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Recordando el pasado diez años atrás

30/05/2011 00:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En 2001, con 17 años, todavía era virgen, y ya empezaba a mostrar cierta ansiedad hacia el sexo femenino. En mi caso, se me hacia realmente difícil visualizarme haciendo el amor con una mujer, había dejado aparcados hacia muy poco todos mis juguetes infantiles, y apenas tenia experiencia con las chicas, algún que otro beso a escondidas, mientras que a algunos amigos ya les tocaban sus zonas más intimas o las metían mano, si ellas se dejaban.

Para mi era algo totalmente inconcebible en ese momento, la verdad es que firmaba el simple beso, con eso ya me sentía satisfecho, así de pobre era mi relación con las mujeres, una situación que por desgracia, se daba constantemente en la inmensa mayoría de chicos de esa edad, con los que compartía confidencias, tendrían que pasar 6 años de mi vida, para descubrir por mi mismo que este era un circulo vicioso que iba a seguir cumpliéndose toda la vida, entre hombres y mujeres, generación a generación, donde existirían muchos chicos frustrados y solo unos pocos afortunados.

A duras penas recordaba la última vez que me había besado con una chica. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? ¿Meses quizás? Demasiado tiempo sin besar a una chica, lo reconozco, la última vez había sido a finales de verano, durante una noche de borrachera con los amigos. Tenia diecisiete años recién cumplidos, recuerdo que era un mes de Septiembre bastante frío. Llegaba a Madrid de un verano muy aburrido, de rutinarias vacaciones con mis padres en las playas de Málaga, donde abundaban las morenazas de piel bronceada, de las que solamente podía conformarme con mirar y fantasear.

Estábamos haciendo botellón en una zona resguardada por árboles, en el campo que había cerca de mi casa, ya que tampoco nadie propuso un plan mejor que hacer para esa noche, nos conformábamos con hacer lo de siempre. A medida que bajaba el volumen de nuestros vasos, nuestra temperatura corporal aumentaba y comenzaban las típicas risas de los que no están acostumbrados todavía a beber alcohol. Ya nos habíamos tomado un par de minis de vino con Cola del supermercado, la verdad es que no teníamos dinero para comprar botellas de alcohol más caras, nos tocaba apañarnos con el vino barato y la imitación de Coca-Cola que vendían en el centro comercial del barrio.

Los nervios estaban a flor de piel, y se podía cortar la tensión con un cuchillo, porque Carlos había invitado al botellón a unas amigas del colegio para que bebiésemos con ellas, yo no las conocía en persona, la verdad es que ellas tampoco se mostraron muy interesadas en mí, lo que nos dejo en un quid pro quo ya muy habitual, en la que sería mi relación con las mujeres durante los años siguientes. No me quedaba otra cosa que intentar endulzar la noche con un poco de la asquerosa bebida que sabia a rayos, además de estar algo caliente, por la escasez de hielos, un panorama muy poco alentador.

Sin que nadie dijese nada, comenzó el silencioso ritual que precede a una interacción más intima entre un hombre y una mujer, conocido vulgarmente como el cortejo, en el que nos íbamos separando sin darnos cuenta poco a poco de ellas, por un lado el grupo de chicos, y por el otro, el de las chicas, dejando bien clara nuestras diferencias sexuales, y dando comienzo al viejo juego para comprobar quien es el más fuerte, si ellas o nosotros, algo que en ese momento me parecía de lo más normal del mundo, me habían inculcado desde pequeño la creencia de que "los chicos tenían que estar con los chicos y las chicas con las chicas" y al típico chico que siempre se juntaba con las chicas en los recreos y en los tiempos libres de clase, le tachábamos de mariquita, y la dura realidad de mi adolescencia me demostró años después lo inteligente que había sido ese chico, que desde pequeño iba empapándose ya de los gustos, las conversaciones, intereses y compañía de las mujeres.

Pasaron un par de horas, el alcohol empezó a hacer mella en los presentes, nosotros estábamos un poco crecidos, haciéndonos los importantes para intentar impresionarlas, nos reíamos en voz alta y nos acercábamos más a ellas, hacíamos bromas que en ese momento nos parecían graciosas y ocurrentes, y ellas se mostraban cada vez más receptivas hacia nosotros, se reían de nuestras bromas, hasta que poco a poco los dos grupos nos juntamos para formar un grupo mixto. Se acercaba el momento clave, un momento critico, que inevitablemente sabes que va a llegar, siempre sucedía, que se escapa a tu control, que te hace ponerte nervioso sin motivo aparente y tener un fuerte cosquilleo en la boca del estomago, era el momento del reparto, en el que algunos chicos del grupo se van a dar "una vuelta" con algunas chicas, mientras que otros se quedan mirando sin hacer nada o sin saber muy bien que es lo que había que hacer.

No entendía muy bien como funcionaba este proceso, del que había sido participe pasivo en varias ocasiones, pero tampoco le di nunca mayor importancia, creía que las cosas pasaban porque si, porque tenían que ser así, varios de mis amigos más guapos empezaron a hablar y a tontear con una de las chicas que me gustaba, no recuerdo su nombre, pero recuerdo su pelo rubio y sus ojazos verdes, eran parecidos a los míos, alguien lo comento en voz alta durante la noche, y no pude dejar de desear irme con ella a dar esa vuelta, aunque solo fuese para darnos unos cuantos besos e intentar meterle mano por si era de las que se dejaba. Para mi desgracia, no fue así, ella se fue con Carlos, y su amiga se fue con Fran, y allí nos quedamos los demás, como perros abandonados por unos dueños que ya no pueden cuidarlos, Rafa y yo, con tres chicas, las menos agraciadas del grupo. El reparto había sido hecho y yo me había quedado de nuevo fuera, me sentía en la obligación de hacer algo, y con el puntillo del alcohol me sentía algo envalentonado, trate de probar suerte con las amigas.

Intente ligar con la que menos me desagradaba de las tres, aunque lo cierto es que la que me fascinaba se había ido agarrada de la mano de mi amigo Carlos, me sentía muy frustrado y un poco enfadado conmigo mismo, como si algo evidente se me escapará, pero no sabia exactamente que es lo que era. Con voz temblorosa y un poco trabada por el alcohol, le dije a una de ellas que si le apetecía dar una vuelta conmigo.

- No, no me apetece, gracias. - La respuesta fue como una bofetada en la cara, me puse muy rojo, mientras que las otras dos amigas se aguantaron la risa a duras penas, y Rafa me miraba con cara de "que se le va a hacer tío, así es la vida".

El puntillo que llevaba se me pasó casi de golpe en ese momento, y pase de estar contentillo a sentirme mal, quizás un poco por el dolor de tripa, y también por las calabazas que me acababan de regalar, a mi modo de ver injustamente. Me pareció que era el momento adecuado de recogerse e irse dando un paseo hasta casa, ya estaba todo perdido, una nueva derrota que se sumaba al casillero de las anteriores, y de las que por desgracia, no aprendía nada en absoluto, solo podía culparme a mi mismo.

Intente no darle más vueltas al asunto, era otro palo más, que más daba si ya era algo habitual. Me despedí de ellas y de mi amigo Rafa para irme a casa, la noche había acabado para mí, pero mi sorpresa fue mayúscula, cuando vi que la chica se acercaba hacia mí corriendo.

- Oye, no te enfades conmigo, ¿vale? – dijo ella con cara de "es lo que hay, lo siento".

- Tranquila, no te preocupes, da igual, no pasa nada... – Intente sonreír un poco, para parecer que no estaba tan jodido como realmente me sentía en ese momento. Solo me salio una medio sonrisa un poco forzada, pero que pareció ser suficiente.

- Creo que eres un chico muy simpático, bueno...descansa, adiós. – Y entonces hizo algo totalmente incomprensible, se acerco a mí y me dio un rápido beso en los labios que me dejo de piedra, no supe como reaccionar, simplemente no hice nada, me quede ahí parado como una estatua, mientras ella volvía de nuevo al grupo con sus amigas. Llegue a mi casa más rayado de lo que me hubiese gustado, dándole vueltas a la cabeza, y sin entender nada de lo que había sucedido hacia unos momentos, estaba agotado y el sueño me estaba ganando la batalla, era hora de dormir y no de darle más vueltas al asunto, mañana sería otro día…


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Autor:
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Fuente:
seduccionysuperacion.com
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Tipo:
Reportaje
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