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Reunión secreta en la Maison Rouge de Estrasburgo, agosto de 1944

27/05/2011 08:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El informe secreto muestra cómo los nazis planearon un IV Reich... en la UE. Este informe fue escrito por un espía francés que estuvo presente en la reunión

El documento de la Inteligencia Militar de EE.UU. codificado como: EW-128 Pa, es tan frío ahora como el día en que fue escrito en noviembre de 1944. También conocido como el “Informe Red House”, es un relato detallado de la celebración de una reunión secreta de altas jerarquías nazis con relevantes empresarios en el Hotel La Maison Rouge de Estrasburgo el día 10 de agosto de 1944.

Allí, los altos funcionarios gubernamentales del Parido Nazi ordenaron confeccionar a ese grupo selecto de industriales alemanes un plan para la recuperación de Alemania, si se diera el caso, después de perdida la guerra, preparándose para que los nazis pudieran “volver al poder y trabajar por un imperio alemán fuerte”. En otras palabras: el IV Reich .

Las tres páginas estaban clasificadas como «ALTO SECRETO» , con copia para los funcionarios británicos y otra para Cordell Hull, Secretario de Estado de los EE.UU., detallando cómo los industriales iban a trabajar con el Partido Nazi para reconstruir la economía de Alemania mediante el envío de dinero a través de Suiza.

El plan consistía en la creación de una red secreta de “empresas pantalla” en el extranjero. Se esperaría hasta que las condiciones fuesen las adecuadas y, luego se harían cargo de Alemania de nuevo.

En la reunión estuvieron presentes Fritz Thyssen , el magnate y fundador del Grupo Thyssen; Georg von Schnitzler presidente de la IG-Farben: Gustav Krupp propietario de la AEG y Siemens; Kurt von Schroeder , banquero y financiero; Emil Kirdorf , magnate del carbón y del acero; y también representantes de las empresas estatales Volkswagen y Messerschmitt. Asimismo participaron en la reunión funcionarios de la Armada y del Ministerio de Armamento siendo el comisionado, enviado por Martin Borman siguiendo órdenes directas del Führer Adolf Hitler , el SS Obergruppenführer Dr. Scheid . Con una precisión increíble, decidieron conjuntamente que el IV Reich alemán, a diferencia de su antecesor, sería un imperio económico en lugar de un imperio militar… ¡Pero no sólo alemán!

Prueba de la creación de esa estructura industrial como fachada de la recuperación económica alemana en distintos países extranjeros es la inusitada rapidez con la que el desarrollo alemán y su economía se recuperaron después de 1945. El III Reich fue derrotado militarmente, pero los poderosos banqueros de la era nazi, los industriales y los funcionarios públicos, renacieron como demócratas, y pronto prosperaron en la nueva República Federal de Alemania. Entonces trabajaron para una nueva causa: la integración económica y política europea.

El Dr. Scheid indicó a los allí presentes que podían hablar con total libertad pues se había comprobado la no existencia de micrófonos ocultos y, para dar mayor tranquilidad a los reunidos, mandó a los SS de escolta y vigilancia que abandonaran el salón. «Se deben tomar medidas en previsión para una campaña comercial posterior a la guerra. Haced contactos y alianzas con empresas extranjeras, pero esto debe hacerse de forma individual y sin levantar la menor sospecha», había dicho el Dr. Scheid.

Era importante, sobre todo, aplicar los beneficios de las empresas alemanas que ya tenían como fachada alianzas económicas en el extranjero, dijo Scheid, citando a los socios americanos del gigante del acero Krupp , así como de Leica Zeiss , y de la compañía Hamburg-America Line .

Otra de las decisiones que se tomaron terminada ya la reunión, a iniciativa del Dr. Bosse del Ministerio de Armamento, fue la creación de un grupo secreto que ayudara, en la clandestinidad, a la evasión, camuflaje y sustento de los altos mandos de las SS por si, en el caso de perder la guerra –cuestión que todos veían venir pero que estaba prohibido mencionar so pena de incurrir en el delito de derrotismo lo cual llevaba implícito un viaje sin retorno a un campo de concentración o exterminio-, hiciesen todo lo que fuere necesario para dar protección y cobertura a sus miembros. El grupo se vino a llamar: «Organisation der Ehemaligen SS-Angehörigen», en español: Organización de Antiguos Miembros de la SS, más conocida como «ODESSA». Esta iniciativa debía de ser completamente secreta y opaca y solamente ser conocida por unos cuantos dirigentes del partido y por los agentes implicados.

Cada oficina repartida entre las distintas “empresas pantalla” disponía, como mínimo de un agente. La esperanza de esta Operación secreta era la de devolver a Alemania la suficiente fortaleza como para volver a coger el control de su destino con un partido nazi renovado. A los empresarios se les prometieron compensaciones económicas y garantías sobre las concesiones estatales y todo ello a través de los fondos que se iban ingresando en las cuentas del Banco Nacional de Suiza principalmente en Zúrich.

El gobierno suizo y, en especial, su banca aceptaron el oro que, a pesar de su procedencia fraudulenta, los nazis depositaban en sus bancos. Ese oro procedía principalmente de las tesorerías de los países ocupados y de los activos y títulos de propiedad expropiados a los judíos tanto de Alemania como del resto de países. A cambio, Suiza, entregaba divisas a las nazis con los que podían efectuar las transacciones comerciales producto de la guerra.

Los distintos centros de inteligencia de los Aliados vigilaban muy de carca esta colaboración económica entre los suizos y la Alemania nazi. “Anteriormente, las transacciones de capital por parte de los industriales alemanes hacia los países neutrales se tuvieron que llevar a cabo de forma muy subrepticia -pues se trataba de una acto de contrabando de divisas-, y siempre por medio de la influencias especiales. Ahora el partido nazi apremia a los industriales y les insta a salvarse a sí mismos para conseguir fondos fuera de Alemania, avanzando al mismo tiempo en sus planes para las operaciones de después de la guerra”.

Poco más de dos meses después del desembarco de Normandía por los Aliados, los nazis estaban siendo presionados por las tropas anglo-americanas y francesas por el Oeste y por el ejército soviético por el Este. Después del atentado frustrado contra Hitler en la “Operación Valkiria”, los dirigentes ya empezaban a mostrar su nerviosismo tal y como refleja el profesor Dr. Tooze, de la Universidad de Cambridge, en su libro “Los salarios de la destrucción: La conexión y desconexión de la economía nazi” en el que llega a decir: "En 1944 cualquier discusión sobre la planificación de la posguerra fue prohibido. Era muy peligroso hacerlo en público. Pero las SS estaban pensando a largo plazo. Si usted está tratando de establecer una coalición viable después de la guerra, el único lugar seguro para hacerlo es en el marco del aparato de terror”.

La mentalidad sagaz de un asesino como Otto Ohlendorf, comandante del SS Einsatzgruppe D en el frente oriental entre 1941 y 42 donde fue responsable del asesinato de más de 90.000 seres humanos entre hombres, mujeres y niños; con un alto nivel de preparación académica, hombre culto, abogado y economista inteligente, simplemente preocupado por los efectos psicológicos que podían derivar a sus hombres de los pelotones de exterminio, le llevó a aceptar un cargo en el Ministerio de Economía donde se centró, especialmente, en el comercio de exportación preservando e incrementando la enorme riqueza acumulada por las SS.

Ohlendorf, que fue hallado culpable, condenado y ahorcado tras los juicios de Nuremberg, sentía un gran aprecio y consideración por su colega, el economista Ludwig Erhard el cual había realizado un estudio sobre la larga transición económica sobre una economía de post-guerra como le podía suceder a Alemania si la perdía. Ohlendorf, que también había sido Jefe de la SD, la policía nazi encargada de la seguridad interior, protegía a Erhard al mismo tiempo que él era un protegido del Reichfhürer Himmler.

El documento de la Inteligencia Militar de EE.UU. codificado como: EW-128 Pa, es tan frío ahora como el día en que fue escrito en noviembre de 1944

Ambos, Ohlendorf y Erhard, temían una elevación de la híper inflación tal y como había sucedido en la economía alemana de los años veinte. Tal catástrofe hubiera hecho que el imperio económico que estaban construyendo las SS hubiera resultado estéril.

Los dos hombres estuvieron de acuerdo en que la rápida estabilización monetaria durante la posguerra solamente vendría a través de una unidad monetaria estable, pero eran conscientes que ello iba a depender de las potencias ocupantes ya que después de la guerra el Estado alemán no tendría legitimidad suficiente para introducir y menos para valorar su moneda.

Esa unidad monetaria se convertiría en los marcos alemanes que fueron introducidos en 1948. El éxito fue asombroso y supuso, con la ayuda de los gobiernos ocupantes, el pistoletazo de salida de una emergente economía alemana. Con una moneda estable, Alemania volvía a ser, una vez más, un atractivo socio comercial, de esta forma el tejido económico industrial alemán podría ser de nuevo puntero en toda Europa.

La guerra iba a ser extraordinariamente rentable para la economía alemana. En 1948, a pesar de los seis años de hostilidades, los bombardeos aliados habían dejado a Alemania totalmente en ruinas y se debía de volver a reconstruir. Erhard reflexionó cómo la destrozada industria alemana podría ampliar su alcance en todo el continente europeo. La respuesta fue a través de la supranacionalidad: la entrega voluntaria de la soberanía nacional a un organismo internacional.

Alemania y Francia fueron las impulsoras de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), la precursora de la Unión Europea. La CECA fue la primera organización supranacional, establecida en abril de 1951 por seis países europeos. Se reguló un mercado común del carbón y del acero.

Todo esto estaba muy bien y auguraba una prosperidad desconocida hasta entonces pero antes de establecer ese Mercado Común había que perdonar a los banqueros e industriales nazis involucrados en la guerra. En 1957 John McCloy, del Alto Comisionado Americano para Alemania, dictó una amnistía para todos los industriales y banqueros culpables de crímenes de guerra. Los dos industriales nazis más poderosos, Alfred Krupp de las Industrias Krupp y Friedrich Flick, cuyo Grupo Flick, finalmente tenía un 40 por ciento de participación en Daimler-Benz, fueron liberados de la cárcel tras cumplir apenas tres años.

Krupp y Flick habían sido unas de las figuras centrales en la economía nazi. Sus empresas utilizaban mano de obra esclava como si de ganado se tratara, haciéndoles trabajar hasta la muerte.

La empresa Krupp pronto se convirtió en uno de los principales grupos industriales de Europa. El Grupo Flick, también rápidamente construyó un imperio de negocios nuevos paneuropea. Friedrich Flick se mantuvo sin mostrar arrepentimiento por su historial de guerra y se negó a pagar un solo marco alemán en concepto de indemnización hasta su muerte en julio de 1972 a la edad de 90, cuando dejó una fortuna de más de mil millones de dólares USA, el equivalente a 400 millones de libras en el momento. "Para muchos protagonistas industriales cercanos al régimen nazi, Europa se convirtió en un trampolín para la consecución de los intereses nacionales alemanes después de la derrota de Hitler", dice el historiador Dr. Miguel Pinto-Duschinsky.

“La continuidad económica de Alemania y del resto de países de la Europa de la posguerra es sorprendente. Algunas de los principales protagonistas de este milagro económico que derivó en la construcción de la Unión Europea eran antiguos miembros del partido nazi”, tal y como lo reconoció el banquero más poderoso de la Alemania de posguerra, Hermann Abs.

Al igual que Krupp y Flick, Hermann Abs había prosperado durante el III Reich. Hombre pulcro, diplomático y elegante se unió a la directiva del Deutsche Bank, el mayor banco de Alemania, en 1937. A medida que las tropas alemanas invadían Europa, empezando por Austria y Checoeslovaquia, el Deutsche Bank adquiría la propiedad de los bancos expropiados a los judíos. En tan solo un año, de 1942 a 1943, gracias a los trabajadores esclavos que le proporcionaba el partido nazi, el banco cuadruplicó sus beneficios.

Abs también pertenecía al Consejo de Administración de la I.G. Farben como representante del Deutsche Bank. I.G. Farben fue una de las compañías más poderosas de la Alemania nazi, que se formó de la unión de BASF, Bayer, Hoechst y otras filiales durante los años veinte. Esta compañía, la I.G. Farben, estaba tan íntimamente unida a las SS que llegaron a edificar el campo Auschwitz III donde se abastecían de esclavos donde decenas de miles de judíos y otros prisioneros fallecían produciendo caucho artificial. Cuando ya no les eran necesarios dado su precario estado de salud, eran trasladados a Birkenau donde eran gaseados con Zyclon-B cuya patente era propiedad del mismo laboratorio: I.G. Farben.

Terminada la guerra 24 directivos de I.G. Farben fueron acusados de crímenes contra la humanidad. Declarados culpables, solamente doce de ellos, fueron condenados a penas de prisión que oscilaban entre el año y medio y los ocho años. La Empresa I.G. Farben salió indemne y absuelta de las acusaciones.

Hermann Abs es una de las figuras más importantes de la reconstrucción de la Alemania de la posguerra y, en gran parte gracias a él, del Mercado Común, antecedente de la Unión Europea al haber creado en 1946 junto a un grupo de la élite intelectual la Liga Europea de Cooperación Económica que ayudada, en un principio, por el Plan Marshall con sus fondos de reconstrucción supo salir adelante y convertirse en el nuevo modelo europeo a partir de 1948.

Cuando Konrad Adenauer, primer canciller de la República Federal de Alemania después de la II Guerra Mundial, tomó el poder en 1949, Abs fue su asesor financiero más importante.

Ese 1957, los seis miembros de la CECA firmaron el Tratado de Roma, que estableció la Comunidad Económica Europea. El tratado sobre el comercio más liberalizado y que creó instituciones supranacionales cada vez más potentes, incluido el Parlamento Europeo y la Comisión Europea. Pero el milagro económico alemán, tan vital para la idea de una nueva Europa, fue construido sobre el asesinato en masa. El número de esclavos y trabajadores forzados que murió mientras estaba empleado por las empresas alemanas de la época nazi fue 2.700.000. Algunos pagos de compensación esporádicos se hicieron, pero la industria alemana acordó una solución definitiva y global hasta el año 2000, con un fondo de compensación de 3 mil millones de libras. No hubo admisión de responsabilidad legal y la retribución individual fue insignificante. Un trabajador esclavo recibiría 15.000 marcos alemanes (alrededor de £ 5.000), un trabajador forzoso 5.000 (alrededor de £ 1.600). Cualquier solicitante que aceptara el acuerdo tuvo que comprometerse a no iniciar ninguna acción legal.


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Autor:
Jaime Bel Ventura (52 noticias)
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