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¿Sabes cómo te perjudica el ruido?

05/04/2010 23:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El ruido en las grandes urbes es el causante de que un gran número de personas tengan trastornos auditivos, y perdida de la audición

Hoy en día, cuando en las grandes ciudades, no consideramos al ruido excesivo como una contaminación igual de nocivo que el mismo smog, pues aunque no es perceptible por los ojos ni por la piel, si lo es por el oído.

Ese bullicio, alboroto, ruido ensordecedor entre otros, constituye un peligro real y efectivo para la salud. De día y noche, en la casa y el trabajo, sobre todo al transitar por la calle, dondequiera que estemos, puede ocasionar en nuestro organismo serias tensiones físicas y emocionales pues resulta inmune a él. Aunque aparentemente nos adaptamos y lo ignoramos, la verdad es que el oído siempre capta y el cuerpo reacciona, a veces con extrema tensión, como cuando oímos un sonido extraño en medio de la noche.

Otros peligros más serios causados por el ruido han sido menos atendidos, quizá por ser más sutiles. Pero debemos estar atentos a las molestias que nos ocasionan los sonidos estridentes, pues pueden desencadenar males físicos y emocionales.

Entre los efectos a la salud causados por el ruido, el más notable es la pérdida de nuestra audición. La privación auditiva ha sido científicamente observada, medida y establecida con un efecto de los impactos sonoros excesivos.

El mecanismo de la audición:

Casi todos los sonidos se oyen gracias a un proceso conocido como conducción aérea. Este desarrollo, en el que las ondas sonoras son transportadas al oído, se complementa con una manera secundaría de audición, denominada conducción ósea –algunas ondas provocan vibraciones de los huesos del cráneo, que pasan directamente al oído interno-; así, este tipo de audición afecta a la forma en que las personas oyen su propia voz. Los problemas de audición (desde pequeñas distorsiones a la sordera total) aparecen cuando afecta cualquier parte del mecanismo de transmisión y análisis del sonido.

El oído humano es capaz de percibir ondas sonoras de frecuencia comprendidas entre 16 y 20.000 vibraciones por segundo (cuando la frecuencia supera las 20.000 vibraciones por segundo, se habla de ultrasonidos). Dichas vibraciones son recogidas por el oído externo y llevadas al tímpano, el cual vibra y pone en movimiento la cadena de huesecillos. Cada vez que se hunde el tímpano, la platina del estribo presiona sobre el oído interno. Debido a la relación de superficie de 20 a 1 entre tímpano y platina, en esta última se amplía mucho la intensidad de las vibraciones. El movimiento del estribo provoca un desplazamiento de los líquidos del oído interno y del canal coclear, excitando así el órgano de Corti. La estimulación de éste se transforma en una corriente nerviosa, que es transportada por el nervio acústico hasta la corteza cerebral y se convierte en “percepción sonora”.

Tras una exposición a un sonido bastante intenso, el oído sufre un proceso de readaptación, mismo que se traduce en una disminución de la sensibilidad auditiva durante unos instantes. Cuando el sonido es muy intenso y prolongado aparece una fatiga auditiva, que persiste por algún tiempo después de haber cesado el estímulo. Si la exposición a este tipo de sonidos se repite muy a menudo, existe la posibilidad de que se provoque un traumatismo acústico irreversible.

Se denomina ruido a todo sonido inarticulado y confuso que, a través del órgano del oído, llega hasta la corteza cerebral donde tiene lugar la sensación auditiva consciente. Cuando su intensidad es demasiado elevada, o bien la exposición al mismo resulta muy prolongada, produce efectos nocivos, tanto físicos (sobre el propio órgano de audición) como psíquicos.

Como ya comente, el ruido puede ocasionar un traumatismo acústico, acompañado de una pérdida más o menos acentuada de audición, reversible o –con mucha frecuencia permanente. Existen dos variedades de traumatismo: el provocado por ruidos súbitos de intensidad muy elevada (como por ejemplo el disparo de un cañón), que pueden romper el tímpano y dañar la delicada estructura del oído interno, y el que se deriva de una exposición muy prolongada a ruidos relativamente intensos (como sucede en lugares de trabajo extremadamente ruidosos), que al alterar en forma paulatina las células sensitivas del oído interno, ocasionan una deficiencia auditiva progresivamente mayor.

Aparte de esto, el ruido también es un factor productor de estrés. La exposición prolongada a ruidos intensos puede desencadenar estados de irritabilidad, insomnio, pérdida de la capacidad de atención, e incluso una neurosis de angustia. Estas alteraciones se acompañan de manifestaciones físicas: adelgazamiento, trastornos gastrointestinales, vértigo entre otros.

Si hablamos de los rangos permitidos de ruido ambiental, en general se acepta que el ruido no debe sobrepasar los 85 ó 90 de intensidad acústica, y aun en estas intensidades es posible que se produzca lesiones en el oído cuando el tiempo de exposición es muy largo. Para evitarlas se han estudiado los tiempos máximos a ruidos de diversas intensidades. Así que para un ruido de 90 decibeles debe limitarse la exposición a dos horas durante todo el día; para 100 decibeles, a menos de veinticinco minutos, y para 120 decibeles, a menos de cinco minutos al día. De sobrepasar estos límites es fácil que aparezcan trastornos auditivos.


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Autor:
Pedro Borrero (76 noticias)
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