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\'El respeto a las personas mayores\' por Ing. Ricardo a. Longinotti

12/05/2009 15:45

2 El respeto hacia las personas mayores no es sólo una obligación moral para todas las personas, sino que también puede darnos una agradable recompensa

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En todas las sociedades tradicionales, antiguas y no tanto, era una actitud lógica y natural el respeto hacia los padres en particular y los mayores en general. Incluso en las sociedades no demasiado centralizadas, donde aldeas y pueblos tenían cierta libertad para gobernarse, lo normal era que hubiera un grupo de "ancianos" que dirigía los destinos del pueblo, o al menos era el grupo que asesoraba al jefe del pueblo (tanto si este jefe era del mismo pueblo o si venía impuesto por el poder central).

En todas las religiones se enfatiza el respeto a los padres y mayores, como uno de los pilares fundamentales del comportamiento exigido a sus fieles. En la Biblia lo vemos en los Diez Mandamien­tos, y muy claramente en Éxodo 21-15: "El que golpee a su padre o a su madre será castigado con la muerte" y Éxodo 21-17: "El que maldi­ga a su padre o a su madre será castigado con la muerte".

Mas allá del justificativo religioso de este respeto, debemos tener en cuenta que esta actitud es prácticamente universal y tan antigua como las primeras sociedades estables conocidas (de los grupos humanos anteriores no quedan testimonios para asegurarlo), y aún hoy se observa en pequeñas comunidades agrícolas tradicionales, dónde las decisiones son tomadas por grupos de "ancianos", o por dirigentes que se apoyan en el consejo de esos ancianos. Incluso cuando dentro de las sociedades se formaban "clases sociales", dentro de cada clase las decisiones eran tomadas por los ancianos o siguiendo el consejo de ellos (durante la época del Virreynato, el Virrey tenía como consejo al Cabildo, formado en su mayoría por los miembros mayores de las familias patricias; a su vez los campesinos seguían y respetaban la opinión de los campesinos de más edad).

Sin embargo, hoy en día el tema es muy diferente, ya que los "ancianos" no sólo no son consultados en las decisiones, sino que son ignorados o sencillamente apartados como estorbo. Únicamente en el caso de nuestros propios abuelos, se los tolera dentro de la familia, mas por sentimentalismo y vergüenza que por creerlos capa­ces de aportar ideas importantes. ¿Qué es lo que cambió?.

La respuesta está en el origen del conocimiento (“Conocimiento es poder”): en las sociedades tradicionales agrícolas (como fueron todas las sociedades hasta la Edad Media) la única fuente de conocimientos para la inmensa mayoría de la gente era LA EXPERIENCIA; las decisiones sobre temas vitales para la supervivencia tales como cuándo sembrar, cuándo cosechar, cómo tratar a los animales y a las personas enfermas, se basaban en las experiencias de años anteriores; cuando se presentaba una situación no habitual (guerras, pestes, plagas, etc.) era más probable obtener consejo acertado de quien ya había vivido más años, ya que había más posibilidades de que hubieran visto algo similar en el pasado. Si bien había algunos "sabios", sus consejos no estaban al alcance de todos, y aún estos sabios tenían sólo cierto caudal de conocimientos heredados y mucho de experiencia propia, lo que ponía a los sabios de mayor edad en mejor posición.

el dolor, ira y frustración por rechazos, traiciones o la pérdida de un ser querido son muy parecidas a las que sintieron nuestros padres o abuelos (que las han tenido, Y LAS HAN SUPERADO)

Mas tarde el conocimiento fue incrementándose en cantidad y diversidad, y los que se dedicaban a estudiar ("los científicos") fueron siendo más eficaces para lograr resultados que quienes sólo tenían experiencia. Estos quedaron relegados a cuestiones domésticas o secundarias, despreciadas por los "científicos": típico ejemplo es la preparación de la comida diaria, donde las señoras mayores suelen tener más "mano" que chicas más jóvenes e inexpertas.

Sin embargo el problema no era demasiado grave hasta hace pocas décadas, ya que la mayoría de las decisiones involucraban tratos personales, donde una persona “experimentada” era todavía muy valo­rada: ejemplo típico era el fundador de un negocio o empresa, quien con su "olfato" y experiencia manejaba los negocios hasta edad muy avanzada, haciendo caso o no del consejo de los "expertos", según su propio criterio (ej: Henry Ford, creador de los autos Ford).

En los últimos años la toma de decisiones se ha complicado tanto debido a los múltiples factores y datos a tener en cuenta que, salvo raras excepciones, los "ancianos" no pueden seguir el ritmo, y las empresas buscan personas de mediana edad para reemplazarlos. Si a esto sumamos que la computación se ha metido en nuestras vidas en forma tan profunda y cambiante, vemos que los jóvenes de hoy manejan con naturalidad conocimientos y programas que a sus mayores les resultan casi incomprensibles. Esto lleva a una desvalorización de los mayores ante los ojos de los jóvenes (se comienza con "el viejo no entiende de esto, y se llega muy fácilmente a “el viejo no sabe nada”). La habilidad para ganar dinero o aprender rápido un programa de computación se confunde con la capacidad total de la persona.

Pero aquí hay un error muy grave: la vida no se reduce a saber manejar aparatos nuevos o programas de computación, ni a tener éxito en ganar dinero, la vida es la interacción del ser humano con otras personas y con el mundo que lo rodea, y en este terreno todavía hay mucho por aprender de los mayores. Podrán cambiar los códigos, pero la amistad sigue siendo la misma dentro de cualquier generación. Podrán cambiar las modas y los límites, pero las confusiones y dudas de los jóvenes de hoy son, en el fondo, las mismas que las de los jóvenes de los '70 o de los '50. Podrán cambiar los programas de estudio, pero los temores ante un examen o los problemas con los compañeros de colegio son los mismos que tuvieron nuestros abuelos. Podrán cambiar los nombres de las empresas, pero las sensaciones ante la entrevista para el primer empleo, el primer día de trabajo, un jefe exigente o compañeros conflictivos son las mismas hoy que hace cuarenta años. Serán otros los nombres, pero los sentimientos de dolor, ira y frustración que nos generan los rechazos, las traiciones, las separaciones y la pérdida de un ser querido son muy parecidas a las que sintieron nuestros padres o abuelos (que seguro ya las han tenido, Y LAS HAN SUPERADO).

Con todo lo anterior quiero hacer notar que nuestro mundo no es tan distinto al de nuestros abuelos o nuestros padres y tíos, habrán cambiado cosas externas, las ropas y el lenguaje, pero los SENTIMIENTOS, los DOLORES y las DUDAS que enfrentamos son, en el fondo, los mismos que YA HAN ENFRENTADO Y SUPERADO NUESTROS MAYORES. Entonces, si cuando tenemos un problema buscamos al que sabe sobre ese tema, ¿por qué no buscamos CONSEJO PARA NUESTRA VIDA en quienes ya han vivido mucho, y con su felicidad nos demuestran que han sabido encontrar el camino?. No los dejemos a un lado. Y si se trata de nuestros padres o abuelos, tanto mejor, ya que sabemos que ellos nos quieren, y se preocuparán especialmente por darnos el mejor consejo.

hoy en día el tema es muy diferente, ya que los "ancianos" no sólo no son consultados en las decisiones, sino que son ignorados o sencillamente apartados como estorbo

Ing. RICARDO A. LONGINOTTI

tsdlonginotti@hotmail.com

www.tsdlonginotti.blogspot.es

 

Comentarios

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zuly ramir (22/06/2012)

eso no es verdad hay que inrespetarlos okey

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memo (06/11/2013)

esta bien la informacion