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El reloj sin pilas ¿a qué hora llegaremos a fin de mes?

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25/08/2018 22:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A través del programa "30 days in minium wage" Morgan Spurlock graba en Estados Unidos la creciente desigualdad y la baja movilidad económica mientras “barnizar la cerca es trabajo, pero cuando hay que pagar por tener el derecho de barnizar, se convierte en un privilegio” Tom Sawyer de Marx Twain

A través del programa 30 days in minium wage Morgan Spurlock graba en Estados Unidos su día a día marcado por tres propósitos: conseguir trabajo, vivir con el salario mínimo y congelar las cuentas bancarias desprendiéndose de todas las tarjetas de crédito. Para ello, Morgan Spurlock y su mujer Alex sobreviven durante 30 días con el salario mínimo en el estado de Ohio. Deben buscar una vivienda económicamente asequible, reducir todos los gastos, utilizar el transporte público en todos los desplazamientos y aceptar cualquier trabajo.

     Ben Franklin, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, dijo “el tiempo es dinero”, pero no matizó si el tiempo empleado corresponde al dinero ganado, siendo que para Morgan y Alex el tiempo no es convertible en suficiente dinero y ni tiempo ni dinero pueden ahorrar. Viven en los Estados Unidos del sueño americano donde todo el mundo puede ser lo que se proponga y donde las altas tasas de desigualdad “se han justificado tradicionalmente en el hecho que es el precio a pagar a cambio de tener la mayor movilidad del mundo, American dream, en el que todo el mundo puede forjarse de la nada el futuro que desee sin obstrucciones jerárquicas ni legislativas”. 

   George W. Bush disputó junto a John Kerry una batalla por Ohio siendo el estado que suponía la reelección en el año 2004 y afirmó que “eso de las clases es cosa de las democracias de Europa”, aunque tras proponer la medida Healthy marriage initiative, Benjamin Karney concluyó “las personas con menos recursos tienen otras necesidades y problemáticas concretas más allá de las formativas, como puede ser simplemente llegar a fin de mes”. 

    Barack Obama analizó en 2012 la creciente desigualdad y la baja movilidad económica durante las últimas tres décadas y afirmó que: “supone una verdadera amenaza a Estados Unidos como tierra de oportunidades. Las oportunidades económicas y sociales a lo largo de las generaciones están en riesgo a menos que se asuman esfuerzos concretos para proveer más oportunidades para aquellos que nacen en hogares de ingresos bajos”. Este análisis lo realizó tras observar los cálculos económicos cruzando el índice de Gini con la elasticidad de ingresos internacionales, IGE, para mostrar la curva del gran Gatsby “en ella, cuando el coeficiente de Gini tiende a 0 equivale a igualdad absoluta, y cuando lo hace a 100 indica desigualdad absoluta. Por su parte, el IGE refleja una absoluta movilidad económica en torno a 0, y ausencia de esta al acercarse al 10”. Estados Unidos situándose en 2012 en el 0, 5 infiere que los hijos gozarán de un estándar equivalente al 10% superior a la media nacional. 

          Donald Trump, tras una compaña contra los ideales tradicionales de la democracia estadounidense, en 2016 expresó triunfante: “el americanismo, y no el globalismo, será nuestro credo, el pueblo americano será lo primero otra vez. Haremos América grande otra vez”. La realidad es que la población de Estados Unidos que vive con desahogo considera que aquellos gastos sociales, como el subsidio por desempleo o las ayudas oficiales, destinados a los más pobres, son una carga pesada creando una censura el hablar de clases sociales, como así detalla Galbraith en su obra La cultura de la satisfacción.

 Morgan y Alex no se cuestionan que el trabajo sea aburrido y rutinario, la cuestión radica en la aceptación de cualquier trabajo como acto ineludible para ganar un sueldo insuficiente, vendiendo todo su tiempo y fuerza para poder subsistir. En 1980 Glasgow en la obra The Black Underclass al referirse a infraclase: “no se refiere a la carencia de valor moral o ético, ni tiene ningún carácter peyorativo; simplemente describe a una población relativamente nueva en la sociedad industrial. No se trata de que vivan una situación de privación cultural, de carencia de aspiraciones o de que no están motivados para el logro. Muchos de los pobres de larga duración, aquellos que han trabajado a lo largo de la mayor parte de su vida laboral, pero que no han pasado del nivel mínimo de subsistencia, constituyen parte de la infraclase”. La OCDE, el FMI y el Banco Mundial han marcado las líneas de pobreza, siendo la definición de clases bajas e infraclase, o excluidos sociales, parámetros asociados a los salarios o la capacidad de consumo. Los 30 días de Morgan y Alex muestras los ingresos de la familia, su estatus laboral, su capacidad y posibilidad en el pago de la vivienda, alimentación, facturas de luz, centros médicos, compra de bienes muebles, e incluso sus opciones de poder acceder a un museo o cenar en un restaurante. Muestran, por lo tanto, una clase social.

“Las personas con menos recursos tienen otras necesidades y problemáticas concretas más allá de las formativas, como puede ser simplemente llegar a fin de mes” Benjamin Karney

Morgan no puede comer cuando quiere, su habitación no la considera habitable y tener descendencia se concibe como un problema económico grave porque entiende que mantener con un salario mínimo a los hijos es más propio de un milagro. La mujer de Morgan también se encuentra con una gran precariedad laboral andando largas distancias para ahorrar unos pocos dólares al evitar el transporte público. Al llegar a casa vive con la falta de mínimas infraestructuras como una correcta instalación de electricidad, saneamiento y mobiliario. A través de las organizaciones de beneficencia observa con emoción los sistemas de ayuda mutua y asistencia pública que les proporcionan una mesa, sillas, una vajilla y ropa de cama. Dejando de lado el término pobre digno e indigno con una profunda estigmatización a una profunda solidaridad.

Gunnar Myrdal fue el primer sociólogo que utilizó el término infraclase en 1969 para explicar los problemas sociales de Estados Unidos, en concreto aquellas familias e individuos que se encontraban en los estratos más bajos de la sociedad. Otras obras influyentes como The Other America de Michael Harrington basada en la infraclase hereditaria o The Declining Significance of Race de William Wilson basada en la jerarquía social mostraban aquella clase que no podía englobarse en el término de clase baja. Esping-Andersen propone integrar en la estructura de clases a la población sobrante excluida, formada por personas incapaces de acceder o de retornar al empleo. Afirma con ello que el Estado de bienestar puede contribuir a la creación de una población excluida de prejubilados, desempleados de larga duración y otras personas que viven de los subsidios estatales.

 Morgan finaliza su programa invitando a los espectadores a deshacerse por un momento de sus pertenencias y concluye que es mejor persona al experimentar a lo largo de 30 días lo que es trabajo y lo que es privilegio, concepciones que encontramos en Tom Sawyer de Marx Twain “barnizar la cerca es trabajo, pero cuando hay que pagar por tener el derecho de barnizar, se convierte en un privilegio”, de aquí que el concepto trabajo sean distinguido entre “lo que alguien debe hacer” y “lo que debe ser hecho necesariamente”. “Ganarse el pan” es la actividad que debe ser cumplida para poder vivir, aunque el dinero se convierta en la maldición de la vida cotidiana. Como escribió Marx el trabajo “no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo, de esto resulta que el hombre (el trabajador) sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar, y todo lo más en aquello que toca a la habitación y el atavío, y en cambio en sus funciones humanas se siente como un animal”.

El tiempo se convierte en un recurso económico sincronizado y cuando Morgan o Alex acuden a su trabajo cada minuto es un céntimo en el cheque final. Morgan encuentra trabajos repetitivos, con poca habilidad y menor aprendizaje. En la lógica del reloj ningún trabajo lleva a la satisfacción personal en el transcurso del tiempo, en palabras de Alonso “el minuto estándar se está convirtiendo en la unidad básica para todos los sistemas de control de tiempo en todos los sectores de empleo, independientemente de la forma de trabajo que se trate. La lógica natural de las estaciones cíclicas, las posiciones del sol en el cielo, la hora de comer o la tarea que había que efectuar fueron reemplazados por la lógica del reloj como la base del tiempo. En el capitalismo el tiempo es lineal en lugar de circular. Se tiene que ahorrar y usar”.

     El dinero y el tiempo son valores intercambiables, como muestra Hernes “el tiempo es tratado como un recurso escaso cuya racionalización y eficiente utilización son básicas para nuestra cultura. La reducción del tiempo necesario para la producción de bienes fue un importante incentivo para el desarrollo del sistema fabril.  Muchos autores han descrito la tremenda resistencia popular a la introducción del reloj para controlar el tiempo, y a la disciplina horario de las fábricas, y a las duras medidas utilizadas para obligar a la puntualidad”.

              Morgan y Alex son el grupo social que ponemos definir “el reloj sin pilas”, individuos que sincronizan sus horas con las agujas del reloj del mercado laboral. Persiguen cubrir sus necesidades básicas sirviendo con su tiempo y fuerza en trabajos precarios. Consiguen trabajos que muestran un reloj y son trabajadores que lo abarcan en su totalidad sin obtener los suficientes beneficios para comprar pilas.

“Eso de las clases es cosa de las democracias de Europa” George W. Bush


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Autor:
Joanna Lagunowicz (17 noticias)
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