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El regalo envenenado de Eisenhower a Franco

07/12/2020 11:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En pago a los servicios prestados por España, en 1954, el “amigo americano” ( luego presidente Eisenhower) regaló a Franco más de veinte de buques de guerra -desde fragatas a destructores-

El Regalo envenenado de Eisenhower a Francisco Franco

 

Tras la firma del primero de los convenios militares entre Estados Unidos y España en 1952, firmados por el general Dwight Eisenhower y Francisco Franco, la Armada española comenzó a recibir buques como parte del agradecimiento del pueblo americano, por el acuerdo.

La historia arranca de lejos. En pago a los servicios prestados por España, en 1954, el “amigo americano” ( luego presidente Eisenhower) regaló a Franco más de veinte de buques de guerra -desde fragatas a destructores e incluso hidroaviones-. Eran navíos de segunda mano, antiguos y no en las mejores condiciones, que habían servido a los yankies contra la marina de Japón, antes de  Hiroshima, y ocasionalmente contra la marina del Reich alemán en la batalla del Atlántico.Había incluso aviones.

Entre esos buques había doce dragaminas, cuatro minadores, Spitfire, los LST clase “Terrebonne Parish”, el L-21 ‘Castilla’ (ex USS Paul Revere), el L-22 ‘Aragón’ (ex USS Francis Marion) y muchos otros valiosos destructores, más un barco de transporte de material, etc... Buques todos que, en su día, fueron construidos utilizando amianto como aislante del calor en tuberías generales, en tubos de ventilación, salas de máquinas, camarotes y pasillos y calderas, el amianto recubría cada rincón de sus tripas.

 

Les terminaron llamando en España, “barcos matahombres”, según el subteniente ferrolano Francisco Feal. Pero demasiado tarde. “Llegaron plagados de ratas, aunque eso no era ni mucho menos lo peor. Lo malo era la nube de amianto desgastado en polvo que circulaba por todas partes y que la marinería estuvo respirando durante meses y meses, incluso años, sin estar consciente de que el amianto era un veneno mortal. Cientos y cientos de compañeros enfermaron casi misteriosamente y muchos terminaron muriendo de cáncer. Aún hoy lo estamos pagando”.

A aquel dicho “La Marina te llama” o el “amianto te liquida”, no se le dio la debida importancia. A los marinos, el Alto Mando de la marina española no les dió ni mascarillas de papel hgienico  para protegerse. Tampoco les dijeron que el material era mortal, aunque sí simplemente que era tóxico. Cuando tienes 20 años lo de “tóxico” no suena a nada. Tonterías.

“Lo manejábamos a pelo”, recuerda indignado el subteniente de máquinas Francisco Feal, hoy muy mayor, rondando los 75 en tratamiento de cáncer de pulmón a causa del tóxico inhalado durante sus casi 40 años de servicio en la Marina de Franco. Los altos jefes, almirantes para abajo y ni siquiera alféreces y hasta suboficiales no sabían nada. Y no se les decía nada a los subordinados. A Francisco Feal y a otros muchos marinos rasos se les ocultó desde el primer momento que estaban navegando en un ataúd. !!Cabrones¡¡, porque ellos-los hombres del general Eisenhower- lo sabían y  les importaba un bledo lo que pasara a los “spanish”. Como Hitler, Franco o como el propio Eisenhower.Pero Franco era un caballero y Eisenhower un gentleman.¿ Sabían lo que era el amianto?

Franciso Feal, subteniente de máquinas, lleva ocho años retirado por el tumor. “Mi padre ni sabía cómo se llamaba aquello que lo estaba matando», dice su hija Caridad.

La última misión en alta mar del sargento primero Manuel López González la hizo en el rebautizado Almirante Valdés, otro de los destructores cedidos por EEUU a Franco, con 180 hombres a bordo. Si los altos mandos americanos lo sabían los mandos de la Armada española también. Y el gobierno. González recibió la Cruz al Mérito Naval con distintivo amarillo, otorgada a quienes dan la vida por su país. !Qué sarcasmo¡.!Cuanta crueldad¡ Y él naturalmente dio la vida. Sobre todo, enfrentándose a un enemigo invisible, de cuya presencia y peligro nunca se lo advirtieron en serio mientras navegaba por el Mediterráneo, Guinea, Sidi Ifni o las costas de Cabo Verde, después de la guerra civil española en las guerritas marruecas de los generalotes para no ceder suelo rojigualda a los africanos..Faltaba información...O sobraba por uno de los lados!!! 

La esquela reza como sigue: “Don José Manuel Bernal Sierra, inspector general del Cuerpo de Máquinas de la Armada. Manuel Vila Feal, teniente Orípedes Fraguas, alférez de navío. Miguel Rodríguez Couce, subinspector general. Manuel López González, sargento...” Así figuran uno por, uno, hasta 18 marinos, oficiales y suboficiales, muertos por la patria. En silencio. Sin salvas de honor ni recuerdo en telediarios o periódicos justo solo, al popularizarse la TV y el noticiario NO.DO. Eran días de las hazañas “pacíficas” de Franco y las Cortes, el estraperlo, la desinformación, la mentira.

Ninguno muerto por las balas de un cañón, por un torpedo o por una mina en alta mar aunque los hubiera. Al contrario. El enemigo les esperaba no en el mar sino oculto dentro del barco. Los militares que aquí figuran, y muchos más -algunos de ellos, como el teniente Fraguas, condecorados en vida con la Gran Cruz al Mérito Naval-, estuvieron años muriendo poco a poco, muy lentamente,    cayendo todos con cáncer tras años de trabajar con amianto en sus propios buques.

 

En su ambiente tóxico vivió González luchando durante 40 años hasta su muerte con 70 en diciembre de 2009. “No lo perdono”, decía él, refiriéndose a su querida Armada. En una resolución del 7 de enero de este año, Defensa   admitía esta vez que González había sido víctima del amianto (“Ha quedado acreditado que falleció como consecuencia de una enfermedad provocada por la prolongada exposición al amianto durante los años en que prestó sus inestimables servicios en diversos buques de la Armada”), y acordaba indemnizar a su familia con 60.000 euros!, muy por debajo de los 300.000 reclamados por sus hijos.¡¡¡¡Cabrones!!!

¿Por qué eran tan bajas las indemnizaciones?. “Porque la Marina aplicaba el reglamento de Tráfico, es decir, tasaba igual la muerte por amianto que la de un muerto en accidente prudente o imprudente al cruzar la carretera”, explica la abogada de Oria y Pajares, que desde hace meses colabora con Seeger Weiss, un despacho norteamericano experto en asuntos de amianto que ya ha logrado arrancar compensaciones millonarias allí para clientes de importancia. Pero la Marina ahorraba mucho dinero, mucho, con sus muertos.

Pero no todas las víctimas o sus familiares estaban por la labor de reclamar. Hasta el último momento Alberto tuvo que convencer a su padre, Orípedes Fraguas, alférez de navío, para que diera un paso al frente. En mayo de 2009 le empezaron las toses. Se ahogaba. Subía las escaleras y le faltaba el aire. Se acostaba y le faltaba el aire. Se agachaba para atarse los zapatos y otra vez le venía el ahogo, la tos seca y ronca.De todas formas le faltaba el aire.

Por primera vez Orípedes se sentía raro. Había soplado 58 velas, cinco meses antes, sin saber lo que era un catarro.58 velas. El mar, su segunda casa desde los 17 años, había hecho del veterano marino un roble. Un roble que comenzaba a tambalearse al secarse.

Algo va mal aquí dentro -le repetía a su hijo, golpeándose el pecho con la mano, poco antes de enfermar.

 

El amianto que recubría los viejos destructores, las patrulleras y los dragaminas, a los hidroaviones, que subieron con la misión de defender a su patria, estaba por todas partes: en las tuberías, en las mamparas, en el aire… Y así, a fuerza de respirar el mineral contaminante -utilizado como aislante del calor-, la semilla del cáncer se instaló y fue creciendo entre los tripulantes de aquellas naves. Sobre todo, entre quienes estaban destinados en máquinas.No se salvaba ni  dios.

En Estados Unidos se han registrado miles de casos en la última década de envenenamiento por amianto –que causa un proceso poco común de cáncer denominado mesotelioma, que afecta principalmente a los pulmones-. Muchos de esos casos –la inmensa mayoría se dan en mecánicos- han terminado en la Justicia, que ha reconocido la responsabilidad de la U.S.Navy y ha condenado a multas de millones de dólares al Pentágono.Multas no limosnas.   

Algo similar pudo haber ocurrido en España, donde ya se han certificado muchos casos de cáncer provocado por el amianto de los buques cedidos por Estados Unidos –y otros pertenecientes a la clase Baleares, como la F-75 ‘Extremadura’, fabricados no por Eisenhower sino por  Astilleros Bazán siguiendo especificaciones y patrones made in USA.La culpa no era de Eisenhower¡¡¡¡

En el último caso no fue necesario el paso por los tribunales, ya que Defensa asumió varios informes al respecto del Consejo de Estado, en los que se reconoce la responsabilidad pública de haber expuesto a militares ante una sustancia que la Administración reconocía de sobra como toxica. 

“Ahora sabemos que el peligro ya se conocía en los años 60 en otros paises. ¿Cómo no se iba a saber aquí?”

Sólo en la ciudad de Ferrol(del Caudillo) han muerto nueve militares en los últimos tres años, según la Asociación Gallega de Víctimas del Amianto.Casos a los que hay que sumar al menos 11 demandas que se prepararon. Ojalá la cosa no quede ahí. Podrían ser decenas, o tal vez cientos, las víctimas de los barcos tóxicos de la Armada regalada(o envenenada), según estiman dos de los bufetes de abogados que han destapado una tragedia de la que no se puede ni hablar.

El bufete de abogados español "Oria, Pajares y Asociados", trabaja con estos casos en colaboración con un despacho norteamericano  experto en asuntos de amianto, Seeger Weiss, que ya ha logrado indemnizaciones millonarias en la justicia norteamericana.Veremos sin creer en nada. 

“Los militares yankies nunca se preocuparon de de los marinos hispanos. Yo no he visto una mascarilla en mi vida», dice un marinero con cáncer. Los mandos por supuesto también lo sabían desde el primer día.. 

“Lo que está urdiendo ahora el Ministerio de Defensa es evitar ir a juicio”, asegura la abogada Andrea Peiró. “Prefiere llegar a acuerdos económicos con los familiares de las víctimas, echar pelotas fuera, lejos, lejos, y que no trascienda a la opinión pública, para evitar escándalos, se han dicho esándalos 

El radiólogo, al ver las placas de sus pulmones, lo primero que le preguntó era si había estado en contacto con amianto. Ojo clínico. Durante 36 años Orípedes había reparado las tripas de nueve barcos de guerra, según consta en su hoja de servicio. Entre ellos los de la clase Liniers y USS Jervis, en el paquete de los regalados (generosamente) por EEUU a España, destructores que serían rebautizados con el nombre Alcalá Galiano o algún marino ilustre que  desde luego no murió por culpa del amianto, además del crucero Canarias, de fabricación española y bien dotado también con amianto.

“Se pasaba meses navegando en contacto diario con el tóxico”, dice Alberto, de 40 años, uno de los dos hijos del malogrado militar. “Nadie le advirtió nunca de que estaba trabajando con un mineral muy peligroso, a pesar de que los mandos eran conscientes del hecho o no les importaba”.

Mi padre, como otros muchos compañeros suyos, soportaba temperaturas superiores a los 50 grados, en turnos de siete horas en las calderas.

 “Y cuando había una fuga de aire, algún líquido se escapaba de los motores o se filtraba agua de las tuberías, retiraban la protección de amianto estropeado y ponían en seguida otra nueva, sin perder un minuto. Así se fue contaminando mi padre y todos los demás”.

 

Alberto llegó a tachar de “broma” las revisiones médicas que se hacían a aquellos marinos. “Les sacaban sangre, les hacían decir 33 para auscultarles y no mucho más. Luego los llamaba el médico militar de turno y les decía que todo iba y estaba bien, muy bien, y que no había de que preocuparse”.

Dos años después de que le extirparan el pulmón derecho, debido al cáncer de pleura, el 29 de mayo de 2011 Orípedes falleció. Nunca llegó a saber si la entonces ministra de Defensa, Carme Chacón, había llegado a recibir o leer la carta que el alférez le envió. Fechada el 10 de agosto de 2009, tres meses después de que entrara en quirófano, el marino Orípedes firmaba esta misiva desgarradora:

 “Existen en este momento cientos de compañeros que, o bien sufren sin saberlo alguna enfermedad relacionada con la exposición a este material (amianto), o bien sufrirán en los próximos años similar patología (...). No consta que su ministerio esté actuando de manera preventiva, como es su obligación ética y legal, anticipándose a una catástrofe humana cuyo peor momento aún está por llegar (...)”.

Y continuaba diciendo: “Le comunico mi más profunda decepción ante la actitud de un organismo al que he servido fielmente durante tres cuartas partes de mi vida, que abandona a su suerte a sus hombres, aun a sabiendas del riesgo vital que corren otros  tras haber dado sudor y lágrimas por su país (...). Ni una sola comunicación de alerta ha llegado advirtiendo del riesgo de sufrir esta enfermedad [cáncer de pleura]. Ni una sola recomendación”.

Y concluye: “El silencio administrativo, en este caso, sólo ocasionará la muerte de muchos hombres que dieron lo mejor de sí mismos para hacer de la Marina un cuerpo modélico. Sin otro particular, me pongo a su órdenes”.

El silencio fue la respuesta de la ministra de la Defensa Carmen Chacón.. El mismo silencio que adoptó Mariano Rajoy, entonces presidente del PP, al recibir otra denuncia del militar de la Armada un mes después... 

Tras mucho batallar, Defensa terminó reconociendo que el cáncer que padecía Orípedes guardaba “una relación de causa-efecto con las actividades del servicio” y declaraba «la inutilidad permanente del interesado en acto de servicio, según consta en un documento oficial al que los periódicos han tenido acceso. La muerte  de Orípedes se saldó con 118.000 euros de compensación para la familia.

Mientras los fallecidos clamaban por boca de sus familiares, los que aún están vivos se muestran más reticentes a poner voz a una historia, la de los barcos contaminados de la Armada, que durante décadas ha permanecido en silencio. En juego hay muchas vidas, y unas cifras que asustan

En EEUU se llegan a pagar 20 millones por fallecido. En España, sólo entre 60.000 y 118.000 euros como indemnización.A eso le llamamos generosidad patria. 

C, de los cuales, 963 se deberán a mesoteliomas pleurales causados por el amianto”, estima el catedrático de Historia de la Ciencia Alfredo Menéndez, de la Universidad de Granada. “Teniendo en cuenta que los mayores niveles de exposición al amianto se registraron entre mediados de los 60 y comienzos de los 80 (entonces se seguía navegando en buques atestados de amianto), podemos considerar que la cifra anual de fallecidos seguirá su curso”, calcula el catedrático.

 

Más difícil es evaluar el total de fallecimientos de todas las patologías vinculadas al amianto, como la asbestosis o inflamación del pulmón. CCOO eleva la cifra entre 40.000 y 60.000 los muertos entre 2000 (en 2001 fue prohibido el uso de este material]) y 2030 por la exposición al contaminante en los años 80 y los 90. Preguntado por el número de militares vivos afectados y de víctimas mortales, el Ministerio de Defensa no ha querido dar respuesta a ese interrogante.“Por eso yo no quiero remover el pasado”, se lamenta el subteniente Francisco Feal Martínez, de 60 años y desde hace ocho retirado tras 37 años en la Armada al que hemos mencionado al principio. “Nunca se preocuparon de nosotros... Yo no he visto una mascarilla ni unos guantes en mi vida-dice una vez más. “Pero cuando retirábamos las mantas de amianto que protegían la maquinaria del barco, el aire se volvía espeso, como si de pronto se levantara niebla...

“Ahora sabemos que el peligro ya se conocía en los años 60 en otros paises. ¿Cómo no se iba a saber aquí?”. En 2008, después de sufrir varios ataques de asfixia y tres neumonías, a Martínez le detectaron unas manchas en el pulmón. Un principio de mesotelioma. “En el informe radiológico pone que se deben al amianto”. Ya ha perdido el 25% de capacidad pulmonar. “Si soy el siguiente en marchar, al menos lo haré orgulloso de haber cumplido con mi parte. Los que se quedan y lucen galones, que miren en su conciencia patria”. Palabra de marino.


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