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El regalo (historia de transplante de pulmón)

06/04/2011 21:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jorge y Leslie Bacardi de Bahamas hicieron el regalo para la construcción de la casa Gabriel y así expresar su gratitud a la Clínica Mayo Jacksonville y al donante de órganos

Por Matt Derechin

Nunca, en los 10 años que llevo escribiendo, me había encontrado con una historia como esta que involucra a las familias Bacardí y Gregory y a la Clínica Mayo. Espero poder describir adecuadamente su singularidad.

¿Cómo comenzar? Tal vez con los eventos del jueves 27 de marzo de 2008, cuando los Bacardí volaron desde su casa en las Bahamas a la Clínica Mayo de Jacksonville, Florida, donde un equipo estaba preparado para el trasplante doble de pulmón que le salvaría la vida a Jorge Bacardí.

Que el viaje ocurriera, ya era algo milagroso. Se suponía que el Sr. Bacardí no viviría lo suficiente para lograrlo o sería muy difícil . Diagnosticado, cuando era un niño, con fibrosis quística, los doctores le dijeron a sus padres que estuvieran con él todo el tiempo que tuvieran.

“La fibrosis quística actualmente todavía es un diagnostico serio, pero en ese entonces era básicamente una sentencia de muerte”, dice el Sr. Bacardí (66), un miembro de la ampliamente conocida familia que ha manufacturado ron y otros licores por 150 años. “Tú no piensas en esas cosas cuando eres un niño, aunque, yo sólo me focalizaba en hacer las cosas que disfrutaba y ser tan activo como pudiera. Yo creo que esta es una de las razones por las que sobreviví tanto tiempo como lo he hecho”.

Sobrevivir fue lo que hizo, a pesar de la gran cantidad de infecciones respiratorias, y con la ayuda de múltiples cirugías para remover el tejido cicatrizado que con lentitud e inexorablemente se formó en sus pulmones. Eventualmente, los doctores determinaron que no tenía fibrosis quística y a sus cincuenta el diagnóstico verdadero fue finalmente identificado – una enfermedad congénita llamada discinesia ciliar primaria.

Sin embargo, su única esperanza era un trasplante de pulmones, que según el Sr. Bacardí, le creaba un dilema moral y físico.

“Tenía incluso dudas acerca de si iba a ser aceptado debido a mi edad y mi historia médica”, dice. “Luché con ello moralmente también. Sabía que mucha gente más joven estaba esperando órganos, y eso me hacía pensar dos veces si debía optar por un trasplante. Necesitaba un foco, una razón para aceptar este regalo tan preciado. Ese era mi esposa, mis sobrinas y sobrinos”.

Además de ser su esposa por 37 años, la Sra. Bacardí es la que principalmente cuida de él. Estuvo lejos de ser fácil ver a su marido consumirse y al mismo tiempo luchar con la decisión de buscar el único tratamiento que podría salvarle la vida. “Fue realmente un tiempo duro y como su apoyo no puedes permitirte estar deprimida”, dice. “Me mantuve diciéndole: la gente no sabrá cuán fuerte eres mental y espiritualmente, si nunca llegan a conocerte. Y yo sabía que él todavía tenía mucho que ofrecer. Reflexionamos al respecto y decidimos que buscaríamos el trasplante. Estaba eufórica”.

Al mismo tiempo, ellos (los Bacardí) prometieron que harían todo lo posible por respetar el regalo que es un trasplante – si el Sr. Bacardí era aprobado para el procedimiento y si era lo suficientemente afortunado para recibir un órgano.

Su cirugía fue un rotundo éxito. Dio sus primeros pasos 19 horas después y dejó el hospital cinco días más tarde. Aparte de salvar su vida, el procedimiento le dio una vida nueva, en un modo fundamental.

Debido a que nació con esta enfermedad, él nunca había aspirado un aliento completo de aire. Ahora, a los 64, experimentaba por primera vez lo que para muchos de nosotros es algo garantizado. “Mi enfermedad había forzado a mi cuerpo a acostumbrarse a menos oxígeno”, dice. “Entonces cuando tomé ese primer respiro después de mi cirugía, fue eufórico”.

Casi inmediatamente, él y la Sra. Bacardí comenzaron a pensar en su familia donante. La Clínica Mayo incentiva a los pacientes a contactar a sus donantes por medio de una carta que es coordinada a través de la Red de Distribución de Órganos de los Estados Unidos (UNOS por sus siglas en inglés), que chequea las cartas para asegurar el anonimato de ambas partes. Los Bacardí no necesitaron mayor impulso para tomar esta decisión.

Hoy, regresando a esa primera carta, es fácil decir que los Bacardí nunca previeron los acontecimientos que ésta puso en marcha. Para entender completamente estos eventos, es necesario volver atrás a la noche de la cirugía del Sr. Bacardí, pero en otro lugar, un hospital de Nueva Orleans donde un estudiante universitario llamado Christopher Gregory recibía la extrema unción luego de sufrir un aneurisma cerebral.

El tercer hijo de Eric y Grace Gregory de Baltimore, Maryland, Christopher Mark Gregory era un joven bromista que hacía amigos fácilmente. Su porte de 1.83 metros – sólo un poquito más alto que su padre, lo que le gustaba resaltar – también le daba una ventaja para cuidar de las personas, algo para lo cual parecía tener una disposición natural.

“El era nuestro bebé, el más joven de tres hombres. Siempre quiso tener una hermana o un hermano menor a quien cuidar”, dice el Sr. Gregory, un trabajador de United Parcel Service, cuya fe, amor por su familia y sentido del humor emergen rápidamente en la conversación. “Él siempre cuidaba a los niños de los vecinos y, cuando estaba en su último año de Bachillerato, manejaba de un lado al otro de la ciudad, todos los días, para colaborar con el cuidado de su abuelo, que estaba en un asilo”.

El Sr. y la Sra. Gregory y los hermanos de Christopher, Colin y John, estuvieron a su lado sus últimos días, volaron desde Baltimore en el momento que supieron que Chris había colapsado en la casa de un amigo y estaba hospitalizado. Muy malas noticias los recibieron cuando llegaron.

“Tenemos que hablar”, comenzó el neurólogo tratante, mientras le decía a la familia el mal pronóstico de Christopher. Muy poco después, el coordinador de la adquisición de órganos les preguntó acerca de donar los órganos de Christopher. La decisión fue sorpresivamente fácil, aunque con una amarga ironía.

“Chris se registró como donante de órganos cuando tenía 16, pero justo una semana antes de que muriera, estábamos hablando acerca de la donación de órganos”, dice Grace Gregory, una enfermera registrada que habla con calma y en un tono paciente que quizás sea consecuencia de criar a tres varones.

“Estábamos todos juntos sentados a la mesa, durante un ‘spring break’ que pasamos en Arizona, cuando de alguna manera, entramos en el tema de la donación de órganos y Chris dijo, ‘¿Para qué voy a necesitar mis órganos cuando me muera? Por supuesto que voy a donar mis órganos’. Por eso cuando nos preguntaron sobre la donación en el hospital, simplemente cumplimos los deseos de Chris”.

“’Hay aviones volando por todas partes esta noche gracias a su hijo’. Eso significó mucho. Sabíamos que Chris no estaba muriendo en vano; que su muerte significaría algo”

Pero rápidamente la conversación tomó un significado aún mayor. En lugar de dejarse llevar por el dolor que los azotó, el asunto se convirtió en un salvavidas; los Gregory querían saber hacia dónde habían viajado los órganos de Christopher. “Tan pronto tuvimos las malas noticias acerca de Chris, era importante saber si habían receptores compatibles para sus órganos”, dice el Sr. Gregory, quien tiene que hacer una pausa varias veces al recordar ese momento. “Los órganos de Chris fueron para cinco personas y sus corneas para otras dos. En un momento, el coordinador de la adquisición de órganos nos habló en privado, y dijo: ‘Hay aviones volando por todas partes esta noche gracias a su hijo’. Eso significó mucho. Sabíamos que Chris no estaba muriendo en vano; que su muerte significaría algo”.

Pronto ellos estaban haciendo su propio viaje a Baltimore de regreso a casa, donde los esperaban un montón de condolencias, que continuaron llegando, llenando su buzón por semanas. Los sentimientos eran reflexivos, dicen los Gregory, pero al mismo tiempo, eran recordatorios dolorosos de su angustia, por lo que necesitaban algo que los hiciera ver al futuro.

Su deseo se iba a cumplir pronto, en la forma de esa primera carta enviada por el Sr. Bacardí. De acuerdo con los requerimientos de UNOS, cada palabra que pudiera identificar al remitente en la carta estaba cubierta con tinta permanente y corrector. Pero esto no detuvo al Sr. Gregory. Usó una lupa y una linterna de gran intensidad para detectar las sombras de la escritura original del Sr. Bacardí. Algunas de las palabras permanecieron impenetrables. Las que él descubrió lo asombraron.

“Dirigió la carta a ‘Gabriel’, el arcángel de la encarnación y el consuelo”, dice el Sr. Gregory. “Escogió ese nombre por Chris, y el impacto que eso tuvo en nuestra familia fue poderoso, más allá de lo que las palabras puedan describir”.

Rápidamente, las dos familias establecieron una correspondencia regular, y eventualmente obtuvieron las direcciones personales de e-mail de cada uno. A medida que su comunicación aumentó, el Sr. Bacardí sintió que los Gregory querían conocerlo. Pero él estaba renuente a hacerlo debido a la diferencia de edad entre él y Christopher. Consultó con su “equipo” de la Clínica Mayo – médicos, trabajadoras sociales y amigos en el grupo de ayuda de doble trasplante de pulmón. Todos le dijeron que no se preocupara. Aún así, él tenía que estar seguro, por lo que encontró un camino para “romper el hielo”, como él dice.

“Me preguntaron acerca de mi escolaridad, y yo respondí que fui a tal-y-tal lugar y que me había graduado en 1966”, dice. “Me respondieron que les había creado un gran dilema porque no sabían si decirme ‘hijo’ o ‘padre’. Esto mostró un excepcional sentido del humor y que eran personas extraordinarias, por lo que hicimos los arreglos para conocernos”.

Se encontraron el viernes 11 de julio de 2009, en Baltimore, en el hotel de los Bacardí. Se abrazaron inmediatamente y pasaron los siguientes dos días juntos. Fueron a misa juntos, conocieron a toda la familia de los Gregory y a muchos de los amigos de Christopher. Visitaron la tumba de Christopher, donde los Bacardí leyeron una carta que describía la vida que llevaban en Bahamas con Christopher. El domingo cuando se dijeron adiós la emoción fue difícil de soportar.

“Eric y Jorge sólo se abrazaron y lloraron y lloraron”, dice la Sra. Bacardí. “Grace y yo solamente tomamos sus manos, esperando poder darles fuerza para pasar ese momento. Fue un fin de semana asombroso. Jorge y yo fuimos allá con la intención de agradecerles a todos y con la esperanza de poder hacer algo positivo por ellos. Nos fuimos sintiendo que éramos nosotros los que habíamos recibido todo”.

Lo extraordinario en lo que esta relación se ha convertido, es sólo una parte del esfuerzo de los Bacardí por regresar el regalo que recibieron de Christopher. Poco después de que el Sr. Bacardí se recuperó de su cirugía, contactó a la Clínica Mayo para hacer un regalo significativo; uno que pudiera honrar a Christopher, a todos los donantes de órganos y a su equipo médico en la Clínica Mayo.

En esta historia de personas extraordinarias, me siento de alguna forma culpable de mencionar al equipo médico justo ahora. Ellos, también, son extraordinarios. De hecho, el programa de trasplante de la Clínica Mayo en Florida es uno de los más grandes del país, y sus tiempos de espera y resultados son excelentes. Cada día, cada miembro de este equipo da lo mejor de sí para aprovechar los regalos que personas como Christopher Gregory dan.

Esto fue especialmente cierto en el caso del Sr. Bacardí. Su cirugía fue compleja y el resultado excepcional. El líder del programa de trasplante de pulmón en Florida es el Dr. César Keller, un hombre reservado que habla con economía, camina rápido y rara vez duerme. “Nunca pareció alejarse de mi lado”, dice el Sr. Bacardí. “Recuerdo haberme despertado en mi cama del hospital a las 3 de la mañana, y el Dr. Keller estaba ahí. Le pregunté: ‘¿Cuándo duerme?’, y él me contestó: ‘Puedo dormir más tarde. Esto es más importante’”.

La expresión de apoyo filantrópico de los Bacardí encendió una chispa que ardía lentamente en el campus de la Florida. Por años, el equipo y los pacientes habían discutido la necesidad de una residencia al interior del campus, que pudiera ofrecer alojamiento asequible de largo plazo a los pacientes de trasplante y de radiación oncológica. Después que los Bacardí dieran a conocer sus deseos filantrópicos, estas discusiones se transformaron en mucho más que una conversación. En la reunión de julio de 2009, los líderes de la Clínica Mayo de Rochester (Minnesota) y Jacksonville se encontraron con los Bacardí para evaluar el interés de la pareja en apoyar la construcción del edificio.

La Sra. Bacardí derramó lágrimas de alegría cuando escuchó la propuesta. Supieron de inmediato el nombre que querían darle al edificio, este era: La Casa de Cuidado de Gabriel.

Abrirá sus puertas durante la primavera de 2011. La casa será administrada por St. Andrew’s Lighthouse, una organización local sin fines de lucro que provee servicios de hospedaje hospitalario hace más de una década. Cada una de sus 30 habitaciones será grande y cómoda.

La ubicación es aislada del campus, pero convenientemente cerca. El diseño la convertirá en una “casa lejos de casa”. Lo mejor de todo, tomando en cuenta los eventos en esta historia, es que será un lugar de amistad y apoyo, con una variedad de características que incentivarán la interacción entre pacientes y las personas que los cuidan.

La fiesta inaugural del edificio, se realizó en marzo 2010. El Sr. y la Sra. Gregory, su hijo Colin y otros miembros de la familia asistieron, así como también el Sr. y la Sra. Bacardí, quienes hablaron durante la ceremonia.

Escuché que no hubo muchos ojos secos durante la ceremonia. Pero no lo puedo decir con certeza, porque tuve que alejarme para estar sólo con mis lágrimas.

No estoy muy seguro por qué lloré. Si pienso en ello ahora, lo hago nuevamente. Creo que al menos hay dos razones. Derramé lágrimas de alegría por el hombre que vivió más de lo que jamás hubiera esperado y descubrió el dulce sabor de un aliento lleno de aire. Derramé lagrimas de dolor por el joven que murió mucho antes de lo que debía y por su familia, que no debería luchar con este tremendo peso.

Pero también creo que lloré por el respeto al espíritu humano. Que las personas pueden superar la tragedia. Que pueden tener tal nobleza. Que tanto dolor puede dar luz a algo tan bueno y potencialmente beneficioso para muchas vidas.

Hubiera querido llegar a esta revelación por mí mismo, pero no fue así. El Sr. Gregory me ayudó a verlo. “No perdemos de vista que lo que da a cinco personas y sus familias alegría nos da un dolor infinito, pero esto no es un juego de suma cero”, me dijo. “La Casa de Cuidado de Gabriel representa a Christopher en el presente y lo que aún está haciendo. Lo que Christopher fue capaz de hacer por Jorge y lo que Jorge es capaz de hacer por otros y lo que Mayo hará por otros tantos, y lo que ellos serán capaces de lograr, representa a Christopher en el presente y en el futuro y eso nos da esperanza y fortaleza”.

Amén.

Reproducido con autorización. Copyright 2010 Fundación Mayo para la Educación Médica e Investigación.


Sobre esta noticia

Autor:
Ggonzalez.mayo Clinic.ecuador (4 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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