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'Risorgimento' mahometano

23/06/2011 07:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El siglo XX es el siglo del resurgimiento mahometano. Hace menos de 100 años los que hoy llamamos árabes no tenían la más mínima conciencia colectiva como tales árabes, ni tenían ninguna idea de pertenencia nacional y no digamos ya de pertenecer a una Civilización. De Afganistán a Marruecos los musulmanes vivían en entidades tribales, a lo sumo provinciales, sin contacto cultural o político entre ellas y vagamente relacionadas por trazas de una lengua y un pasado religioso común.

El único estado musulmán que quedaba en pie desde el siglo XV: Turquía, naufragaba a principios del XX en medio de continuas y deshonrosas capitulaciones comerciales a Inglaterra, Francia y Rusia. Su último impulso, forzado por la mera supervivencia, fue adoptar el nacionalismo laico modernizante que hasta hoy le sigue caracterizando. Una vez descompuesto el Imperio Otomano, surgió una constelación de estados subordinados a las  potencias europeas, dirigidos por jefes tribales ahora convertidos en los reyes de las nuevas naciones. De hecho, las actuales fronteras nacionales de la mayoría de esos países siguen siendo las fronteras coloniales trazadas con escuadra y cartabón en Londres y París.

Auqnue no lo pueda parecer hoy, el siglo veinte no será conocido como el siglo de los conflictos entre la libertad individual y el autoritarismo (nacionalista o marxista): eso son conceptos abstractos y limitados en el tiempo. Un alemán medio de 1935; sin entrar en los consabidos dramatismos, no era, en cuanto a sus creencias sobre la vida y sus libertades personales diarias, muy diferente a un francés o a un inglés; aunque en filosofía política parezca que les separaba todo un mundo. Pero, honestamente: ¿alguien puede creer que dentro de doscientos o trescientos años, realmente sabrán cual era la profundidad de esas diferencias?

Si nos atenemos a la consciencia de una trayectoria histórica, seguramente el hecho más relevante del siglo veinte no vaya a ser que las naciones europeas se masacraron impíamente en dos guerras mundiales; aunque sí fuera el hecho más traumático. Lo más relevante en los libros de texto del futuro será el auge, en apenas 90 años, de una civilización casi extinguida: la arábiga.

La II Guerra Mundial no se decidió en Normandía como popularmente pueda pensarse: se decidió en el Cáucaso; en Stalingrado, así como en el Alamein, en Egipto. En ambos casos, dos potencias: Rusia y Gran Bretaña, cortaron a Alemania el paso a los recursos energéticos que le hubieran permitido alargar indefinidamente la guerra, y tal vez hasta ganarla. Japón en el Pacífico entro en la Guerra Mundial precisamente por el embargo de petróleo que le impuso EEUU. Como vemos es la energía y su domino lo que decidió las fuerzas en contienda tanto como los resultados.

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imageSesenta años después el petróleo sigue siendo indispensable para que la maquinaria civilizadora siga funcionando, pero el hecho insoslayable es que esta energía está casi toda en estados soberanos musulmanes, modernos, desarrollados y armados a cuenta de su petróleo; que, hoy en día, son capaces de defenderlo de todos, excepto de los EEUU. No es de extrañar, que cualquier injerencia occidental en el mundo árabe sea liderada o auspiciada por los Estados Unidos y que además sea hecha a viva fuerza.

Paradójicamente, fue el Occidente liberal quien otorgó a los musulmanes una plataforma universal para hablar con una sola voz, por primera vez desde el Califato Abásida (S. IX), y ese organismo es la ONU. Nueva paradoja: también fue la ONU quien les proporcionó en 1947 el principal motivo para hablar con una sola voz: Israel.

La segunda voz unánime de los musulmanes es la de la inmigración. Nuevamente es Occidente quien pone los cimientos del 'risorgimento' musulmán.  Millones de musulmanes en Europa son capaces de escandalizarse por unas caricaturas de Mahoma y obligar a los gobiernos a tomar represalias, cuando no lo harían en  ningún  otro caso. También las comunidades musulmanas en Europa han demostrado ser capaces de imponer las normas de un estilo de vida segregado que a ninguna otra se le consentirían; y a la inversa: obligar a otros a aceptar sus reglas (ver:  minaretes suizos). Lo más preocupante de todo, es que también pueden cometer atentados que se han demostrado eficaces para cambiar pactos básicos nacionales e internacionales; yendo aún más lejos que conseguir un simple cambio de gobierno: ya que la caída de gobiernos, incluso por pequeños escándalos, es cosa perfectamente natural en las democracias asentadas. Con España como ejemplo, se ha dado la idea de que los musulmanes de un  país  pueden cambiar no sólo a un gobierno, sino que se pueden cambiar la forma de gobernarse de una nación con el objeto de que traicione sus alianzas estratégicas, y que internamente acepte la segregación de los musulmanes por encima de los valores de identidad que se le suponen como propios.

La tercera y definitiva piedra basal del resurgimiento de una civilización musulmana, es el suicidio demográfico de Occidente. Desde que Jerusalén fue liberada de los turcos en 1917, la población mundial se ha triplicado, mientras que la población de muchos países musulmanes (v.g. Marruecos) se ha multiplicado por 6. Hay países en África cuya población ha pasado en 100 años de 1.000.000 a 27.000.000 millones. Mientras tanto, la población europea autóctona con un 'Baby boom' de por medio, ni siquiera se ha doblado. La esterilidad de Occidente es el síntoma de que hemos caído, como los Constantinopolitanos del S. XV, en los vicios de la metafísica y la autocomplacencia del materialismo, mientras la  amenaza  musulmana  sólo ha de esperar su momento para tomar el relevo.

Si Napoleón vio en Rusia y los Estados Unidos a los colosos del siglo venidero y acertó, no será esta vez tan difícil pronosticar que serán China y el Mundo árabe (tome la forma que tome), las potencias hegemónicas de nuestro siglo venidero y, desde luego, sus agendas no son la democracia, ni son las contemplaciones. Si Occidente decide seguir con los brazos caídos; renegando de su impulso civilizador, igualándose sólo por abajo, cediendo la palabra a cualquier memo disolvente; no será de extrañar que dentro de cien años sean los europeos cristianos (incluidos los hoy ateos del cristianismo) los que vivan en entidades tribales sin la más mínima conciencia cultural, colectiva, nacional y no digamos ya como civilización. Bonito futuro que muchos de los que ya estamos aquí seguramente veremos despuntar.


Sobre esta noticia

Autor:
Tintinenelpaisdelosprogres (23 noticias)
Fuente:
tintinenelpaisdelosprogres.blogspot.com
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Reportaje
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