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Ridículo

22/07/2010 14:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Me he apuntado a un gimnasio público. Creo que es parte de mi ridícula crisis de los treinta, la misma que me ha llevado a comprarme una cámara de fotos, camisas de palmeras y a dirigir un programa de televisión. Aún no me he comprado un Jes-Extender, pero quedan muchos meses hasta que cumpla 31 (y me haría ilusión llegar a la media española). 

El hecho es que en mi gimnasio (en todos, supongo) habita una raza de superseñores, hombres con piernas como mi torso y torsos como mi Bravia. Tipos que hacen pesas como quien come pistachos y que, entre alzada y alzada, se contemplan en el espejo con un afán detectivesco inescrutable para mí. 

Siempre están allí, no importa a qué hora vayas. Son una suerte de club secreto del pectoral hipertrofiado que pasan de una máquina a otra haciéndose bromas idiotas mientras la gente normal luchamos por nuestras vidas en las bicicletas estáticas. 

Admito estar fascinado por estos tipos. Observar la forma en que admiran sus propios cuerpos frente al espejo es como mirar monos masturbándose; no es agradable, cierto, pero hay en esa imagen un magnetismo especial. 

En el vestuario, esta raza tiene conversaciones a voz en grito de las que uno no puede evadirse por más que lo intente. Hablan de sus músculos (de músculos concretos, nunca en general), de sus dietas y de sus trabajos (así es como he descubierto que son policías, obreros, mecánicos y camareros). 

Cuando uno les escucha, comprende hasta qué punto nuestro sistema educativo es un fracaso. Esos tipos no tienen vergüenza alguna en airear su incultura y su abanico léxico de 100 palabras con el mismo gracejo que pasean sus penes por encima de la media en un vestuario abarrotado de desconocidos. Es evidente que no les acompleja lo más mínimo parecer estúpidos, porque sus físicos perfectos anulan por completo cualquier posible complejo intelectual. Para mí, habitualmente rodeado de rojos y adictos a la marihuana cuyo máximo quebradero de cabeza es ser graciosos y follarse a morenas guapas que pillen sus chistes, la perspectiva vital de estos tipos es algo absolutamente nuevo. 

Me pregunto si esta gente tendrá también crisis ridículas como la mía, y cómo se revelarán en su caso. Quizá una mañana se miren en el espejo y comprendan que hay todo un universo de palabras, imágenes y notas que les es ajeno. Y quizá impulsados por ese vasto océano de pensamientos y sensaciones desconocidas, se decidan a mover sus cuerpos perfectos hasta una librería con la misma actitud reverencial y acomplejada que entro yo en el gimnasio. Lamentablemente, en las librerías no hay monitores que te pongan una tabla personalizada de productos culturales "para empezar". 

Algún día le echaré pelotas y regalaré una copia de Madame Bovary o de las suites para violoncello de Bach a uno de esos tipos. Lo malo es que igual cree que soy maricón y me cose a hostias. Claro que, por otra parte, a lo mejor tengo suerte y me follo a un pedazo de maromo. Eso sí sería un buen chimpún para mi crisis. Hasta entonces seré fiel a mi raza y arrastraré mi incipiente tripa allí donde haya una morena guapa que pille mis chistes. 


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
mimesacojea.com
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Tipo:
Reportaje
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