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Restricciones en la enseñanza de la Literatura

11/01/2011 23:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por José Castillo Baeza

Para Anita Aguiar Loría

¿Cuál debiera ser el objetivo de enseñar Literatura en el nivel medio superior? Yo no creo que deba haber nada por encima de la meta de formar lectores y, sin embargo, la rigidez en los programas de estudio y las formas dictatoriales que ejerce el sistema educativo parecen desviar la enseñanza de la Literatura en el bachillerato hacia terrenos donde lo único que se cultiva es, paradójicamente, el alejamiento que tienen los jóvenes para con la lectura.

Hace unos días, Gabriela E. Basto Niquete hablaba en esta sección de POR ESTO! acerca de los problemas en los que se encuentra la enseñanza de la Filosofía en el nivel medio. Entre los numerosos problemas que señala la autora, destaca el hecho de que el "desconocimiento de la importancia de la Filosofía General y del aporte que puede prestar al educando se ha debido, en parte, a los propios profesores de la especialidad, quienes, en muchas partes, se han dedicado a enseñar una aburrida historia de la Filosofía, con el acento puesto en la Filosofía antigua, sin explicación de la conexión con el mundo actual y con la realidad de los jóvenes y de los niños".

imageEllo es aplicable también a la enseñanza de la Literatura, puesto que los programas de la UADY piden más bien una revisión exhaustiva de corrientes, estilos, autores y obras; una historia de la Literatura más que la literatura en sí misma; una revisión de conocimientos especializados más que estrategias encaminadas a formar lectores que sepan leer el mundo. En este sentido, las lecturas se instrumentalizan puesto que no se leen los textos para apreciarlos, valorarlos y disfrutarlos en sí mismos sino para ver en ellos representaciones de las diferentes corrientes artísticas y aún sin llegar a comprenderlas a profundidad. Pareciera que enseñamos Literatura a jóvenes que en breve estudiarán Letras, Lingüística o Filología. Respecto a este problema, Pedro César Cerrillo comenta en su más reciente libro Lectura, literatura y educación (Porrúa, 2010): "Probablemente lo que hoy se necesite, no sea tanto enseñar Literatura como enseñar a apreciar la literatura, o, en todo caso, poner a los alumnos en disposición de poder apreciarla y valorarla, porque no es lo mismo "formar al alumno" que "transmitirle conocimientos [...]". Cosa que quizá no sería descabellada si llegasen a las aulas de la preparatoria estudiantes bien preparados y con hábitos de lectura sólidos. La realidad está lejos de ser así y, por lo tanto, el sistema educativo no puede pedir enseñar "análisis literario" cuando tenemos un gran número de alumnos que no ha logrado pasar de un nivel literal de lectura.

Habría que comenzar a replantear (e incluso reducir) los programas de estudio y el cúmulo de conocimientos declarativos para dar lugar a estrategias de enseñanza que propicien el amor por la literatura, revisar con mayor profundidad textos de autores contemporáneos para después, en un segundo momento, acercarse con mucha cautela a los clásicos. No podemos dejar fuera de la enseñanza la apreciación subjetiva, el diálogo y el goce estético solamente porque no son evaluables de forma objetiva. No hay que limitarse al sagrado y canonizado libro de texto ni al programa de estudio sino más bien echar mano de todos los recursos necesarios para encausar a los jóvenes en la lectura literaria, aunque ello signifique salir de la comodidad en la que seguramente viven muchos profesores de literatura, puesto que es muy fácil sentarse a enumerar las características de la Literatura Renacentista, Romántica, Realista; no cuesta nada hacer un listado de los autores más representativos o decir que el Quijote es la máxima obra escrita en lengua castellana. Pero y eso qué le importa a un estudiante de preparatoria que toda su vida ha vivido alejado de los libros en buena medida, quizá, porque entiende la poesía como declamación o porque en la secundaria lo más importante era saber en qué fecha nació y murió Benito Pérez Galdós o porque alguna vez le hicieron leer fragmentos de la Ilíada sin una mínima preparación previa.

"Se nos educa para disciplinarnos en nuestros deberes, pero no en nuestros placeres. Por eso nos cuesta tanto trabajo ser felices", dice el narrador español Antonio Muñoz Molina. La literatura no es un catálogo sino una ventana a través de la cual miramos el mundo y nos miramos nosotros mismos. O como dice el propio Antonio Muñoz: "Donde está y donde importa la literatura es en esa habitación cerrada, donde un hombre escribe a solas a altas horas de la noche; en el dormitorio de un niño que se desvela leyendo a Emilio Salgari; en el aula de un instituto donde un profesor, sin más ayuda que su entusiasmo y su coraje, transmite a uno solo de sus alumnos el amor por los libros".

Josecastillobaeza@gmail.com


Sobre esta noticia

Autor:
Redliteraria (173 noticias)
Fuente:
redliterariadelsureste.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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