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Esta es la realidad económica de la Argentina de hoy

16/11/2010 17:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Casi todos los días, los medios de comunicación destacan buenas noticias sobre el país

Ricardo Osvaldo Rufino mir1959@live.com.ar

Hay que prestar atención, ser curioso, afinar la mirada. Y observar. Así, se pueden obtener conclusiones sobre cuál es la verdadera realidad de la situación económica de la Argentina de estos días.

Por ejemplo: en los cajeros automáticos, siempre hay gente retirando dinero. Siempre. Y los que extraen sus billetes son de diferentes sectores sociales, se nota por su ropa, por su postura. En la década del noventa eran siempre los mismos: personas muy bien vestidas y con la impronta típica de la clase media. Sucede que pocos años atrás, los más humildes casi no accedían a los cajeros. Se limitaban a cobrar el salario una vez por mes, en el mejor de los casos. Ahora, el aparato productivo en plena expansión, las virtudes del modelo inclusivo pergeñado por el gobierno nacional y las medidas de estímulo a la economía decididas en plena crisis financiera internacional, posibilitaron crear cinco millones nuevos puestos de empleo. Más el cobro de la Asignación Universal por Hijo y el haber mensual por el Programa Argentina Trabaja, crearon un movimiento monetario inusual que está llegando a amplios sectores.

Casi todos los días, los medios de comunicación destacan buenas noticias sobre el país. Sube indetenidamente la recaudación fiscal, crece la producción industrial (medida año contra año), se incrementa la venta en los supermercados y shoppings, etc., etc.

Además hay una fuerte recuperación del crédito, de las ventas de inmuebles para viviendas familiares, de la demanda de empleo en algunos sectores específicos, de la matrícula escolar, del consumo interno. Hay, también, un “boom” del movimiento turístico y records de producción y venta de automóviles. Las calles de las ciudades grandes y medianas se ven abarrotadas de vehículos de todo tipo, y en los negocios de venta de ropa y los bares, confitería, restaurantes y pizzerías se observa un fluido ir y venir de clientes.

Por eso, entiendo, que es bueno caminar por las calles y veredas de nuestras ciudades sin anteojeras. Darnos cuenta que la realidad es ésta, la que se ve, la que se puede palpar, oler y tocar una y otra vez con las propias manos, sin dejar que los “intermediarios” de guante blanco lo hagan en nombre nuestro.

Algunos se sorprenden porque las últimas encuestas confiables realizadas por consultoras, no precisamente amigas del gobierno, señalan que, mientras bajan en caída libre todos los percherones opositores, Macri, Cobos, Carrió, Duhalde, etc., la imagen e intención de voto de Cristina y Néstor Kirchner (antes de su desaparición física) sube semana tras semana. Ahora, claro, únicamente la de la presidenta de la Nación. Me interrogo: ¿No resulta lógico pensar que si la economía del país y el bolsillo de los ciudadanos mejoran crecientemente, la principal líder y mentora de ese sistema económico basado en el mejoramiento de la capacidad adquisitiva de la población y en la inclusión, sea la que coseche la valoración positiva de la sociedad en su conjunto?

Por supuesto, que existen aspectos que no están bien, básicamente que todavía un 10 % de la población económicamente activa continúa desocupada, la inflación (provocada por la desmedida ambición de los empresarios que al ver el aumento de la demanda quieren ganar más y más) que es alta y perjudica fundamentalmente a los sectores de ingresos fijos y, por último, la inseguridad y el delito que, aunados, conforman un monstruo imparable. Pero que la Argentina actual es otra, de eso no tengo dudas. El aire que se respira es otro. Muchos argentinos hemos recuperado el orgullo por nuestro país.

Voy a buscar una metáfora que ilumine y ejemplifique la situación actual: “la Argentina es una gran fábrica recuperada”. Pese a la encarnizada oposición de los grandes medios de la prensa escrita, como los diarios Clarín y La Nación, que boicotean y tergiversan numerosos hechos positivos, me arriesgo a afirmar contundentemente ésto, pese a la obligación que tengo de ser ecuánime y objetivo.

Ocurre que es lo que observo. Y es el resultado, además, de la comparación que realizo con años no demasiado lejanos, en los que la nación estuvo al borde de la debacle y su disolución (léase 2001 y 2002).

En las calles de mi Argentina veo, compruebo, que un viento de alegría empezó a soplar con más fuerza. Y ese viento cubre a gran cantidad de argentinos. En otras oportunidades también supo soplar. Pero cubría, apenas, a unos pocos privilegiados…


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Autor:
Prensa Libre Valenciana (108 noticias)
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