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Rousseau contra la democracia representativa

24/11/2009 09:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En la opinión de Rousseau, la delegación del poder es una práctica antidemocrática, ya que es imposible representar la voluntad común a traves de la voluntad de unos pocos

Antes de empezar, aclarar que no soy un experto en política. He leído recientemente El contrato social, libro en el que tenía entendido que está fundamentada la democracia representativa, es decir, el régimen político más extendido en la actualidad. Al parecer mis ideas sobre las teorías de Rosseau distaban mucho de ser correctas. No estoy seguro de si es un error personal o por el contrario he sido adoctrinado en esta idea, incluso es posible que esté malinterpretando las palabras del autor. Pero júzguenlo ustedes por sí mismos:

La soberanía no puede ser representada por la misma razón de ser inalienable; consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa: es una o es otra. Los diputados del pueblo, pues, no son ni pueden ser sus representantes, son únicamente sus comisarios y no pueden resolver nada definitivamente. Toda ley que el pueblo en persona no ratifica, es nula. El pueblo inglés piensa que es libre y se engaña: lo es solamente durante la elección de los miembros del Parlamento: tan pronto como éstos son elegidos, vuelve a ser esclavo, no es nada. El uso que hace de su libertad en los cortos momentos que la disfruta es tal, que bien merece perderla.

Parece quedar claro que, al menos en la opinión de Rousseau, la delegación del poder es una práctica antidemocrática, ya que es imposible representar la voluntad común a traves de la voluntad de unos pocos. Es curioso que lo considere también antimonárquico, por la sencilla razón de que siendo la monarquía el gobierno de uno solo, delegar el poder desvirtuaría los principios de dicho sistema político.

Entonces, ¿de dónde surge la práctica de utilizar representantes que ostentan un poder que no es propio? El mismo autor nos lo aclara:

La idea de los representantes es moderna; nos viene del gobierno feudal, bajo cuyo sistema la especie humana se degrada y el hombre se deshonra. En las antiguas repúblicas, y aun en las monarquías, jamás el pueblo tuvo representantes. Es muy singular que en Roma, en donde los tribunos eran tan sagrados, no hubiesen siquiera imaginado que podían usurpar las funciones del pueblo, y que en medio de una tan grande multitud, no hubieran jamás intentado prescindir de un solo plebiscito. Y júzguese, sin embargo, de los obstáculos que a veces ocasionaba la turba, por lo que sucedió en tiempo de los gracos, en que una parte de los ciudadanos votaba desde los tejados.

Todo esto parece indicar que Rousseau concebía la democracia como un gobierno directo del pueblo, es decir, un estado político en el que toda la población era la encargada de elaborar las leyes. Esto puede parecer imposible hoy en día, pero al parecer se llevó a cabo en la antigüedad con bastante éxito:

Estas palabras sugieren que nuestro sistema de gobierno no tiene nada de democrático; se trataría en todo caso de una aristocracia encubierta

No teniendo la autoridad soberana otra fuerza que la del poder legislativo, no obra sino por medio de las leyes, y siendo éstas actos auténticos de la voluntad general, el soberano sólo puede proceder cuando el pueblo está reunido. El pueblo reunido, se dirá, ¡qué quimera! Lo será hoy; pero no lo era hace dos mil años. ¿Han cambiado por ventura, los hombres de naturaleza?

Los límites de lo posible, en lo moral, son menos estrechos de lo que nos imaginamos: los reducen nuestras debilidades, nuestros vicios, nuestros prejuicios. Las almas bajas no conciben los grandes hombres. El vil esclavo sonríe con desprecio al oír la palabra libertad.

Por lo que se ha hecho consideremos lo que se puede hacer. No hablaré de las antiguas repúblicas de Grecia, pero la república romana era, me parece, un gran Estado y Roma una gran ciudad. [...] ¡Qué de dificultades no habría para reunir frecuentemente el inmenso pueblo de esa capital y de sus alrededores! Sin embargo, el pueblo romano se reunía casi todas las semanas y en ocasiones más de una vez. No solamente ejercía los derechos de la soberanía, sino parte de los del gobierno. Trataba y conocía de ciertos asuntos, juzgaba ciertas causas, y todo ese pueblo era, ya magistrado, ya ciudadano. [...] Deducir lo posible de lo que existe, me parece consecuencia lógica.

Desde mi humilde punto de vista, estas palabras sugieren que nuestro sistema de gobierno no tiene nada de democrático; se trataría en todo caso de una aristocracia encubierta; entendida ésta como el gobierno de una élite, que en este caso está formada por la clase política, un reducido subconjunto de la sociedad cada vez más ideológicamente uniforme y que se ha ido alejando paulatinamente de los intereses comunes hacia sus propios intereses corporativos y personales.

Autogobierno


Sobre esta noticia

Autor:
Nadeyyo (9 noticias)
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