Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Diasporaweb escriba una noticia?

La industria textil internacional se aprovecha de la situación de los refugiados sirios en Turquia, y en especial, de sus niños

28/10/2016 11:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En cientos de talleres textiles de Turquia trabajan niños refugiados de Siria con un salario casi esclavo. Sus estudios son cada día más escasos. La explotación de las mafias intermediarias turcas se aprovechan para colocar sus productos en tiendas de moda del mundo entero

La campana del colegio Shamona, en el extrarradio de Estambul, da inicio al recreo de la tarde. Son las 12 en punto del mediodía. Lama, una niña refugiada de Idlib (Siria) de nueve años, recoge sus libros y su mochila para salir a comer. Los compañeros bajan frenéticos por las escaleras. “¡Corre, vamos!”, se gritan entre empujones. En cambio, la pequeña está muy cansada y se arrastra por los peldaños hasta la planta principal. “¿Te acordarás de hacer los deberes?”, le pregunta Amin, el director de esta escuela para refugiados sirios. Él sabe que Lama, como algunos de los otros alumnos, no volverá a las clases de la tarde.

Su hermano Mohamed, sólo dos años mayor y ella, caminan juntos hacia casa, un pequeño almacén que la familia ha habilitado con un hornillo, varios colchones y un espacio para la letrina. Ahí viven, desde que hace dos años entraron de manera ilegal en Turquía, con su madre, un padre enfermo de la espalda y otros cinco hermanos más. Después de comer un poco de pan y alguna lata de conserva, Lama y Mohamed se preparan para la jornada de trabajo. Como cada día de lunes a sábado, diez horas en un taller textil de su barrio.

“Un vecino nuestro, el propietario del negocio, le propuso a mi padre que Mohamed trabajara para él”, explica Mohanad, el hermano mayor. Fue así como el muchacho, que se incorporó al mundo laboral con tan sólo nueve años, se unió a la plantilla de una pequeña factoría de camisetas. “No está mal”, dice el pequeño Mohamed, “tengo que poner unas telas sobre otras y cortarlas…”. Como si contara caramelos, usa los dedos para enumerar a sus compañeros. “Está Ahmed… hay otros dos niños como yo, y otros cinco adultos”, revela. Con el pudor propio de un chiquillo que habla de dinero, responde que su salario son 300 liras turcas al mes (94€) y que aunque, “a veces el jefe paga tarde, es bueno con nosotros”.

“Nos gusta estudiar”, comenta Lama, la niña de nueve años ya citada que, quizá por la poca regularidad con la que acude a la escuela, no sabe cuál es su asignatura preferida. “¡A mí me gusta Árabe!”, interrumpe Mohamed. Por un momento, los dos hermanos actúan como otros dos niños más, discuten, ríen y olvidan que el deber ha interrumpido su mundo de fantasía. La infancia de estos niños ha sido ahora sustituida por los interminables días en el taller.

El hermano mayor, que ahora tiene 17 años, detalla la sucesión de trabajos ilegales que ha desempeñado desde que llegó al país: “Una pizzería en la que hacía 16 horas diarias, todos los días de la semana” o una fábrica de derivados plásticos donde fundía materiales sin ningún tipo de protección. “Un día me quemé la mano. Un compañero se rasgó la camiseta, me cubrieron la herida con el trozo de tela y me obligaron a seguir…”, recuerda. Dice que los compañeros turcos, a diferencia de los sirios, sí tenían acceso a las gafas reglamentarias, al mono y a la mascarilla. Además, él recibía cerca de la mitad del jornal, “900 liras turcas al mes (281€)”.

Sin tiempo para la escuela

Los profesores del colegio explican que los niños no tienen tiempo para la escuela porque el trabajo infantil está cada vez más extendido. Eso está afectando al desarrollo cognitivo de los niños. Por ejemplo, Lama, la niña de nueve años del principio del reportaje, se ausenta con frecuencia de las clases, e incluso “estuvo enferma la semana pasada y tuvieron que llevarla al hospital”. Por ello, no puede seguir el ritmo de aprendizaje normal de la escuela. El director señala que en este centro habrá “cerca de cincuenta” niños en esta situación. “Mira, esta es la lista de los que se ausentarán hoy porque tienen que trabajar”, muestra una de las tutoras. Aún así, saben que es difícil hablarlo con los niños porque “se avergüenzan” de ello. Y con las familias, que necesitan esos escasos salarios para sobrevivir.

En las callejuelas del barrio Zeytinburnu de Estambul es donde se esconde la mayor red de talleres textiles de Turquía. Éste es precisamente uno de los focos regionales de la explotación infantil y el trabajo ilegal. Cualquier callejón alberga pequeños locales subterráneos cargados por el ruido de las tijeras y las máquinas de coser. Algunos son grandes almacenes, otros, simples cuartos confinados, en los que una docena de operarios, colocados en filas, como en otros cientos o miles de talleres textiles de la zona, se afanan en sus labores. Estos negocios cosen por encargo “los modelos” de camisetas o pijamas que les envían firmas nacionales de segunda categoría.

“Se busca trabajador”. Aquí, las ofertas de empleo están escritas a mano y cuelgan, en sencillos carteles, de portales y ventanas. Pero no están anotadas en el idioma nacional, en turco, sino en árabe. Porque la mano de obra en el `barrio de los talleres´ es refugiada, es decir, ilegal. Los sirios, así como los iraquíes, afganos, paquistaníes u otros refugiados, no tienen acceso al mercado laboral legal (El gobierno anunció nuevos permisos en enero de 2016, pero todavía no se han hecho efectivos). Esto les obliga a recurrir a las mafias o a aceptar puestos abusivos. La organización Business & Human Rights Resource Center alertó que “entre 250.000 y 400.000 sirios están empleados de manera ilegal en el país”.

Por ello, y porque “Turquía es el tercer exportador textil a Europa”, B&HRRC ha puesto el foco sobre las grandes marcas de ropa internacionales y su vínculo con los pequeños talleres de explotación. Una encuesta realizada a las principales firmas concluyó que C&A, H&M, NEXT y PRIMARK “informaron haber encontrado refugiados sirios en sus fábricas proveedoras durante el proceso de auditoría realizado en 2015”. Pero probablemente sea casi imposible garantizar lo que ocurre en las cadenas de producción subcontratadas porque, además de que ésta es una práctica común en este país, los inspectores anuncian sus visitas con días de antelación. Pero el caso más alarmante se encuentra en el extendido uso de menores, en ocasiones niños, en el proceso de fabricación. Según el mismo informe, tanto H&M como NEXT encontraron menores sirios empleados dentro de sus fábricas.

“Un turco no aceptaría este salario”, afirma el responsable de una manufactura en la que se realizan labores para una firma “made in Turkey”, “¡me pedirían 2.000 liras turcas al mes (625€)!”, exclama. Entre las ocho personas que forman la plantilla, dos de ellos apenas superan los 14 años. Mientras 'el jefe' señala a uno de los chavales, que se esfuerza torpemente en doblar unas camisetas, dice que “el problema de los niños es que no saben trabajar”. Por eso se les confían tareas fáciles como planchar, darle a la vuelta a las prendas o recoger el cúmulo de telas. Uno de los muchachos, como consecuencia de los movimientos repetitivos, manifiesta varios tics nerviosos al manipular la tela y se frota con desagrado una de las muñecas.

Entre los refugiados están Mohamed, Mohanad y Lama, los tres hermanos que hemos hablado como victima de la explotación infantil.

“Lo hacemos por ellos, están en una situación de necesidad”, comenta otro de los gerentes que apunta, con desprecio, a un chico de 13 años que cose, rendido, sobre una mesa de madera. Es una tendencia en aumento. En la calle contigua, donde se ultiman camisetas turísticas con flecos, tres niñas de unos 11 años amontonan las piezas dobladas. Una de ellas se mueve dando brincos por el almacén, como si en lugar del puesto de trabajo, creyera estar en un parque de juegos. En otra factoría, una chica que ni siquiera llega a la mesa, introduce, como puede, conjuntos de pijamas en los envoltorios de plástico.

Como muestra, de los 11 talleres que visitaron los medios, 7 de ellos empleaban a menores de 18 años. Y es que claro no hay cifras oficiales sobre el número de menores extranjeros que son víctimas del empleo infantil. Human Rights Watch publicó que más de 400.000 niños refugiados sirios en Turquía no asisten a la escuela, y ésta podría ser la estimación del número de menores de Siria, la población refugiada más numerosa, que son vulnerables a este tipo de abuso. “Normalmente, los padres no pueden mantener a sus hijos con el bajo salario que consiguen en el mercado ilegal y, como consecuencia, el trabajo infantil va en aumento”, relata un informe.

Los menores son, siempre, los empleados más rentables. Mientras que los adultos en el sector textil irregular reciben un salario de unas 750 liras turcas mensuales (234€) en jornadas semanales de 72 horas, cuando el máximo legal son 40 horas, los menores ganan cerca de la mitad. Supuestamente, porque no pueden desarrollar funciones muy especializadas. Pero esta es la trampa de la explotación infantil en Turquía. Las familias necesitan generar más ingresos y así evitar que sus hijos mendiguen en la calle. Los contratistas, bajo ese pretexto, obtienen mano de obra muy barata y fácil de manejar.

Este mercado de asalariados “baratos” se desarrolla en un contexto favorable al trabajo infantil porque en Turquía la edad mínima para entrar en el mercado laboral es 15 años, siempre y cuando se desempeñe un “trabajo ligero” (hasta los 18 años), según la legislación turca, “que no dañe el desarrollo físico, mental y moral del menor”. Con respecto a la población turca, las estadísticas apuntan que 893.000 niños de entre 6 y 17 años estuvieron empleados en el año 2012. “La primera causa de estas cifras elevadas podría ser la pobreza y, después, la tradición. Sobre todo en el sector agrario”, explica Nejat Kocabay, director de programas de ILO - Turquía (Organización Internacional del Trabajo).

Sin embargo, no se han recogido datos ni realizado estudios oficiales sobre la explotación infantil que ocurre hoy entre los refugiados. “Aunque lo vemos como una exigencia, puesto que viven 3 millones de sirios en Turquía y la mayoría de ellos son niños muy pequeños y en edad de ir al colegio, por lo que están en riesgo”, admite Kocabay. Aún así, en su “opinión personal”, dice, el uso de niños en las fábricas textiles “no está muy extendido”, porque “la industria turca tiene un buen sistema de inspección”.

Con buen sistema de inspección o sin él, parece que el mercado ilegal que fluye entre los sótanos de Turquía se concibe como una solución rápida para los refugiados que, desde hace años, deambulan por las calles del país. Un remedio que facilite el sustento justo que estas personas necesitan para sobrevivir.

Un documental de la BBC señala que empresas que trabajan para estas firmas o las británicas Marks & Spencer y Asos tienen a refugiados sirios trabajando en situación irregular. Tanto Mango como Inditex aseguran que ya están trabajando para remediar la situación.

Refugiados sirios, a menudo sin los permisos de trabajo pertinentes, trabajan en Turquía para proveedores de marcas de ropa como las españolas Zara y Mango o las británicas Marks & Spencer y Asos, según informa la BBC.

El importante programa Panorama de la cadena pública británica ha descubierto que además en esas empresas británicas trabajan refugiados menores de edad. Según el documental que emite la BBC, estas empresas emplean a los refugiados en jornadas de hasta 12 horas y, a menudo, sin las condiciones de seguridad adecuadas.

Muchas firmas de moda elaboran sus piezas en Turquía, en particular en Estambul, debido al menor coste, su proximidad con Europa y al hecho de que pueden realizar nuevos diseños en un corto periodo de tiempo, explica la BBC.

Los investigadores de Panorama descubrieron a refugiados del conflicto sirio, de los cuales hay unos tres millones en Turquía, trabajando turnos de hasta 12 horas en fábricas que teñían pantalones vaqueros para Mango y Zara.

Según el reportaje, estos trabajadores manejaban productos químicos sin siquiera máscaras protectoras. En declaraciones a la BBC, Mango aseguró que esta fábrica había sido subcontratada por uno de sus proveedores sin su conocimiento, y que, al realizar una inspección posterior en sus locales, dijo no haber  hallado a ningún sirio y sí "buenas condiciones, excepto algunos aspectos de seguridad personal".

Más que nunca es necesaria la colaboración de todos los medios y de las ONG para que la situación de los refugiados se sepa en el mundo

Por su parte, Inditex, propietaria de Zara, se justificó diciendo que realiza inspecciones con regularidad que son "una manera muy eficaz de controlar y mejorar las condiciones". La empresa confesó de que había detectado varias irregularidades en una inspección el pasado junio y que había dado a la fábrica en cuestión hasta diciembre para corregirlas.

En cuanto a las marcas británicas, la BBC descubrió a siete sirios, el más joven de 15 años, trabajando turnos de 12 horas en la principal fábrica suministradora de Marks & Spencer (M&S), que habían sido captados por un intermediario que les pagaba en efectivo apenas una libra (1, 12 euros) la hora, por debajo del salario mínimo turco.

M&S declaró a la emisora que sus inspecciones no habían identificado a ningún empleado sirio, pero que ha ofrecido "empleo legal permanente" a cualquier refugiado que haya trabajado en alguno de sus talleres.

"El comercio ético es fundamental para M&S. Todos nuestros proveedores tienen el requisito contractual de cumplir con nuestros principios", explicó una fuente de la compañía, que subrayó que "no se tolerará ningún incumplimiento y se tomarán medidas" para evitarlos.

En otra parte de Estambul, el programa encontró a varios niños sirios trabajando en un fábrica donde había muestras de ropa de Asos, una tienda de venta por internet. Una inspección posterior identificó a once adultos sirios y tres menores de 16 años, apunta la BBC.

Asos ha asegurado que esa fábrica no estaba autorizada oficialmente pero, a pesar de ello, la empresa dijo que se compromete a financiar la escolarización de los niños y a pagar un sueldo a los adultos hasta que puedan trabajar de forma legal.

Los reporteros de Panorama hallaron además a varios adultos sirios y niños turcos de hasta 10 años trabajando en otro taller, cuyo dueño aseguró que hacían pijamas para la marca británica Next.

Inditex afirma que se está remediando la situación irregular de los trabajadores refugiados sirios.

La firma española de moda Inditex ha reconocido que, en una inspección el pasado junio, detectó a varios refugiados sirios trabajando en situación irregular para uno de sus proveedores en Turquía, algo que afirmó que ya "se está remediando".

Una portavoz de la matriz de Zara ha asegurado que, dentro de ese grupo de empleados en la lavandería Goreteks, en la que se tiñen pantalones de la marca, no había ningún menor de edad.

En un comunicado remitido a la BBC, Inditex señala que ya había detectado la presencia de sirios en situación irregular "antes de que la BBC fuera a filmar", y pidió a la lavandería aplicar un plan de mejoras. Esta lavandería tiene "hasta el próximo diciembre para introducir esos cambios", o de lo contrario podría dejar de trabajar para la compañía española, ha explicado la portavoz.

Según el comunicado, Inditex trabaja con una ONG,   “Refugee Support Centre” para intentar "regularizar la situación laboral de los trabajadores sirios", en un plan pionero dentro del sector del comercio minorista.

"La crisis de refugiados sirios es un desafío complejo que afecta a todos los sectores en Turquía y, aunque no hay respuesta fácil, estamos absolutamente centrados en abordar el asunto", asegura la nota. Inditex señala que en 2015 llevó a cabo más de mil auditorías en ese país, donde tiene a un equipo de "más de 400 personas dedicadas a controlar" a sus proveedores.

Inditex tiene en Turquía nada menos que 183 proveedores, que trabajan con 748 fábricas de confección, y 640 centros que realizan otros procesos, como lavanderías. En total, se suma una plantilla de 155.256 personas, que no son contratadas directamente por la firma española, aunque esta es responsable de que se aplique su código ético y condiciones laborales.

Un 60 % de la producción de Inditex es de "proximidad", en países de la Unión Europea, Turquía y Marruecos, mientras que el resto se lleva a cabo en otras partes del mundo, como China, Bangladesh, India o Vietnam.

Mango aseguró que el proveedor turco estaba desautorizado.

Mango también ha salido al paso de las denuncias de la BBC y afirmó que no autorizó los servicios de la lavandería turca Goreteks Tekstill, que, según un reportaje de la BBC británica, empleaba a refugiados sirios en situación irregular.

En un comunicado, Mango ha informado de que esta lavandería "no ha recibido ningún encargo en el mes de agosto de 2016 (cuando la BBC fue a grabar), no es un proveedor de Mango e incluso no consta como proveedor de ninguna compañía proveedora de Mango".

"Los productos de Mango encontrados en las instalaciones especificadas son una excepción", sostiene la empresa en su nota, donde mantiene que "la subcontratación a favor de Goreteks Tekstill no estaba autorizada por Mango ni este tenía conocimiento de ella. Mango tomará las medidas apropiadas cuando pueda esclarecer de manera definitiva la incidencia", añade el comunicado. La empresa explica además que, tras recibir la notificación de la BBC, encargó una auditoría urgente y sin previo aviso a la instalación para verificar los hechos.

"Los inspectores comprobaron que se trata de una fábrica de lavado y acabado de vaqueros que cumplía los requisitos, excepto algunas salvedades en el equipamiento de protección del personal", pero "en ningún caso se detectó mano de obra infantil ni trabajadores de nacionalidad siria", afirma.

"Mango está totalmente comprometida con el más estricto de los cumplimientos de la legislación social y es por ello que tiene un gran equipo dedicado en exclusiva a este propósito desde el año 2002, que monitoriza a sus proveedores para evitar cualquier incumplimiento de su código de conducta social, laboral y ambiental", añade la compañía.

Para velar por el cumplimento de estos requisitos, la firma española estableció un sistema periódico y sin previo aviso de auditorías a cargo de auditores externos independientes, que están destinadas a "asegurar que los derechos de los trabajadores de los proveedores directamente contratados por Mango son respetados, y que las condiciones de trabajo son las adecuadas tanto en sus instalaciones como en las de sus proveedores".

A los proveedores que no consiguen alcanzar los estándares fijados por dichas auditorías se les da la posibilidad de corregir sus deficiencias y, en caso de comprobarse que no las corrigen, "se les retira de la cadena de producción de Mango", explica la empresa.

Turquía es un país estratégico para la compañía, dado que se encuentra entre los cinco mercados más importantes. Mango emplea directamente a más de 1.500 personas en las tiendas y oficinas centrales de Turquía. En 2015, la firma llevó a cabo un total de 396 auditorías, 125 de las cuales corresponden a instalaciones turcas.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Diasporaweb (1747 noticias)
Visitas:
9806
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.