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Un Robot arqueólogo mexicano abre el tunel hacia las tumbas de los héroes ancestrales aztecas

24/11/2010 10:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los arqueólogos mexicanos superando el caos narcopolítico del país han hecho un robot genial. Ahora salvará las tumbas de los prohombres de la historia azteca

Los mejores arqueólogos mexicanos están usando un robot equipado con dos cámaras de video para recorrer un túnel en la célebre ciudad precolombina de Teotihuacán al que ningún ser humano ha entrado hace 800.000 años y donde estarían tumbas perdidas de antiguos gobernantes.

El túnel, de quince metros de profundidad y cuya entrada fue descubierta hace muchos meses, se encuentra cerca del templo de la Serpiente Emplumada en el conjunto arqueológico, ubicado a unos 40 kilómetros al noreste de Ciudad de México.

El robot -un vehículo de cuatro ruedas de medio metro de largo y una altura de veinte centímetros que puede realizar giros de 360 grados- está dirigido a control remoto. Los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a cargo de todo el proyecto, se adentran a través de conductos estrechos que entrañan riesgos “que valen la pena”.

El robot Tlaloque I, que significa ayudante de Tláloc -dios de la lluvia para los aztecas- mostró desde sus primeras imágenes una estructura segura al recorrer los primeros 35 metros del túnel, de entre 100 y 120 metros de longitud, lo que abrió la posibilidad de que arqueólogos pudieran en poco tiempo entrar en la historia.

Al comenzar la aventura el arqueólogo Sergio Gómez, quien dirige las investigaciones dijo: "Calculamos que en unas semanas ya podremos entrar".

Y cuando eso se cumplió añadió: "Lo que hemos visto gracias al robot es que el túnel parece bastante estable por lo menos el trecho recorrido. En la bóveda no hay riesgo de derrumbe", agregó.

Esta es la primera vez en la historia de la arqueología mexicana que un robot participa decisivamente en una investigación. Hace diez años en Egipto, los investigadores usaron un aparato similar en la exploración de una tumba, afirmó el INAH en un comunicado.

Los restos de los jefes aztecas de Teotihuacán, fundada hace unos 2.500 años y donde se encuentran las famosas pirámides del Sol y de la Luna, aún no habían sido hallados a pesar de décadas de búsqueda. Ahora ahí están.

Al final del pasaje subterráneo los arqueólogos esperan encontrar una cámara de unos diez metros, donde estarían las tumbas de los jefes aztecas. Desde hace años se sabía de la existencia del túnel, que fue descubierto con escáneres, pero lo investigadores iniciaron la búsqueda del acceso el año pasado cuando tuvieron condiciones y pruebas de seguridad.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por Naciones Unidas, Teotihuacán alcanzó su apogeo entre los años 250 y 500 d.C. cuando tuvo una población cercana a los 150.000 habitantes y llegó a ser la sexta ciudad más grande del mundo después de Constantinopla y Alejandría.

La ciudad tiene actualmente unos dos kilómetros cuadrados, aunque especialistas creen que la urbe llegó a tener una extensión de veinte kilómetros cuadrados. Los nuevos descubrimientos en Teotihuacan, han sido publicados in extenso por María García Esperón.

Gracias a la dedicación de la historiadora María García Esperón se han salvado las más importantes joyas de la ciudad sagrada de Teotihuacán

Debajo del Templo de la Serpiente Emplumada en la zona arqueológica de Teotihuacán, se trabaja activamente. Esto se aprecia en las imágenes que reproducimos. Bajo la dirección de los arqueólogos mexicanos se está desvelando una de las grandes incógnitas del siglo: el enterramiento ritual de sus dirigentes. Antes era mito y leyenda ahora se pueden tocar. Es historia del país de los aztecas, aunque hubo el consiguiente deterioro con los conquistadores.

Sergio Gómez Chávez es el arqueólogo que está a la cabeza del proyecto llamado Tlalocan-Camino bajo la tierra, que se antoja un espectacular túnel del tiempo, pues nunca ha sido saqueado y fue sellado hace mil ochocientos años por los antiguos teotihuacanos.

Los georradares han revelado que al final del túnel hay tres cámaras de gran tamaño. Y hasta ahora se han encontrado más de 60.000 objetos de jade, obsidiana y conchas. Son rituales de fundación vinculados con el inframundo y con la cosmovisión mesoamericana. Todo se pudo desarrollar en esas cámaras que serán alcanzadas gracias al trabajo sistemático de excavación minuciosa que desarrollan los arqueólogos del INAH.

El Tlalocan es el nombre de un proyecto nacional

El nombre dado al proyecto de excavación remite a una de las más profundas concepciones mesoamericanas con respeto a la persistencia del ser más allá de la muerte: el Tlalocan o lugar de Tláloc, que Fray Bernardino de Sahagún describió hace 500 años como una especie de paraíso terrenal:

"...jamás faltan allí las mazorcas de maíz verdes, calabazas, ramitas de bledos, axí verde, tomates, frijoles verdes en vaina y flores, y allí viven unos dioses que se llaman Tlaloques, los cuales se parecen a los ministros de los ídolos que traen los cabellos largos".

Al Tlalocan iban quienes morían ahogados, fulminados por el rayo, los enfermos de hidropesía y los aquejados por la gota. En los célebres murales teotihuacanos de Tepantitla se ha identificado la figura principal como Tláloc -aunque tiene atributos femeninos- presidiendo su florido paraíso. Paraíso de agua.

Los antiguos teotihuacanos taparon el túnel con 200 toneladas de tierra y piedra. Ahora gracias en principio al camino que el robot abrió se podrán despejar muchas incógnitas de este pueblo misterioso, arrojar luz sobre su origen, sus conocimientos astronómicos y geodésicos, su concepción del hombre, su lenguaje.

Bajo tierra en los cinco kilómetros de la calzada de los muertos bajo el cielo mexicano, hacia el norte teotihuacano, asoma el santuario azteca, detrás de la Pirámide de la Luna. Todo está asociado a la construcción dedicada a la Serpiente Emplumada, la que vibra con el sonido del quetzal y que se constituye en jeroglífico adornado por las 366 cabezas que representan a Quetzalcóatl y Tláloc.

Bajo la tierra se halla el inframundo como la cueva lobulada bajo la Pirámide del Sol, y sobre ella está la construcción azteca, imagen de la montaña ancestral. Es la escalinata ascendente de la ciudad jeroglífico, el signo sagrado en el que los dioses crearon el Sol y la Luna mediante su sacrificio en la hoguera por el que y en la que los hombres podían convertirse en dioses.


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