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Reanálisis: Resident Evil 5 Gold Edition. Haciendo amigos

06/12/2010 09:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hace ya unos años un estudio desarrollado por un equipo de expertos en educación infantil alertaba acerca de la peligrosidad implícita en los cómics de Asterix, asegurando que la ingesta de pociones mágicas por parte del bravo guerrero galo podría fomentar el alcoholismo entre sus lectores. Ya sabes, si alguna vez has leído un tebeo de Asterix y además te gusta empinar el codo, los culpables de ello son René Goscinny y Albert Uderzo.

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Resident Evil 5 Gold Edition / Capcom-Kochmedia / PS3-Xbox360

Está claro que la línea que separa lo políticamente correcto de la estupidez supina es sumamente delgada, cuando no inexistente. El ámbito de los videojuegos constituye un terreno especialmente fértil para que germinen en él este tipo de planteamientos simplistas y demagógicos. Existen varias razones para ello:

  1. El contenido violento de buena parte de los títulos.
  2. El rol más activo que adopta el jugador frente a otros medios, como el cine, los libros o la televisión, en los que te limitas a mirar, escuchar o leer.
  3. El hecho de que el mercado objetivo de esta industria lo forme un público mayoritariamente juvenil y, a ojos de algunos iluminados, sin la madurez suficiente como para discernir con claridad entre realidad y ficción.

Desde este punto de vista puede resultar complicado meterle mano a un título como Resident Evil 5. Por un lado resulta violento, pero no especialmente y, desde luego, no en un grado muy superior al que puede verse hoy en día en cualquier otro juego de acción. Por otro lado el logo del PEGI ya advierte de esta circunstancia en la propia carátula, indicando claramente que se trata de un artículo para mayores de 18 años. Por desgracia siempre existe un clavo al que agarrarse, aunque esté ardiendo, y aquí los garantes de las buenas costumbres encuentran uno bien gordo: los enemigos sobre los que hay que disparar son negros. Es lo que tiene hacer un juego de tiros ambientado en África en el que no haya marcianos de por medio (aunque, probablemente, la presencia de alienígenas de piel oscura también levantaría suspicacias en más de uno).

Sorprende, por otro lado, que los que ponen el grito en el cielo ante la carnicería que protagonizan Chris y Sheva en el continente africano, callaran en su día con la cuarta entrega, ambientada en España y en la que Leon S. Kennedy era esa vez el encargado de llevar a cabo las labores de limpieza étnica. Polémicas ridículas aparte, lo cierto es que en este nuevo episodio de la saga resulta complicado hallar contenidos o elementos que puedan ser calificados como de racistas. Aquí el motivo de volarle la cabeza a alguien no es el color de su piel, sino el hecho de que haya sido inoculado con un parásito que se ha apropiado de su voluntad y, puestos a buscar una significación especial en el título, la encontraríamos más bien en las dudosas prácticas que la industria farmacéutica lleva a cabo en el continente africano, polémico tema que ya ha sido llevado en varias ocasiones al cine y a la literatura y que no hace mucho trató con gran acierto John le Carré en su libro El Jardinero Fiel.

Lo más curioso de Resident Evil 5 es que, no contento con sembrar controversias en torno a su contenido, también ha generado discusión entre los aficionados, aunque en este caso, afortunadamente, por cuestiones menos estrafalarias: el sistema de juego. Este tema no es nuevo. Ya en su momento el cuarto episodio propuso un inesperado y brillante giro de la serie hacia la acción directa que no terminó de ser bien recibido por los aficionados más puristas, pese a que, después de tantas entregas cortadas por el mismo patrón, lo cierto es que ya iba tocando cambiar algo. En el fondo RE 4 no deja de ser un survival horror con los papeles invertidos: el bueno es quien la lía parda y el reto de sobrevivir recae sobre los zombies infectados. Con todo, dejando de lado cuestiones acerca de la oportunidad de introducir cambios en la franquicia o sobre la naturaleza de tales modificaciones, lo cierto es que Resident Evil 4 es título magnífico al que únicamente se le puede achacar un argumento ridículo y mal planteado.

Ahora ya no es posible acusar a Capcom de cargarse el espíritu de la serie (lo hizo hace años), por lo que las críticas se han centrado en el sistema de control, especialmente en el hecho de que para realizar cualquier acción (disparar, recargar el arma, etc.) el personaje ha de detenerse. Lo cierto es que esta saga nunca ha contado con un control fluido, pero que sí congeniaba bien con la lentitud de los enemigos y el ritmo pausado de la acción, aunque claro, estamos hablando de juegos completamente distintos: ahora los enemigos son más numerosos, portan armas de fuego, pueden correr y te persiguen aunque atravieses puertas, por lo que el control no parece el más adecuado. Aunque en Resident Evil 4, pese a volcarse en la acción, la cosa aguantaba el tipo, en esta quinta entrega, con enemigos más rápidos, se hacen más evidentes sus carencias. Aquí también influye el hecho de que en los últimos años haya evolucionado notablemente el sistema de control en este tipo de juegos, haciéndose más ágil y rico en posibilidades (esprintar, agacharse, cubrirse, etc.). Basta con echar una partida a Gears of War para comprobarlo.

Desde Capcom se defienden argumentando que la lentitud en el manejo del protagonista es una decisión consciente del estudio y obedece al deseo de generar tensión en el jugador, lo cual no deja de ser una justificación un tanto pobre: si para crear tensión has de poner un sistema de control ortopédico, eso no habla demasiado bien de ti como diseñador de videojuegos. Dead Space es más cómodo y mucho más angustioso.

No obstante el mayor problema de Resident Evil 5 no radica en su mejorable control, sino en el hecho de ser una copia poco inspirada del anterior episodio, un título que sorprendía a cada paso con algo distinto y que está plagado de momentos inolvidables, de esos que se te quedan en la retina: la persecución del comienzo en la aldea, el tipo de la sierra mecánica, la lucha contra el monstruo del lago, la emboscada en la cabaña, una estatua gigantesca que luego te perseguía, la vagoneta en la mina, etc. En cambio, en la nueva entrega, aunque se aprecia un esfuerzo en este sentido, el nivel no llega ni de lejos a lo visto en el cuarto episodio: algunas situaciones están copiadas directamente, por lo que ya no sorprenden, y, aunque no faltan momentos decididamente brillantes, el juego termina cayendo en una cierta reiteración.

Pese a todo el título cumple: gráficamente mantiene un nivel alto, el diseño de escenarios está trabajado e invita a superarlos varias veces de diferentes formas, y, además, la edición gold, aparecida en septiembre, incorpora los dos DLCs: Perdidos en un mar de pesadillas (que incluye mansión y, por tanto, gustará especialmente a los fans de la primera entrega) y Evasión a la desesperada (más centrado en la acción). Además, si posees una PS3 y dinero para un mando nuevo, tienes la posibilidad de probar su funcionamiento en PlayStation Move. Con todo, su gran baza sigue siendo el modo cooperativo: aunque la inteligencia artificial no chirría en exceso y es perfectamente posible y hasta divertido pasárselo en solitario, las fases y enemigos están diseñados para ser superados en compañía de alguien y es ahí donde el juego saca a relucir lo mejor de sí mismo. Eso sí, en una sola consola y a pantalla partida te hará falta una tele de bastantes de pulgadas para apreciar con detalle las labores humanitarias de la pareja protagonista.

Valoración: Bueno.


Sobre esta noticia

Autor:
Portalgameover (443 noticias)
Fuente:
portalgameover.com
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Reportaje
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