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Reencarnación

25/10/2010 01:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es una de las teorías más difundidas de los tiempos modernos: la "Reencarnación"

Don Jaime había sido un campeón de las finanzas, todo lo él que tocaba, mágica y rápidamente se transformaba, casi, en “oro puro”, en “diamantes genuinos de gran tamaño y peso”.

Con sus casi ciento veinte kilos de peso, su estatura más bien baja, su profunda calvicie, su impecable desaliño diario, su saco mal planchado, su corbata mal atada, el color de su camisa que no combinaba con los otros colores de su ropa.

Su mirada más propia de un enorme tiburón blanco sediento de sangre humana, que de un hombre común, provocaba inquietud y temor entre todos aquellos que desempeñaban sus tareas allí, donde este personaje aparecía.

Para completar su temido aspecto, Don Jaime, usaba una muleta que lo ayudaba a desplazarse de un lugar a otro dentro del edificio que era el continente de una buena cantidad de oficinas que integraban su empresa.

Este desplazamiento lo llevaba a cabo con inusitada rapidez a pesar de su condición de incapacitado. Esa muleta era el resultado de una calle resbaladiza y un volantazo fatal que veinte años atrás lo habían tenido un par de semanas al borde de la muerte y que le dejó, como única secuela, la importancia de una pierna amputada y la necesidad de comprar un nuevo vehículo, un último modelo más cómodo y costoso del mercado.

Cuantos envidiaron su tan bien edificada empresa!

Cuantos envidiaron sus relaciones con altos funcionarios y políticos de gran altura!

También sus contactos en todos los niveles del gobierno de la ciudad, que le permitían lograr jugosos contratos como proveedor del estado.

Cuantos envidiaron sus cuentas bancarias, cada día más abultadas!

Pero también, cuantos esperaron meses y meses, pendientes de él y de su inexistente solidaridad que los llevara a conseguir un trabajo mínimamente bien pagado. Que se produjera una vacante dentro de los cientos de puestos de trabajo que manejaba.

Cuantos vieron llegar a sus hogares, el trágico semblante de la miseria como consecuencia de un caprichoso e irreversible “cierre de números”.

Cuantos viejos sin poder jubilarse, porque nunca les realizó los aportes provisionales descontados en el mismo momento en que debían descontarse de los salarios.

Cuanta hambre provocó... Cuanto llanto... Y él… ¡imperturbable!.

Nunca creyó en nada, sólo en si mismo y en su dinero.

Mejor dicho, sí creía, creía en algo… creía firmemente en la doctrina de la “reencarnación”.

Creía que un día, después de muerto, volvería a vivir y a disfrutar en este mundo o en cualquier otro.

Dentro del cuerpo que poseía o en el que sea, de las riquezas y el status que había logrado a lo largo de su vida de importante empresario.

Posiblemente haya estado creyendo en un dogma que en un futuro más o menos inmediato podremos saber si es acertado. Si tenía razón o no. Si el ser humano tendría otra oportunidad de vida, después de haber muerto.

Luego de casi ocho décadas y víctima de un cóctel formado por problemas cardiorespiratorios, además de hipertensión arterial, diabetes, colesterol y desmedida y fenomenal avaricia, se fue de esta vida.

Lo encontraron tirado en el piso y tan solo, como el ser humano más menesteroso e indefenso del mundo.

Cuando movían su cuerpo para colocarlo en el féretro, se dieron cuenta que murió apretando con fuerza algo en su mano derecha.

Con esfuerzo se lo quitaron y vieron que era una pequeñísima moneda, de aquellas que casi carecen de valor.

En su mano también había tierra, por lo que los entendidos calcularon que la moneda se le había caído al suelo y él la había levantado para que no la encontrara aquel que no debía encontrarla.

El aparentemente intenso esfuerzo realizado para llegar hasta la moneda, hizo que su corazón y su cuerpo todo, no lo pudiera tolerar, lo que le provocó la muerte casi en forma instantánea.

Pero hablando de “reencarnación” hubo un hecho que podría comenzar a explicar de alguna manera, las bases de la teoría en la que creía Don Jaime.

Hubo alguien que vio poco después de quedar vacía la oficina de su dueño, salir por debajo de la puerta del recinto de Don Jaime, una pobre cucaracha, con una patita menos y caer por la rejilla de una cloaca.


Sobre esta noticia

Autor:
Ingeles (10 noticias)
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