Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Jose A. Delgado escriba una noticia?

Samarcanda y las mil leyendas

01/07/2009 16:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Samarcanda, la ciudad turquesa que deslumbró a Marco Polo

<a href="http://www.flickr.com/photos/20244534@N00/3539430863/" mce_href="http://www.flickr.com/photos/20244534@N00/3539430863/" target="_blank">Gusjer</a> via Flickr

Samarcanda, la ciudad turquesa que deslumbró a Marco Polo, es una de las urbes continuamente habitadas más antiguas del mundo. Eje crucial en la Ruta de la Seda, las huellas de las caravanas se borraron hace tiempo, pero aún conserva esa atmósfera que incita a soñar.

Gerardo Olivares

¿Existe algún nombre tan evocador como el de Samarcanda? Yo pienso que no. De hecho, desde que lo descubrí por primera vez en el atlas de National Geographic que me regaló mi padre hace más de treinta años, se convirtió en una especie de obsesión conocer esta ciudad situada en el corazón de Asia Central y que una vez fue el ombligo de un vasto imperio. Y este sueño se hizo realidad veinte años más tarde, cuando dirigí la serie de televisión La Ruta de Samarcanda.

Circulamos por una carretera rodeada de campos de algodón, a través de lo que se conocía como La Estepa del Hambre en los tiempos de Stalin. Unos cuarenta kilómetros antes de llegar a Samarcanda, un control policial nos obliga a detenernos a un lado de la carretera. El jefe del operativo, vestido aún con el uniforme de la antigua Unión Soviética, se acerca al camión y me pide el pasaporte. Mientras lo ojea buscando nuestro visado de entrada al país, me pregunta mi nacionalidad. Español, le digo. Al policía se le dibuja una amplia sonrisa, se guarda mi pasaporte y nos pide que le sigamos.

Siempre fue una obsesión conocer esta ciudad del corazón de Asia Central que fue el ombligo de un vasto imperio

Unos kilómetros más adelante nos detenemos en una pequeña población frente a un destartalado edificio oficial. El hombre nos invita a entrar en una amplia sala y de un armario saca varias botellas de vodka y unos cuantos vasos que llena y reparte entre los miembros de mi equipo. Alzando su vaso brinda en uzbeco y de un trago se bebe el vodka. Nosotros también hacemos lo propio sin entender muy bien qué está pasando. ¿Pero por qué brindamos? Le pregunto. Él me contesta que por Clavijo y nos vuelve a rellenar los vasos. Alzando su vaso en un segundo brindis nos dice: «Yo nací en un barrio de Samarcanda que se llama Madrid». Y de nuevo se vuelve a beber todo su contenido de golpe. Son las diez de la mañana.

El barrio con el nombre de Madrid tiene su origen en Ruy González de Clavijo, un escritor y viajero madrileño tan desconocido como apasionante. Cuando, a finales del siglo XIV, la cristiandad se ve sacudida por la presión turca, reina en Castilla Enrique III. El rey castellano quiere estrechar lazos de amistad con un poderoso e inesperado aliado, Timur Lang, el señor de Samarcanda, quien había conseguido anular los ejércitos turcos en la batalla de Angora. Enrique III encomienda a Ruy González de Clavijo la peligrosa embajada de viajar hasta Samarcanda para entregar unas cartas y obsequios al Gran Tamerlán, uno de los conquistadores más grandes y crueles de la historia. Los embajadores inician su viaje en 1403, embarcando en el Puerto de Santa María, y un año y siete meses más tarde llegan a Samarcanda, pero la enfermedad y la muerte de Tamerlán dejan a Clavijo sin la prometida respuesta. La embajada no se ha consumado, sólo queda el relato de la aventura, en lo que se considera el primer libro de viajes de la literatura castellana.

Un gran viaje

Esplendor pasado

Seiscientos años más tarde de que lo hiciera Clavijo, entramos en Samarcanda bastante perjudicados por el vodka. Lo hacemos a través de una amplia avenida flanqueada por sombríos edificios de la era soviética. La ciudad parece triste y desvencijada hasta que se alcanza el Registán, una de las plazas más hermosas del mundo y símbolo de una ciudad que durante dos mil años fue la más importante de la Ruta de la Seda.

Aun hoy uno puede sentir la atmósfera de lo que debió de ser esta ciudad en los tiempos de la Ruta de la Seda.

Su periodo de mayor esplendor se vivió bajo el reinado del temido Tamerlán, quien la inundó de eruditos y artesanos convirtiéndola en la capital de su inmenso imperio y en uno de los centros del saber más importantes del mundo musulmán. Sus mercados y bazares estaban atestados de los gremios y las mercancías llegadas desde todos los rincones del imperio. Aún hoy, paseando por las calles y por los multicolores bazares del viejo Samarcanda, uno puede sentir la atmósfera de lo que debió de ser esta ciudad en los tiempos de la Ruta de la Seda.

No demasiado lejos de la plaza del Registán se encuentra Shah-i-Zinda, un magnífico complejo de mausoleos construidos entre los siglos XIV y XV por artesanos de la antigua Persia y Azerbaiyán. Aquí se encuentran enterradas las hermanas y una sobrina de Tamerlán, y también Qusam ibn Abbas, primo del profeta Mahoma y de quién se dice que trajo el islam a esta parte del mundo en el siglo VII. Esto lo ha convertido en uno de los lugares de peregrinación más importantes para los musulmanes: tres peregrinaciones a Shah-i-Zinda equivalen a una peregrinación a la Meca.

El otro mausoleo de obligada visita es Guri Amir, donde está enterrado Tamerlán junto a dos de sus hijos y varios nietos. Si el exterior del edificio es austero, coronado por una cúpula de color turquesa, su interior es de una belleza abrumadora, ejemplo del glorioso esplendor que un día vivió la ciudad de las mil leyendas.


Sobre esta noticia

Autor:
Jose A. Delgado (98 noticias)
Visitas:
9545
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.