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¿Sabes comprar en un supermercado?

06/06/2009 18:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Muchas veces me pregunto: ¿podemos confiar en la seriedad de las empresas de los grandes centros de alimentación? ¿Y en los fabricantes?

La alimentación es algo elemental para cualquier tipo de vida. Desde que nacemos nos encontramos atrapados en un cuerpo que precisa, para que funcione perfectamente, de sus dosis diarias de vitaminas, proteínas, oxígeno, agua, hidratos… y un sinfín más de ingredientes.

La máquina más perfecta y compleja jamás inventada (por ahora): el cuerpo humano, no funcionaría si no fuera porque diariamente le suministramos todos o algunos de los siguientes ingredientes: agua (del grifo o, de la que hablamos en este artículo, mineral natural), patatas, carne, pescado o verduras (según seamos más carnívoros o vegetarianos), leche, yogures, aceite de oliva virgen extra, aceite de girasol, cafés, cacaos, infusiones, dulces, bebidas, helados, etc…

Hace ya años, cuando íbamos a los supermercados, podíamos encontrar los artículos con sus precios marcados. Ahora, gracias a las nuevas tecnologías (sobre todo a ese invento del código de barras), nos encontramos todos los artículos sin marcar, con un pequeño letrerito o marca digital en la estantería indicando el supuesto precio del artículo. Y digo supuesto por lo que más adelante explico.

Este sería un día de compras muy corriente en un supermercado: salir con el coche, buscar aparcamiento, coger un carrito, meternos en el centro, andar por los pasillos cogiendo de aquí y de allá, pasar por una cola de gente en las cajas, sacar nuestras compras, colocarlas en la cinta, volverlas a meter en bolsas y en el carrito, ir a donde dejamos el coche, colocar las bolsas en el maletero, volver a casa y aparcar, volver a sacar las bolsas, llevarlas a la entrada del ascensor, meterlas y sacarlas del ascensor, entrar en casa y, ¡por fin! distribuir y guardar los alimentos y artículos comprados con tanto mimo y con tanta ilusión.

Hay otras variantes, como no llevar coche e ir y venir a pie lleno de bolsas, o dejar las compras, pagar un poco más todavía, y hacer que nos las traigan a casa, por ejemplo.

Pero… en todo este trajín ¿a que lo normal, usual y corriente cuando estaba en el supermercado y cogía los artículos y los echaba al carrito, NO les anotaba el precio y miraba su fecha de caducidad o consumo preferente? Apuesto que a la primera cuestión el 99% habrá respondido mentalmente que no, y a la segunda el 90% (por poner un porcentaje optimista).

Por si algún lector se pregunta que a qué viene esto, paso a continuación a responderles y verán el por qué de la necesidad de ser cautos y prudentes, dado que afecta a dos hechos fundamentales: a nuestro bolsillo y a nuestra salud.

Hay muchas superficies, grandes almacenes, supermercados que tienen la mala praxis de ponernos un precio en la estantería y luego de cobrarnos otro en caja. Ello está demostrado fehacientemente por quien le escribe y por gente que trabaja en dichas empresas. La disculpa usual es un error, un problema informático, y cosas parecidas. Evidentemente errores se producen en todas partes y por todos, pero es en la voluntad que se pone en solucionarlos cuando se demuestra la buena fe o no en la intencionalidad de este tipo de “errores”. Otras veces, es, simple y llanamente, a conciencia. Lo que para nosotros son céntimos, para ellos son miles de euros.

Si no ponemos atención en los alimentos que compramos para consumir, nadie lo va a hacer por nosotros

El segundo tema importante es la fecha de caducidad o consumo preferente. Muchas veces me encuentro alimentos caducados puestos a la venta como si tal cosa, y aquí ya estamos hablando de un riesgo para la salud y de que ese tipo de productos no están permitidos para su venta al público. Algunos centros los tiran o los devuelven al fabricante (y aquí la pregunta por la seguridad alimentaria de los fabricantes que hacía al principio), pero otros intentan venderlos como si tal cosa. Suelo visitar un centro de una marca nacional muy conocida, en el que tienen la costumbre de poner productos en “oferta” por “restos de mercancía” en los que la supuesta oferta no existe y donde los productos o están próximos a caducar o son ya productos caducados.

Aún cuando a los consumidores nadie nos obliga a comprar tal o cual producto, creo que las asociaciones de consumidores deberían de realizar campañas de investigación, informar a sus asociados y al público en general, sobre este tipo de malas prácticas comerciales y, al mismo tiempo que se informa de qué cadena alimenticia es más barata, denunciar los centros donde se han constatado estos hechos.

En mi humilde contribución y por años de práctica y de experiencias asumidas, yo les propongo esta práctica en la forma de comprar. Reconozco que es algo más pesada y lenta, pero es únicamente para su beneficio y el de todos, porque cuando descubra que le han engañado en caja, no se sentirá muy a gusto, y debemos reclamar. Si muchos consumidores protestaran, las empresas se lo pensarían antes de engañarnos. Eso sí, he de afirmar (¡y faltaría más!) que siempre que he detectado un “error” de este tipo y he reclamado, me han devuelto la diferencia. Pero ahí se queda la cosa: te devuelven la diferencia pero no corrigen el error. Echo de menos que una empresa de este tipo de establecimientos sacara la siguiente propaganda: “Si usted descubre que le hemos cobrado más de lo que está marcado en la estantería, le devolvemos el importe íntegro cobrado del artículo y le regalamos otro artículo igual.” Esa empresa me demostraría que es seria y que los errores eran eso, errores solucionables.

La fórmula para que no nos engañen y comprar mejor es la siguiente: comprobar precio y calidad del producto, llevar un bolígrafo o rotulador y anotar el precio marcado en la estantería en el envase del producto. Comprobar la fecha de caducidad o consumo preferente. Comprobar otras particularidades como, por ejemplo, dónde está fabricado y la composición, si quiere eliminar productos geográficos o que contengan ciertos aditivos no muy saludables. Con esta primera práctica, aquellos productos caducados ya no irán a nuestra cesta de la compra.

La siguiente gestión que debemos hacer es, ya en casa o en el mismo establecimiento si son pocos productos, es comprobar con el tique que los precios marcados en los productos se corresponden con los precios que nos han cobrado en caja. Seguro que más de una vez se encontrará con que le han cobrado de más.

Es de lamentar que las empresas no pongan medios ni instruyan a sus empleados para que este tipo de “errores” se corrijan lo antes posible. Una vez me pasó este problema con medio kilo de arroz, a la semana siguiente seguía teniendo el mismo precio en la estantería y en caja cobraban uno mayor, ¿cuántos clientes pagaron más por ese artículo durante ese tiempo?

Está en nosotros, los consumidores, en corregir estos problemas. Si nosotros no cuidamos de nosotros mismos, no esperemos que las empresas que nos venden siempre “lo mejor” lo hagan por nosotros. Si no reclamamos, con educación y siguiendo siempre las normas, nunca servirá de nada protestar “al aire”. Si no ponemos atención en los alimentos que compramos para consumir, para nosotros mismos, nuestros hijos, nuestras familias, nadie lo va a hacer por nosotros. Nos venderán productos caducados y en mal estado si seguimos dejando que lo hagan. ¿Quién no ha comprado alguna vez por descuido un producto que al abrirlo estaba en mal estado o un producto con la fecha caducada?

¿Cuántos clientes pagarán más por ese artículo durante ese tiempo?


Sobre esta noticia

Autor:
Iskander Jr. (27 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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