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La ruta de la Ciudad Perdida en Colombia

07/03/2011 23:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A.V.R.

  • El zona está poblada por campesinos y comunidades indígenas.
  • Es necesario un guía para hacer este recorrido de cinco días.
  • Los restos de los tayrones están en un bosque húmedo subtropical.

Ciudad Perdida

En 2011, Año Internacional de los Bosques, vale la pena volver la vista hacia uno de los destinos forestales con más encanto de Sudamérica: un recorrido a pie entre montañas que combina la belleza del bosque húmedo subtropical con el misterio de una civilización desaparecida. Es la ruta a la Ciudad Perdida de la Sierra Nevada de Santa Marta, al norte de Colombia.

Este camino sirve también de excusa para descubrir cómo viven campesinos e indígenas en una montaña completamente aislada. Ahí reside gran parte de su encanto: es un destino que requiere tiempo, esfuerzo y desconexión, en todos los sentidos. Esta circunstancia, que lo ha dejado hasta ahora al margen del circuito de turismo masivo, podría cambiar si sale adelante el proyecto de construcción de un teleférico hasta el yacimiento.

Serpentear entre el bosque y el río

Existen dos rutas para llegar a la Ciudad Perdida, la más sencilla es la que parte desde Mamey. El trazado es de dificultad media, pero consta de largos tramos con fuertes desniveles. Se completa en cinco o seis jornadas caminando unas cuatro horas diarias. Conviene saber que es necesario cruzar varias veces el río Buritaca durante todo el recorrido y que en la última parte hay que andar por estrechos pasos junto a precipicios.

En temporada de lluvias, la dificultad de la ruta crece porque los ríos llevan más agua y las corrientes pueden ser peligrosas. También hay que añadir algunos kilómetros más a pie, ya que el primer tramo de caminos de tierra sólo es transitado por 4x4 en época seca.

Pero, pese a las dificultades, la experiencia para el viajero es excepcional. La ruta está bien marcada por las continuas idas y venidas de senderistas, así que no hay riesgo de desviarse y se puede caminar al ritmo que se desee, parándose a contemplar paisajes o a bañarse en las piscinas naturales. Además, se pueden ver en su medio árboles centenarios y especies de plantas de clima subtropical, así como numerosos tipos de aves y anfibios. Las serpientes son la cara más peligrosa del bosque; los mosquitos, la más molesta.

Los restos de la antigua Teyuna

La subida a la Ciudad Perdida son más de mil escalones estrechos, desgastados y cubiertos de musgo, que obligan al visitante a andar con mucho cuidado para no resbalar. Al llegar arriba se encuentra un conjunto de terrazas circulares que antiguamente cubrían bohíos de madera con techos vegetales. Desde allí, las vistas al valle son espectaculares.

Más sobre

El Yacimiento de Buritaca 200, como lo llaman los arqueólogos, está parcialmente reconstruido y es custodiado por un retén de militares y guardeses que cuidan que el bosque no invada las partes abiertas al público. En realidad, la ladera entera está repleta de restos que se ha ido comiendo la vegetación.

Teyuna, como es conocida entre los indígenas, fue construida por los tayrones entre los siglos XI y XIV. Llegó a ocupar dos kilómetros cuadrados y se calcula que tuvo entre 2000 y 4000 habitantes en su época de esplendor. Dicen que fue abandonada alrededor del año 1600 por sus últimos pobladores, que huyeron de la amenaza de los españoles hacia tierras más altas. Las ruinas que hoy se pueden visitar fueron descubiertas por guaqueros (cazadores de tesoros) y expoliadas hasta que el Estado se hizo cargo de ellas en la década de los setenta.

Requisitos del itinerario

Hoy, la entrada a la montaña ya no es libre: algunos tramos del recorrido son peligrosos, está dentro de un parque protegido y recorre lugares sagrados para sus pobladores. Para hacer la ruta es necesario contar con un guía que conozca la zona, tener permiso para realizarla y pagar unas tasas, que en parte irán destinadas a las comunidades indígenas que habitan la montaña, mayoritariamente koguis.

La forma más fácil y rápida de conseguirlo todo es contratando la excursión con una de las agencias que trabajan la zona, que tienen oficinas en Santa Marta y Taganga, como Turcol o Magic Tours (muy popular entre los visitantes extranjeros). Algunas de ellas ofrecen salidas en grupo diarias. El precio estándar es de 500.000 pesos colombianos (aproximadamente unos 200 euros) e incluye el guía, la entrada al parque, la comida y el alojamiento durante las jornadas que dura el recorrido.

Las noches se pasan en cobertizos muy rústicos habilitados para los excursionistas, que tienen a su disposición literas o hamacas con mosquiteras. En estas áreas de descanso también se sirven las principales comidas, abundantes y cocinadas en el momento. Los senderistas son los encargados de llevar protector solar, repelente de mosquitos, traje de baño, calzado adecuado y ropa cómoda. Las instalaciones cuentan con duchas y lavaderos, pero al ser un clima muy húmedo, no se puede esperar que la ropa seque de un día para otro pese al calor.

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