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El reverso de un dictador: Adolf Hitler, el pintor frustrado

08/03/2010 08:26

0 Antes de convertirse en el fanático genocida que exterminó a más de 5 millones de judíos, Adolf Hitler se preparaba para convertirse en pintor

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Cuesta imaginar o vislumbrar el menor viso de vena sensible, proclive al ensalzamiento del arte y el arrobo contemplativo, como ingrediente genético, adquirida o aprendida en la figura del fanático dictador Adolf Hitler.

Uno lo enmarca más fácilmente como el orador exacerbado y extremadamente afectado que arengaba a las tropas nazis para que conquistaran el mundo y lo convirtieran en un paraíso de beldades rubísimas y personas sin taras ni desavenencias físicas.

Semejante vesania derivó en la friolera de 6 millones de judíos muertos en campos de concentración y exterminio. Como colofón de este episodio macabro de la historia de la humanidad, Adolf Hitler se quitaría la vida junto a su amante, Eva Baun, en un bunker subterráneo de Berlín.

Aún se me ponen los pelos de punta cuando escucho su voz altisonante bramando como una bestia del inframundo desde aquellos estrados intocables desde donde miraba con desprecio y furia a sus fervientes acólitos.

El dictador y genocida Adolf Hitler trató de convertirse en pintor a principios del siglo XX

El mismo führer que instauró un régimen nacional-socialista durante el tercer reich e inició la segunda guerra mundial contra Polonia, sintió en algún momento de su vida un somero esbozo de sensibilidad que trató, sin el menor éxito, de plasmar sobre la superficie nívea de un lienzo.

Contaba con 18 años el aspirante a detonador del holocausto cuando su lado más humano y amable se hizo con el timón de su vida. Eran los inicios del siglo XX y un jovencísimo Adolf Hitler soñaba con emular tal vez las proezas de Mengs, Ribera, Courbet, Pisarro, Klimt, Durero o Cranach El Viejo.

Sus miras y delirios de grandeza se centraban entonces en la Academia de Bellas Artes de Viena.

Durante dos años consecutivos trató de superar las pruebas de admisión, consistentes en una parte escrita y otra que demostrara de qué era capaz el candidato con un lienzo y un pincel. En ambas las aspiraciones de Adolf Hitler se resquebrajaron como una mortaja podrida que se cae a cachos.

1907 y 1908 serían reflejo de las "quimeras" truncadas del genocida que soñara una vez con convertirse en afamado pintor.

Conocida sobradamente su faceta ególatra, desproporcionada, propensa a los trastornos y a inventar una raza nueva, que erradicaría de la Alemania nazi a los judíos, gitanos, mendigos, disminuidos, homosexuales, etc, Hitler, llevado por sus recurrentes oleadas de demencia e ira, llegó a decir que la causa de sus iterativas exclusiones y suspensos en las pruebas de acceso a la Academia de Bellas Artes de Viena fue que estaba dirigida por judíos.

Se cree que fue en esta etapa de su vida, a raíz de este suceso, cuando comenzó a germinar su manifiesto odio hacia los judíos.

VÍCTOR VIRGÓS.

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