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Recuerdos de África, Pay Kongila

17/05/2010 18:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Enseguida vino gente del poblado a buscarnos para ofrecernos su casa. Yo me fui con mamá Shosa, una mujer muy guapa, limpia y trabajadora

Hace unos días fuimos a visitar nuestra granja, que es una preciosidad. Ésta situada sobre una colina, y abajo un Hermoso río corre sin interrumpir jamás su marcha. Puede verse el fondo transparente, sus piedras blancas e iguales; el agua es dulce, y tiene el perfume de los árboles, mangos y naranjos que bordean sus orillas.

Siempre va deprisa; parece querer excusarse de su velocidad, pero tiene que regar una hermosa selva. Allí ya pierde velocidad, porque entra y sale para acudir a todas partes. En este tranquilo lugar descansamos de nuestro viaje y tomamos un vino de palmera que nos dio fuerzas. Una vez finalizado nuestro trabajo, partimos de regreso a Pay.

Pero sólo habíamos recorrido unos 15 km., cuando justo muy cerca de un poblado se nos pincho una rueda. Como el chofer había olvidado los parches y la bomba, ello significaba enviar un chico a la Misión y pasar la noche en el poblado.

En seguida vino gente del poblado a buscarnos para ofrecernos su casa. Yo me fui con mamá Shosa, una mujer muy guapa, limpia y trabajadora que me dejó una pequeña habitación en su casa, cuyo mobiliario eran dos esteras de caña, una palancana con agua y en un rincón un baúl muy bien cerrado.

Nos sentamos a la puerta de su vivienda y empezamos a charlar. Mamá Shosa me contó su vida: Era soltera, pero tenia siete hijos... cada uno de un padre distinto. Le pregunté: “¿Cómo tan guapa y trabajadora no encontraste un marido?”. Me dijo: “Amo la libertad y la de mis hijos; depender de un marido que ha pagado la dote a mis padres es ser mi dueño y señor. Puede pegarme, robar mis cosechas, vender mis productos como maíz, cacahuetes, judías, mandioca, etc. Puede comprar otras mujeres, mientras mis hijos y yo pasaríamos necesidades; y, si le digo que no estoy de acuerdo con su actitud y forma de comportamiento, me daría una paliza y mi vida seria un infierno”.”Tú sabes, me dijo, que toda mujer lleva un niño dormido en su seno... Pues bien, cuando ese pequeño “hace su llamada”, que suele ser cada dos años, yo”robo”el marido de otra mujer, espero hasta quedar embarazada y vuelvo a ser soltera con mis hijos. Soy libre, puedo alimentarlos, llevarlos al colegio, comprar ropa y vender mis cosechas”. Luego me dijo : “Quédate con mis niños que voy a preparar la cena”

Los niños me contaron muchas historias que su mamá les contaba cada noche después de la cena, junto a una pequeña candela para alejar los animales dañinos. Es decir, mamá Shosa, como todas las mujeres africanas, forman a sus retoños con la tradición de sus antepasados.

En África el mundo de los muertos es más vivo que el de los vivos

El hijo más pequeño me dijo: “¿Has visto el baúl de tu habitación? Mamá guarda en él una preciosa manta. No quiere que la toquemos, es casi sagrada para nosotros y nos dice: el día que yo muera me envolvéis en ella y me enterráis en mi tierra, como yo hice con mis padres. ¡De esto que te digo, hermana, tú no digas nada a mamá!”

La mamá nos llamó para servir la cena. Había preparado un pájaro salvaje con una salsa muy picante. Después puso sobre la mesa diez vasos que llenó con un vino de aguacate. El primer vaso lo derramó sobre la tierra, y con mucho respeto dijo: Es para mis antepasados, que están entre nosotros; nos ven nos aman y nos protegen”. Después de beber nuestro vino, comenzó la formación de sus retoños con un proverbio africano que dice así: “¡En África el mundo de los muertos es más vivo que el de los vivos! Nuestros antepasados nos ven y nos quieren”. La mamá cantaba, y los hijos hacían un coro muy bonito, repitiendo lo que ella decía...

Fue muy interesante la velada para mí. Al final, antes de acostarme, le di las gracias y le pregunté:”¿Qué significa Dios para ti? Me contestó:”Dios está muy lejos de nosotros. Así como vosotros los blancos suplicáis a Dios por medio de vuestros santos, nosotros lo hacemos por medio de nuestros antepasados”. Quise decirle que Dios está en nuestros corazones, si lo dejamos entrar; está en la naturaleza y en todas partes. Pero... no le dije nada; no me iba a entender. ¡Con la cantidad de valores de estos hermanos, y no conocer la ternura de Dios!...

Después de desearle buenas noches me fui a mi habitación. Estaba cansada de la jornada y no sabía a qué hora regresaría el chico que enviamos a Pay... Pero mi sorpresa fue grande cuando vi la preciosa manta encima de la estera de cañas. Sentí miedo, y oí la voz de mamá Shosa que me dijo desde fuera:” Si tienes frío puedes usarla”. Sólo le di las gracias y comprendí la ternura de esa mujer. Sentí un profundo respeto. Puse la manta encima del baúl... y me dormí.

Por lo demás, seguimos como antes... Nada ha cambiado; al contrario, los blancos siguen devorando este hermoso país, y estos hermanos nuestros tan queridos, siguen sufriendo.

Texto: Hna. Mª. Luz Nogueira, claretiana.

Las Misioneras Claretianas que trabajan en el Congo mantienen centros infantiles en Kinvuka (Kasinsi), Matondo (Isingu) y Mawete (Pay-Kongila), donde se les da a los niños de preescolar una comida diaria y se les atiende, se les enseñan juegos, cantos, etc. mientras sus madres trabajan en el campo.

Los blancos siguen devorando este hermoso país

La misión Pay-Kongila se encuentra en la provincia de Bandundu, a 500 Km. de Kinshasa. República Democrática del Congo


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