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Reflexiones sobre la vida – 28 de abril de 2011

27/04/2011 20:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El bricolage, esa disciplina que nos diferencia de las mujeres

Me gusta el bricolage, aunque reconozco que a veces soy algo torpe, pero siempre he pensado que es algo innato en los hombres, como la mecánica o desarmar los aparatos que tenemos por casa cuando se estropean antes de avisar al técnico. Creo que cuando los científicos lleguen a descifrar completamente todo el mapa genético descubrirán el gen del bricolage en algún cromosoma masculino oculto.

Me hace falta poco para ponerme a hacer algún nuevo proyecto, y ocurrió el milagro cuando mi mujer me propuso comprar unas nuevas mesitas de noche.

-No te preocupes-, le dije con mi especial seguridad, -yo las hago-

-La última vez que hiciste bricolage casi pierdes un dedo-, me respondió

-Porque la sierra estaba defectuosa-, contesté.

-Y te grapaste la mano-

-Porque eran grapas del 8 y yo las necesitaba del 12-

-Y te quemaste con la plancha al poner los cantos-

-Eso le puede pasar a cualquiera-

-Pero es que te quemaste en la misma mano con la que sujetabas la plancha-

-Ya te conté que se me resbaló-

-Creo que es mejor que las compremos-

-¡No!-, respondí como si mancillaran mi honor, -mañana voy a por los materiales y voy a hacer dos mesitas de noche mucho más baratas que si las compramos-

Ella suspiró. En el fondo me deja hacer estas cosas porque sabe que no se puede ir contra la naturaleza y que el gen del bricolage está muy arraigado en mí.

Tras hacer unos cuantos croquis, esbozos, planos y demás, me fui derecho al Meroy Lerlin (es un nombre ficticio para no hacer publicidad), y le di los planos al señor ese que está al fondo y que corta madera con una máquina grande que es la envidia de todos.

-¿Seguro que quiere estas medidas?-, me preguntó mientras intentaba descifrar el plano.

-Si-, respondí, es para hacer dos mesitas de noche.

-Es que según mis cálculos me salen 14 tableros de 2x3 metros.

Miré el plano. -¡Ah, perdone!, mire, donde pone centímetros ponga milímetros.

-Si, parece que es menos madera-, dijo sin inmutarse mucho.

-¡Pues eso, córtelo!-, dije con toda la seguridad del mundo mientras me invadía la duda sobre si habría algún otro error en los planos.

Llegué a casa cargado como una mula de tableros de madera y me puse a trabajar tras desparramar por la habitación todas las herramientas de que disponía.

-Ya te avisaré cuando tenga hecha la primera mesita-, le dije a mi mujer pensando en la sorpresa que se llevaría, y cerré la puerta a las 10.00 horas.

11:30 horas. Al hacer el armazón de la mesita de noche, tras utilizar clavos, tornillos y cola de carpintero, no parecía muy estable, y eso que la cola chorreaba por las esquinas, llegando hasta el suelo. Me cambié de sitio porque si se secaba la cola luego no habría quien despegara la mesita del suelo.

Medí la mesita con un nivel, pero no se veía la burbuja. Pensé que el nivel estaba estropeado. Puse un destornillador sobre la mesita e inmediatamente rodó hasta el suelo. Parecía algo torcida. Medí los laterales y había una diferencia de 4 centímetros, Miré los planos y vi que había confundido dos tableros. Me llevó una hora quitar los tornillos, los clavos y la cola para volver a empezar.

13:00 horas. Volví a montar la mesita y esta vez iba midiendo los tableros antes de colocarlos. Cuando medí con el nivel, vi que estaba perfecta, pero algo inestable todavía, tomando forma entre un cuadrado o un rombo según donde se hiciera presión, así que le metí por dentro varios listones de refuerzo clavados, atornillados y pegados con cola hasta que ya no se movía.

La cola que quedaba en el suelo la quité con un trapo, pero se esparció por todo el dormitorio cogiendo un color bastante sucio y mezclándose con unas pelusillas. Pensé que sería mejor quitarla cuando se secara, total la mesita seguía chorreando cola…

15:00 horas. Mi mujer me llama para comer. Luego sigo.

16:00 horas. Monté entonces los tres cajones. La primera sorpresa fue comprobar que no eran iguales. No lo entendía, pero pensé que le daría un toque más sofisticado- ¡Tres cajones desiguales!, ni hecho a propósito. Esto me hizo reconsiderar los planos (yo me había equivocado en las medidas) para adaptarlos a la nueva situación

18:00 horas. Los planos ya están cambiados, pero los cajones torcidos. Creo que los acontecimientos se precipitan. Como pensaba que los cajones eran iguales he vuelto a intercambiar las tablas. Los desmonto. Se vuelve a pringar el suelo de cola, y de paso las cortinas y un trozo de la colcha de la cama. Vuelvo a montarlos. Al hacer los agujeros para los tiradores se me escapa la taladradora y la broca penetra un poco en la pierna. Me echo agua oxigenada. Cuando voy a probar los cajones, veo que tropiezan en los refuerzos que, precipitadamente, coloqué dentro de la mesita para que no bailara. Tengo que quitarlos, pero la cola esta seca. Mientras hago palanca con un destornillador, se me escapa y me corto la mano. Me curo la herida. La madera queda algo astillada por dentro, así que además me clavo una astilla en un dedo. Me lo curo. Cuando ya esta todo quitado intento meter los cajones, pero he confundido la medida interior de la mesita con la exterior de los cajones y no entran. Deshago la mesita para hacerla mas grande. Me falta madera, así que le pongo unos listones con cola para rellenar los huecos. De nuevo baila, pero entran los cajones. Cuando intento volverlos a sacar, la cola que había escurrido por dentro los ha pegado a la mesita y no se pueden abrir. Al hacer fuerza para sacarlos, me arranco una uña y la sangre pringa la madera. Me lo curo, pero los cajones no salen. Aún así coloco la mesita al lado de la cama para ver el efecto, pero al ser más grande que antes, ahora no cabe entre la cama y la pared. Abro el armario, saco una sábana y lo tapo todo. Después limpio con disolvente las manchas de cola. Los colores de las cortinas y la colcha han palidecido un poco con el disolvente, y el brillo del suelo también. Espero que no se dé cuenta. Me mareo con los vapores del disolvente y me doy en la cabeza con la mesita. Me hago una pequeña brecha. Me la curo. Espero que la última antitetánica siga haciendo efecto.

22:00 horas. Mi mujer me llama para cenar.

23:00 horas. Mi mujer entra en el dormitorio a ver como han quedado las mesitas y se encuentra con un montón de madera tapado con una sábana y le pido por favor que no mire debajo.

Dos meses y medio mas tarde: Mi mujer siempre me pregunta que cuándo tiramos las maderas y que cuando compramos las mesitas de noche. Yo le respondo que no hay que tirar nada, que en cuanto tenga un rato me pongo con las mesitas. Mientras tanto, estoy pensando en otro proyecto donde se pueda aprovechar la madera.


Sobre esta noticia

Autor:
J. R. Lázaro (31 noticias)
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Opinión
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