá "hacer presión" sobre los museos que mantienen en sus vitrinas algunas de las piezas reclamadas por los países participantes.

"Este congreso era un sueño que nunca creí que podría convertirse en realidad", confesó Hawas, que anunció además la celebración de una segunda edición del encuentro "quizás" en Grecia en abril del próximo año y a la que asistirán más de 60 países.

"Y si quieren, están invitados Reino Unido, Francia o Alemania", agregó Hawas, en referencia al contencioso que enfrenta a algunos de los países con museos de estas naciones europeas.

El encuentro concluyó además con la publicación de la lista de objetos que siete de los países participantes reclaman a distintas naciones e instituciones internacionales.

Perú pide la vuelta de la colección de objetos de la ciudadela inca de Machu Picchu, que fue prestada a la Universidad de Yale (EU) hace 90 años, y más de cien textiles y cerámicas de la cultura preinca de Paracas, expuestos en Gotemburgo (Suecia).

En este último caso, la embajadora de Perú en Egipto, Liliana Chino, explicó que los textiles y las cerámicas fueron sacados del país "sabiendo que era ilegal" e, incluso, protagonizaron una exposición en Suecia "en la que se explicaba que se trataban de piezas robadas de tumbas".

"Es parte de nuestro pasado, nuestra identidad y nuestro futuro", apostilló Chino, quien subrayó la necesidad de actualizar la convención de la UNESCO de 1970 sobre comercio ilícito de bienes culturales, que ha quedado ya muy desfasada.

Por su parte, Guatemala pide la vuelta de la máscara de Jade de río Azul, en manos de un coleccionista privado en Suiza; unos dinteles de madera de chicozapote expuestos en el museo de Basilea (Suiza) y dos estelas de los asentamientos mayas de El Perú y Piedras Negras respectivamente.

El viceministro de Cultura y Deportes de Guatemala, Héctor Escobedo, consideró que "unidos hay muchas más posibilidades de ser escuchados".

"Compartimos problemas como el saqueo de los sitios arqueológicos, la exportación ilegal de nuestro patrimonio, las limitaciones para la reclamación según las legislación internacional y la aplicación de leyes locales cuando reclamamos nuestro patrimonio". agregó Escobedo.

Entre los tesoros arqueológicos en litigio, Grecia pide la vuelta de los mármoles del Partenón, que se exhiben en el Museo Británico; las exigencias de Egipto incluyen el busto de Nefertiti, expuesto en Berlín, las estatuas de los arquitectos de las pirámides de Keops y Kefrén, que se expone en el Museo del Louvre y el busto de Ramses II, actualmente en Turín (Italia). Al Museo Británico de Londres Nigeria le reclama además la máscara de la reina Idia y Libia y otras joyas artísticas, mientras que al museo del Louvre de París se le exige la devolución de diversas antigüedades.

Aunque la UNESCO se preocupa con el Consejo Internacional de Museos e Interpol etc… los internautas compran y venden por Internet lo que les da la gana

Esas entidades mencionadas en el título están conscientes de las dificultades con que tropiezan las autoridades nacionales para controlar los tráficos de este tipo, las tres organizaciones han elaborado conjuntamente una lista de Medidas básicas relativas a los bienes culturales que se ponen a la venta en Internet, que se presenta en una carta común enviada a todos los Estados Miembros, Observadores Permanentes, Delegaciones Permanentes, Comisiones Nacionales y Comités Nacionales de las tres organizaciones cosignatarias.

La lista, que ha sido traducida al árabe, chino, español, francés, inglés y ruso, enumera las precauciones elementales que se han de tomar para poner coto al aumento de las ventas ilícitas de objetos culturales en Internet. Entre otras medidas, se preconiza la publicación de un aviso en el que se inste a los posibles compradores a mostrarse vigilantes y comprobar la licitud de la procedencia de los objetos, pidiendo por ejemplo que se les notifiquen los correspondientes certificados de exportación y se les proporcionen garantías suficientes acerca de la legítima propiedad de los bienes en venta. También se invita a los eventuales compradores a que consulten la base de datos de la OIPC-Interpol sobre obras de arte robadas. Además, se pide a las plataformas de venta por Internet que cooperen con las autoridades judiciales y policiales, tanto nacionales como extranjeras, y con las organizaciones cosignatarias. Por último, en caso de que se compruebe la existencia de actividades delictivas, la lista recomienda la adopción de otras medidas, como la realización de investigaciones e incautaciones, o la imposición de sanciones y de la obligación de efectuar las devoluciones que procedan.

Todas esas recomendaciones están plenamente en consonancia con la Convención de la UNESCO sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales. Al adoptar en 1970 este instrumento jurídico que prevé medidas concretas de protección, en particular contra los robos y saqueos, los Estados Miembros de la UNESCO recordaron que, al igual que los sitios y monumentos culturales, las obras de arte constituyen fuentes de conocimiento de la civilización humana y contribuyen a la creación de la identidad de los pueblos. También reiteraron que el tráfico ilícito de bienes culturales representa un grave atentado contra el patrimonio cultural de la humanidad, que en muchas ocasiones es irreparable.


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