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Reanálisis: GTA 4. Un golpe al sueño americano

21/01/2011 08:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pocos títulos tienen la repercusión mediática de un GTA. Objeto de deseo de cualquier plataforma que aspire a llevarse un suculento trozo del mercado, carne de titulares simplistas en informativos y causante a ojos de algunos iluminados de todos los males de la sociedad actual, la saga en la que puedes tirarte a una prostituta para luego pegarle un tiro y robarle la recaudación nunca se ha caracterizado por la mesura y la discreción.

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Grand Theft Auto 4 / Rockstar-Take Two Interactive / PC-PS3-Xbox 360

Aunque tiende a asociarse con un público eminentemente consolero, lo cierto es que el primer título de la serie fue desarrollado para PC. Esto sucedía allá por 1997 en las oficinas de un estudio escocés: DMA Desing, convertido en Rockstar North cuando ya formaba parte de la distribuidora Take-Two Interactive, quien lo adquirió a finales de los noventa. Como dato curioso indicar que este juego, al igual que su expansión y su secuela, utilizaba el motor gráfico de un plataformas en 2D que simulaba cierta profundidad y en el que el horizonte fue sustituido por el suelo, logrando así la ilusión de perspectiva cenital. La idea original que barajaron los chicos de DMA Desing consistía en desarrollar un título en el que podías elegir entre jugar como policía o como criminal, pero pronto desecharon la primera opción por aburrida. Sabia decisión para un juego que ya en sus inicios apelaba al energúmeno que todos llevamos dentro.

En 2001 la saga se reinventa con Grand Theft Auto 3, que introdujo de forma admirable las 3D, poniendo así de manifiesto el enorme talento de esta gente a la hora de dar un paso que resulta insalvable para muchas otras franquicias. Luego vendrían Vice City (2002), con su visión sarcástica de los felices ochenta, y San Andreas (2004), título polémico donde los haya, pero que, controversias de baratillo aparte, funciona con precisión suiza y eleva el concepto de la serie a su máxima expresión, poniendo a disposición del jugador un mundo enorme no sólo en cuanto a extensión sino también en cuanto a posibilidades a la hora de abordarlo. Sin duda alguna uno de los mejores juegos de la pasada generación.

Pero no todo el monte es orégano y la franquicia también ha conocido títulos menores: GTA Advance (GBA, 2004), Liberty City Stories (2005) y Vice City Stories (2006), estos dos últimos para PSP y PS2. Spin-offs concebidos para hacer caja, correctos en el mejor de los casos y que no aportan nada reseñable más allá de la posibilidad de hacer el cabra por las calles de la ciudad de turno mientras esperas el autobús. Probablemente su modestia ponga de manifiesto la desavenencia de la saga con el tono ligero y rápido que propone una consola portátil. Parece ser que con Chinatown Wars por fin Rockstar ha logrado poner punto final a este desencuentro.

GTA 4 fue lanzado en abril de 2008 para PS3 y Xbox 360. La versión para PC apareció a finales de ese mismo año y, al parecer, no exenta de polémica en forma de numerosos bugs. En términos generales el título cosechó alabanzas generalizadas tanto por parte de crítica como de público. Alabanzas, eso sí, que con los años y la perspectiva que da el tiempo parecen haberse enfriado ligeramente.

De entrada hay que señalar que los puntos fuertes de esta entrega son dos: la ambientación y el argumento, entendido éste en el amplio sentido de la palabra: trama, personajes, diálogos, etc.

Ambientación

Si bien la extensión de Liberty City no alcanza las colosales dimensiones de San Andreas, con todo lo que ello implica en cuanto a variedad de localizaciones, la recreación de esta Nueva York virtual resulta soberbia. Rascacielos, avenidas, parques, comercios de lo más variopinto, edificios destartalados y sucios, efectos climatológicos, el reflejo de las luces sobre el asfalto mojado... La autenticidad que transmite la ciudad es magnífica y se construye a partir de multitud de detalles en los que el estudio ha puesto una atención enorme. No verás en todo el juego texturas sobreexplotadas o una calle sospechosamente parecida a otra. Este detallismo extremo hace que el mero hecho de pasear por Central Park, darte una vuelta por Times Square o contemplar al atardecer la Estatua de la Libertad sean algo placentero en sí mismo.

La bofetada te la llevas cuando decides abandonar el papel de espectador y ponerte a jugar con el majestuoso parque temático que los chicos de Rockstar han puesto a tu disposición. Descubres entonces la triste realidad: Liberty City es un decorado espléndido, pero atrezzo al fin y al cabo, y las posibilidades de interacción con él existen pero se encuentran limitadas y, desde luego, no alcanzan el nivel de entregas anteriores. No puedes entrar en las tiendas ni en las viviendas ni, por tanto, robar en ellas, y, en general, el acceso a edificios sólo se permite puntualmente y por necesidades del guión. Por otro lado la interacción con los peatones se limita a tirarles el café o a atentar contra su integridad física o sus carteras (en San Andreas al menos podías decirles algo y te respondían). Son detalles que no dejan de afectar a la credibilidad que transmite el entorno y que, en última instancia, repercuten negativamente en las posibilidades jugables y de exploración tan características de la saga.

Y es que uno de los puntos fuertes cuando echas una partida a un GTA ha consistido siempre en desafiar las posibilidades del escenario: ¿puedo alcanzar la azotea de ese edificio?, ¿y viajar subido encima del tren?, ¿qué pasa si aterrizo la avioneta dentro del estadio? En Vice City era perfectamente posible recorrer un trecho de la ciudad en bicicleta saltando sobre los tejados de las casas. A Liberty, en cambio, parece que no ha llegado todavía este ecológico medio de transporte y nunca podrás alcanzar gran parte de los lugares que te ofrece la ciudad. Se ve pero no se toca.

Existe además otra circunstancia que juega en contra de la ambientación o, al menos, de la inmersión: la falta de un doblaje íntegro, problema que ya estaba presente en los títulos anteriores y que aquí no sólo no se ha corregido sino que, con la introducción de la televisión e internet en sus idiomas originales, se ha agudizado. Evidentemente la falta de traducción no puede afectar nunca a la valoración que se haga de un videojuego, de la misma forma que la calidad de un libro o de una película es independiente del idioma que empleen. Pero no es menos cierto que, especialmente en un juego de estas características, la ausencia de doblaje hace que multitud de detalles pasen desapercibidos y que, por tanto, el grado de inmersión que ofrece el título en su idioma original se vea mermado. Así, si no tienes un nivel aceptable de inglés te perderás las perlas que sueltan por la radio o por la tele, por no hablar del engorro que supone una persecución en coche con un ojo puesto en los subtítulos y otro en el mapa.

Argumento

La historia de GTA 4 te pone en la piel de Niko Bellic, un inmigrante de la Europa del Este que, tras trabajar una temporada en un turbio negocio de tráfico de personas, decide viajar a Estados Unidos atraído por los cantos de sirena de su primo Roman. Pronto descubre la cruda realidad: el país de las oportunidades resulta ser un lugar hostil y corrupto y, desde luego, la vida opulenta y lujosa que decía llevar su primo no era más que una engañifa.

La actitud crítica de Rockstar hacia el llamado sueño americano siempre ha estado presente en la saga GTA, aunque con un tono sarcástico y hasta cierto punto caricaturesco. En esta entrega el tema aparece tratado con mayor realismo e, incluso, naturalidad, por lo que se percibe como más cercano y convincente. El juego contiene escenas y diálogos que en este sentido resultan antológicos y que remiten a la mejor tradición del cine negro. En una de ellas un ciudadano de Liberty City extorsiona a un inmigrante sin papeles con la Estatua de la Libertad al fondo presidiendo la escena. En otra un agente del FBI chantajea a Niko y, al observar la reacción de sorpresa de éste, le espeta: ‘¿creías que esto era distinto a tu país?’ Pinceladas certeras que retratan las miserias y contradicciones de una nación en la que un lío de faldas a punto está de costarle el cargo a un presidente y una mentira sobre armas destrucción masiva para justificar una intervención militar a gran escala no impide a otro salir reelegido.

Este mayor peso argumental del título hace que las posibilidades de personalización del protagonista prácticamente desaparezcan. Aquí se narra el drama de un superviviente que trata de dejar atrás un pasado marcado por la guerra y que, desde luego, no pretende convertirse en el amo del cotarro. En este sentido sería contraproducente ofrecer al jugador la posibilidad de peinarlo a lo afro y vestirlo como un chulo de finales de los setenta. El juego, eso sí, te ofrece unas cuantas opciones de vestuario, complementos incluidos, pero lo suficientemente modestas como para no diluir el carácter que se le quiere imprimir al personaje. Por supuesto, desaparecen los toques roleros presentes en San Andreas (entrenamientos en gimnasios, dietas más o menos ricas en colesterol, etc.) y que podían hacer que acabaras el juego con un auténtico Carl Lewis o con un Homer Simpson. Nada que se eche en falta.

Jugabilidad

Hasta aquí tenemos un juego que, aún con sus peros, destaca por su atmósfera y por su historia. Pero, ¿qué hay de la jugabilidad? Quizás sea este el apartado en el que se le puedan poner más pegas al título de Rockstar.

La jugabilidad de un GTA siempre ha descansado sobre dos pilares básicos: la libertad y las misiones.

La libertad para explorar el entorno a tu antojo se ha visto mermada, como ya dijimos, por las menores posibilidades de interacción que ofrece Liberty City. Ojo, el juego no deja de ser un GTA y las distracciones que brinda están ahí y siguen siendo considerables: robar coches (con rotura de lunas y puente incluidos), viajar en helicóptero o motora, sembrar el caos por las calles, echarte novia, salir de copas o a cenar, jugar una partida al billar, a los bolos o a los dardos, acudir a espectáculos de striptease o a un cabaret... Tienes toneladas de pasatiempos y además las relaciones sociales de Niko adquieren especial protagonismo, pero no llega ni de lejos a lo visto en la anterior entrega y, desde luego, los obstáculos a la exploración hacen que la experiencia se resienta. Aquí la caja parece más de cartón que de arena.

En cuanto a las misiones el juego mantiene su gran baza de siempre, que no es otra que la de otorgar al jugador un amplio margen de libertad a la hora de llevarlas a cabo. Así por ejemplo, existe una misión en la que has de acabar con un tipo que se encuentra a bordo de una embarcación. Aunque la cosa está planteada de forma que tu objetivo te vea acercarte en una lancha y huya, iniciándose así una espectacular persecución acuática, nada te impide despacharlo desde la playa con un rifle francotirador.

A pesar de todo, hay que señalar que en GTA 4 se confirma una preocupante tendencia que no pasó desapercibida en las dos entregas de la saga para PSP, pero que en cierta medida resultaban excusables dado el carácter portátil de la plataforma: la sencillez de las misiones, entendida ésta, no como una mayor facilidad para culminarlas con éxito (que existe: GTA 4 es con diferencia la entrega más fácil de la serie), sino en lo relativo a la simplicidad en su construcción.

Las misiones en GTA 4 resultan por lo general poco variadas y carentes de imaginación. El caso más extremo de minimalismo lo encontramos en una que consiste simplemente en cruzar la calle para pegarle un tiro a un tipo. Este planteamiento tan básico rompe con la mejor tradición de una saga que siempre se ha caracterizado por un exquisito diseño y, desde luego, por una variedad mucho mayor.

En San Andreas había una misión muy graciosa en la que debías despachar al encargado de una obra que se había encerrado en el baño (al parecer había cometido la osadía de silbar a tu chica). En otra comenzabas cargándote a los miembros de una banda rival, pero el asunto se te iba de las manos y acababas rescatando de una casa en llamas a una mujer, a la que, por cierto, luego te ligabas. En otra debías infiltrarte en una mansión para robar algo. Espectacular resultaba una persecución en moto a un grupo de maleantes que te disparaban desde un tren. Podrían citarse múltiples ejemplos de misiones decididamente más inspiradas para demostrar algo que resulta evidente: que a los chicos de Rockstar se les están agotando las ideas, lo que no deja de ser hasta cierto punto comprensible después de tantas entregas.

Por otro lado, GTA 4 introduce un acertado, aunque no demasiado pulido, sistema de cobertura. Se trata sin duda de una aportación destacable y que mejora la calidad de los tiroteos, aunque se cae en el error de sobreexplotarla, con lo que se repiten con bastante frecuencia las misiones consistentes intercambios de plomo.

Pese a lo dicho es de justicia señalar que se aprecia un esfuerzo por enriquecer, o al menos camuflar, la sobriedad de este apartado. La huida tras el atraco al banco es intensa, espectacular y muy cinematográfica, al igual que la última misión del juego. Existe otra bastante divertida en la que tienes que perseguir a un tipo por el parque montado en un ciclomotor. En otras cobra protagonismo el teléfono móvil: sacar una foto comprometida a alguien, identificar al objetivo llamándole o por una foto recibida vía sms, etc., aunque no deja de ser un añadido para maquillar esquemas ya vistos.

Junto a las misiones con chicha existen, como siempre, otras que carecen de trascendencia argumental y que alejan al protagonista del rol de matón. Aunque algunas de ellas han desaparecido (baloncesto, autoescuela, reparto de pizzas, etc.), todavía puedes pluriemplearte como taxista, vigilante, conductor de ambulancias, bombero, o participando en carreras de coches. Distracciones correctas sin otra pretensión que la de alargar y enriquecer la ya de por sí vasta propuesta del juego.

Expansiones

Episodes from Liberty City constituye la versión retail de las dos expansiones de GTA 4 aparecidas previamente en formato descarga: The Lost and Damned y The Ballad of Gay Tony, y ofrece la ventaja de que no es necesario disponer del título principal para poder jugarlas. Por definición, una expansión constituye básicamente un intento por parte de la desarrolladora o distribuidora de turno de obtener una mayor rentabilidad económica a corto plazo y con el mínimo esfuerzo, mediante el aprovechamiento de elementos presentes en un título que ha sido éxito de ventas. Estos dos episodios de GTA 4 no suponen, en este sentido, una excepción a esta máxima general: más allá de alargar considerablemente la experiencia de juego, no aportan novedades reseñables y, con la salvedad de un par de localizaciones, reutilizan las majestuosas calles de Liberty City.

Ambas expansiones ofrecen la novedad de conectarse argumentalmente entre sí y con el episodio protagonizado por Niko Bellic, a quien verás en más de alguna ocasión, ofreciendo determinados sucesos desde diferentes puntos de vista y dando, así, como resultado una especie de collage similar al de una película de Quentin Tarantino.

En The Lost and Damned encarnas a Johnny Klebitz, miembro de una banda de motoristas de la vieja escuela cuyo líder acaba de salir en libertad tras haber cumplido condena. La trama se centra en ambientes callejeros y marginales, en los que la música rock, las cazadoras de cuero y las Harley son los auténticos protagonistas.

Este episodio pretende incorporar un toque rolero que no pasa de lo anecdótico: los compañeros de Johnny suben de nivel a medida que le ayudan a superar misiones, por lo que en principio interesa mantenerlos con vida, ya que, en caso de perecer, serán reemplazados por otros nuevos con las habilidades a cero. Con todo, esta cuestión resulta finalmente bastante irrelevante.

The Ballad of Gay Tony presenta otro tipo de cloacas: las nocturnas. Aquí asumes el rol de Luis López, relaciones públicas de dos garitos de moda y cuyo socio, Tony Prince, ha cometido la torpeza de endeudarse con gente poco recomendable. En este episodio el tono antisistema y, hasta cierto punto, romántico del anterior cede su lugar a personajes algo más sofisticados, no sólo en cuanto al entorno en el que se mueven, sino también por el hecho de poseer un carácter más cínico y pragmático.

Pese al abuso de los tiroteos, la calidad de las misiones en este segundo episodio es, en términos generales, bastante buena y superior, incluso, a la del título principal, alcanzando en algunos momentos el hilarante nivel que hizo grande a esta saga.

Conclusiones

GTA 4 es un buen título, que deslumbrará sin duda a aquellos que se acerquen por primera vez a esta espléndida franquicia, pero ni mucho menos es el mejor de la serie ni, desde luego, la obra maestra aventurada por algunos. Eso sí, con él Rockstar parece haber conseguido un difícil equilibrio entre las restricciones que implica ceñirse a una trama y a unos personajes más definidos y la libertad y riqueza de posibilidades que siempre han caracterizado a la serie, si bien a costa de dejarse cosas por el camino. No deja de ser curioso, en este sentido, que en la ciudad exista una feria que se encuentra permanentemente cerrada, por lo que Niko tan sólo puede contemplar con contrariedad y desde la distancia las sugerentes y vacías atracciones. Probablemente sientas algo parecido cuando juegues a GTA 4 después de haber degustado las excelencias de San Andreas.

PUntuación: Recomendable.


Sobre esta noticia

Autor:
Portalgameover (443 noticias)
Fuente:
portalgameover.com
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Tipo:
Reportaje
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