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Recuerdo del Abate Marchena en Madrid

20/10/2011 16:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageA menudo paso por esta calle madrileña, llamada de la Concepción Jerónima. Es una calle histórica que queda detrás del Miniesterio de Asuntos Exteriores. No mucha gente repara en ella, pues se percibe, más bien, como un pasillo que lleva de un lugar a otro. Pero en aquel lugar estuvo, precisamente, el monasterio que lleva hoy el nombre de la calle, y que fue demolido cuando se construyó la parte trasera del ya citado ministerio, que había sido mucho antes Cárcel de Corte. En esta calle habitó Velázquez, según reza una placa, pero no voy a referirme a ella. Quiero hablar de otra placa que está en un edificio contiguo y que se refiere al lugar donde pasó sus últimos días un singular personaje llamado Abate Marchena. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE

Hace ya años llegó a mis manos una antigua traducción de libro de Lucrecio titulado "De la naturaleza de las cosas", y me sorprendió, precisamente, lo antiguo de la traducción, en verso, que comienza así: "Engendradora del romano pueblo, / placer de hombres y dioses, alma Venus...". Tenía ganas de saber más sobre la persona que vertió a un castellano tan jugoso los versos del "impío y materialista" Lucrecio. Parecía tratarse, precisamente, de José Marchena, un excelente latinista y un personaje verdaderamente novelesco que vivió entre el siglo XVIII y el XIX y que mereció figurar entre los heterodoxos del propio Menéndez Pelayo, que lo admiraba, a pesar de todo, y que le atribuyó la versión latina del libro de Lucrecio. Hoy día, mi amigo Pablo Asencio me cuenta que tiene otra opinión con respecto al autor de esta traducción, pero habrá que esperar a que haga públicos sus resultados. Aún así, y al margen de que sea cierto o no que Marchena tradujo a Lucrecio, mi conocimiento vino gracias a esta atribución. Marchena fue hombre de vida convulsa, absolutamente novelesca, pero no por ello carente de una gran erudicion, llegó a inventar también un fragmento latino de Petronio. Se trata de un excepcional pastiche que ha vuelto a editar recientemente el profesor Joaquín Álvarez Barrientos en un libro memorable (está en Ediciones Espuela de Plata, filial de Renacimiento, y apareció en Sevilla la navidad de 2007; tuve la suerte de comprarlo en la misma Sevilla, recién salido de imprenta). El fragmento es un prodigio filológico (imitó tan bien a Petronio que se tuvo por bueno) y tiene ese característico punto inmoral de las composiciones del siglo XVIII (todavía hoy algunas cosas contadas en el fragmento hacen daño a los oídos). Pero vuelvo al rótulo urbano. Entiendo que, como otras tantas placas que hay en la ciudad, ésta sobre el abate Marchena es "invisible". A casi nadie interesa saber a quién perteneció este nombre. El edificio es antiguo, de esos que sobrevivieron a la renovación urbana del siglo XIX y que hoy día determina nuestra visión del Madrid más castizo. Hace años, Juan Francisco Fuentes publicó en Cátedra una documentada biografía de este autor español, latinista afrancesado y liberal, que se puede leer casi como una novela. Sorprende, por ejemplo, que los propios revolucionaros franceses lo miraran de reojo por resultarles demasiado revolucionario. A menudo he comentado con Javier Espino, consumado especialista en gramáticas latinas del siglo XVIII, la extrañeza que suscita en algunas personas entregadas a los tópicos el hecho de que un latinista sea "liberal", al igual que ocurre con Sánchez Barbero, uno de los "últimos humanistas" a los que rendimos en noviembre de 2006 un sentido homenaje en la Biblioteca Marqués de Valdecilla (véase http://www.ucm.es/BUCM/foa/doc6316.pdf).

La placa que hoy comento y recuerdo, al contrario que otras anteriores, forma parte de mi paisaje cotidiano, pues paso a menudo por esta calle desde la Plaza de Jacinto Benavente para ir a coger el autobús que me lleva a casa. Al principio la encontré de pura casualidad. Luego se ha convertido en un pequeño lugar al que mirar cadimagea vez que paso por esta calle estrecha y donde los coches suelen agolparse.

Pienso a menudo en el personaje tan vital que fue el abate Marchena y en sus últimos momentos precisamente aquí, en esta casa. Eran los tiempos del trienio liberal, de un pequeño espejismo de libertad tras el pronunciamiento de Riego. Marchena, varias veces exiliado, llegó a Madrid a comienzos de 1821. Se alojó en casa de su amigo Juan MacCrohon, y debió caer enfermo muy pronto. No por ser un liberal dejó de recibir un sepelio religioso en la cercana parroquia de Santa Cruz. Su muerte se convirtió en un acontecimiento político para el Madrid de la época. Volvieron luego los tiempos absolutistas y España continuó siendo un vaivén de guerras, exilios y discontinuidades. Pero ahí queda, en un rincón de nuestra historia, la figura y la obra del "latinista liberal" José Marchena, quizá de la misma manera que ha quedado también en este discreto rincón su recuerdo en una placa.En un país consagrado a toreros y futbolistas estos pequeños recuerdos dan la (in)justa medida de la historia.

Francisco García Jurado H.L.G.E.


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lectoresaudaces.blogspot.com
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