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El Royo de la Madera, cerca de Cuenca

27/04/2011 10:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cruzado el puente que por la carretera conduce hasta Uña, y antes de llegar a la primera casa del pueblo, un camino que se abre a la izquierda busca, una vez pasado el cuartel de la Guardia Civil, el agua del canal

Al final de este camino, a unos dos kilómetros de la población, se cruza con un pequeño arroyo que, nacido varios metros más arriba, despeñándose entre la piedra. busca el cauce del Júcar. Es el arroyo do la Madera, aunque las gentes han corrompido su nombre. Aquí, en la serranía, es royo: Royofrío, que lleva vahos años abastecen do de agua a la capital de la provincia; Ro­yo Cerezo, que ofrece al caminante que hasta aquí se acerca el primer saludo de estas tierras; Royo de la Madera, cuyo cau­ce, desde su nacimiento hasta su desem­bocadura, forma uno de los paisajes más hermosos de esta zona de la sierra.

El camino de tierra se desliza, bajo los duros peñascos cubiertos de pinos hasta muy cerca de la cumbre, pero con la pie­dra libre a las caricias del viento en su par­te superior, paralelo al canal que en la pri­mera mitad de este siglo se construyera para conducir el agua de la laguna y del embalse de La Toba, cuatro kilómetros más arriba, hasta el salto de Villalba. El viejo cementerio, hoy derruido, da un presagio de muerte. Pero es un presagio que sólo dura unos segundos, y que desaparece al cruzar y perderse de vista los espinos que cubren sus muros derruidos, al bañarse en la naturaleza que rodea todo. Estas tierras forman parte de la solana de Uña, terreno limítrofe con el municipio de Uña, pero que administrativamente pertenece al ayuntamiento de Cuenca. Es uno de los montes que fueron donados a la ciudad cuando fue conquistada por Alfonso VIII, el Noble.

El río nace arriba, en lo que popularmente ha venido a llamarse la Cueva del Tío Manolo. Es una gruta profunda, con tres sifones subterráneos que ya han provocado alguna víctima humana entre los espeleólogos que han intentado explorarla- Después, de salir a la superficie, el agua desciende, hasta encontrarse con este ca­mino que une Las Majadas y Uña. En este paraje, salpicado de fuentes, se ha llegado a ver, hasta hace muy poco tiempo, pequeños ejemplares del cangrejo autóctono, antes habitante natural de toda la sierra, y hoy desaparecido de gran parte de ella. Ahora, la contaminación de jabones arroja­dos a sus aguas ha podido terminar con to­dos ellos.

Después, el río continúa su descenso hasta cruzar por debajo del canal. Arriba, el agua Esclavizada por los hombros, conde nada a seguir un curso artificial que no de sea; abajo, el agua brava, dueña de la piedr a, que intenta impedir su manso caminar.

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Aquí el Agua, al salvar una pequeña altura, se desploma contra la piedra, que con el paso de! Tiempo ya ha horadado. Después, el curso sigue hasta encontrarse, algunos cientos de metros más abajo, con el río, hoy reducido su caudal por culpa del canal, en los Cortados, una especie de hoz casi vertical entre Uña my el Ventano del Diablo.

La Naturaleza ha querido dejar en estos momentos la belleza viva de sus creacio­nes. Aquí el pino, inmortal a pesar de la nieve y el frío, extremo y duro, convive con la piedra. Dos son las especies que, junto con el pino, destacan de todas las demás: el buj o boje, especie característica de la zona, que en Semana Santa sustituye en Uña a las palmas y a los ra­mos de olivo, y la aliaga, que si en invierno presenta sólo la amargura de sus espinas, espadas afiladas para el que intenta cortar­las, en la primavera se cubre de flores amarillas, que parecen querer atrapar entre sus pétalos la luz del sol.

Eterna canción del agua, del pino, de la piedra y del viento; rumor de sueños perdi­dos en el tiempo... La sierra es aquí un mo­numento a la naturaleza, que sabe poner en cada lugar el fruto de su generosidad.


Sobre esta noticia

Autor:
Julián Recuenco (14 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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