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Salta, Argentina: Rústica y refinada

17/09/2009 09:54 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

El norte argentino está en fuerte alza turística, especialmente los Valles Calchaquíes

Cuesta del Obispo, Salta (Foto: Carolina Reymúndez) Primero, permanecieron olvidados en el norte de Argentina durante mucho tiempo. Un buen día, pasaron de boca en boca, como dato cool entre los viajeros que se dedican a explorar, después aparecieron en guías y revistas extranjeras como un secreto bien guardado, entonces llegó el turismo europeo. Hoy, los Valles Calchaquíes, en la provincia de Salta, son terreno de inversiones extranjeras y millonarias, como Estancias de Cafayate, un proyecto inmobiliario con casas, viñedos, centro ecuestre y golf; el hotel Luxury Collection, de Sheraton, o la bodega Colomé, del suizo Donald Hess, más allá de Molinos.

Las cosas han cambiado, sí. Hay restaurantes que tienen sus menús en inglés, hoteles boutique con piscinas climatizadas y spas con tratamientos de vinoterapia, artesanías for export y los viñedos más altos del mundo, cerca de Cachi, a 3.100 metros. Las cosas han cambiado, sí. Se rescataron antiguas recetas de los incas, se habla de la cocina de altura y se inauguró en Colomé un museo dedicado al artista norteamericano James Turrell, que trabaja con la luz y el espacio, y desafía la percepción del espectador.

A pesar de la reconversión turística y la elegancia boutique, los Valles Calchaquíes conservan cierta rusticidad de los viejos tiempos. Será la mítica Ruta 40 que por esta zona es de ripio. O los pobladores que no abandonan sus costumbres: se masca coca, se duerme la siesta, se hacen ofrendas a la Pachamama.

Los Valles Calchaquíes se extienden por Salta, Tucumán y Catamarca, pero el sector salteño es el más visitado y promocionado. Reúne paisajes contrastantes, iglesias coloniales y esos pueblitos mínimos donde todo está como era entonces. En Salta, los Valles Calchaquíes conforman una vuelta de 500 kilómetros que empieza y termina en la ciudad de Salta. Lo mejor es hacer este recorrido en auto y poder parar en donde quiera. Hay turistas que lo hacen en dos días, como correcaminos. Otros se pliegan a las siestas, visitan iglesias, museos y bodegas y se sientan en alguna sombra a conversar con la gente. Estos tardarán más, pero no se arrepentirán.

Cada época del año tiene su encanto y sus colores. El verano es de lluvias, por eso es necesario informarse del estado de los caminos. El paisaje está verde y la tierra desborda de frutos: la vid se cosecha en marzo y es estrella del circuito. El clima seco (entre 15° y 20°C) y la abundante insolación permiten buenos niveles de maduración de las uvas, con concentración de aromas y sabores. Aunque representan el 4% de la superficie total de cultivos de vid argentinos, los viñedos salteños exhiben buenas firmas, como El Esteco, Etchart, Lavaque y Domingo Hermanos, entre otras.

El norte argentino está en fuerte alza turística, especialmente los Valles Calchaquíes

TRES IMPERDIBLES

Cafayate. Una parada fundamental. A 1.650 metros de altura, es la ciudad principal de los valles, con 10 mil habitantes, la mayoría trabaja en las dos industrias más prósperas: la vitivinicultura y el turismo. La plaza principal es amplia y arbolada. Todavía quedan algunas casas coloniales y se destaca la Catedral, que tiene cinco naves. Su gran tamaño es motivo de orgullo para los cafayateños; si se cruza con alguno, se lo destacará. Vale visitar el Museo de la Vid y el Vino. Aunque algo desordenado, da un interesante panorama de los orígenes de la industria en la provincia, con antiguas prensas y herramientas.

En Cafayate se puede dejar el auto y arrendar una bici para recorrer los alrededores, llegar a Finca Las Nubes y probar quesos de cabra y fiambres caseros. En San Pedro de Yacochuya, a 7 km de Cafayate, encontrará una bodega antigua que hoy produce vinos boutique, con alto puntaje en The Wine Advocate, la revista del famoso Robert Parker.

Quebrada de Las Flechas. Junto con la rojiza Quebrada de Las Conchas, es el tramo más memorable. La Ruta 40 se angosta y a los lados se levantan desfiladeros altos y blancuzcos, con puntas afiladas por el viento, como flechas a punto de ser lanzadas al cielo. Sigue Angastaco y, más allá, Molinos, donde está la iglesia San Pedro Nolasco de Molinos, de 1639 y muy bien conservada.

Cuesta del Obispo. De vuelta hacia Salta, este tramo de los valles es uno de los más impactantes. La cuesta es un tramo de 20 kilómetros de cornisa cerca de las nubes que, a propósito, siempre bajan a saludar. En la Piedra del Molino está el punto más alto, a 3.348 metros. Un buen lugar para detenerse a mirar el paisaje y sacar fotos del Valle Encantado.


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Fidelam (4709 noticias)
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MARIA EUGE (19/09/2009)

Salta es una ciudad donde reina la belleza y la religiosidad de todo un pueblo norteño