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Rastreadores militares. Persiguiendo las trazas de coronavirus

19/10/2020 23:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La persistencia de la pandemia de coronavirus ha forzado a mantener el despliegue militar en su contra pero con diferencias a la clausurada Operación Balmis y en la presente Misión Baluarte una nueva figura militar ha surgido con fuerza la figura del Rastreador Militar

No existen precedentes en un siglo de la virulencia de la pandemia de COVID-19 que afecta a la humanidad en estos duros momentos, una epidemia que no solo se ha cobrado ya más de un millón de vidas, estas las confirmadas pues otras estadísticas ascienden esta cifra, en todo el planeta sino que ha supuesto un choque económico que ha dejado en meras anécdotas las crisis económicas precedentes.

En la lucha contra esta pandemia una nueva figura ha surgido en los últimos tiempos, la del RASTREADOR. Esto es el personal encargado de identificar en sociedad a aquellos sospechosos de padecer la enfermedad pero que lo desconocen por lo que son un vector de infección, la labor del rastreador es seguir las pistas y datos que se conocen positivamente para partiendo de un infectado confirmado identificar a quienes pudieron estar en contacto con él en una actitud con riesgo de contagio para así advertirles del peligro y sabiendo su identidad pueda confirmarse si está infectado o no.

Esta labor era en principio tarea de funcionarios de sanidad pero la formidable extensión de la pandemia pronto superó con creces las capacidades de rastreo de la sanidad pública, por ello la implicación de las FAS en esta tarea se convirtió en algo ineludible y en España como ejemplo completo esta implicación de los ejércitos ha sido total en un operativo bautizado como "Misión Baluarte".

De "Balmis" a "Baluarte", cambios en la misión

Sí la Operación Balmis implico en total hasta 180.000 efectivos militares, cifre acumulada del número de militares que intervinieron en un momento u otro de la movilización, realizando toda clase de tareas: desinfección, patrullas, vigilancia, patrullas, apoyo logístico, despliegue médico/sanitario y soporte a las administraciones civiles.

La Nueva misión, bautizada como "Baluarte", implica un despliegue más discreto y aunque eventualmente se realizan tareas logísticas, sanitarias y de desinfección el peso de la operación descansa sobre la actuación de los rastreadores militares como principal factor de la misión, basándose la estrategia en que la labor de estos investigadores permitirá identificar, localizar y finalmente aislar a los contagiados y así tratar de contener la infección. 

Cuando esta estrategia de rastreo se inició al superarse las fases de confinamiento los rastreadores eran en exclusiva personal civil de sanidad, pero como ya se mencionó pronto lo ímprobo de la tarea superó las capacidades sanitarias e hizo precisa la petición de ayuda al Ministerio de Defensa, de este modo fue la Unidad Militar de Emergencias, UME, al inicio de la temporada de verano la que aportó los primeros equipos de rastreadores en la idea que una segunda ola de la pandemia sería más soportable que la crisis soportada en primavera.

Pronto esto demostró ser un calculo equivocado pues la virulencia de los contagios superó las previsiones, o tal vez el número de contagios de COVID-19 siempre haya sido el mismo solo que al hacerse en esta nueva fase muchos más test de identificación, PCR y serológicos, se detectan más infectados la absoluta mayoría asintomáticos.

Sin entrar a discutir más los factores de propagación y su verdadera entidad, el hecho es que pronto la UME se vio superada por lo ingente de la tarea lo que hizo necesario el concurso de resto de ramas de las FAS que aportasen nuevos equipos de rastreadores que reforzaran el conjunto de personal dedicado al rastreo de contagiados. Este es el argumento principal de la "Misión Baluarte".

Rastreadores de las FAS. Cifras

El total de rastreadores que el Ministerio de Defensa ofreció a las diferentes CCAA fue de 2.000 todos extraídos de los tres ejército y de la UMA, según las peticiones de las comunidades autónomas, Cataluña y País Vasco rechazaron la ayuda y afrontan mal que bien la segunda oleada del COVID-19, por lo que se han activado un total de 1.700 manteniéndose el resto en reserva y como relevos.

Según el despliegue territorial de las FAS el despliegue varia, La Armada constreñida a sus bases navales y Cuartel General solo despliega rastreadores en Madrid, Murcia, La Coruña, Cádiz, Baleares y Canarias. Mientras que el ET y el Ejército del Aire con un despliegue más extenso distribuyen más equipos por la totalidad del territorio nacional, de este modo es la unidad que más efectivos despliega en tal zona de España la que presenta el mayor número de rastreadores en ese territorio.

Como ejemplo en Asturias y Galicia se despliegan 80 rastreadores pertenecientes a la Brigada "Galicia" VII, indudablemente la unidad militar más numerosa presente en esos territorios, en Baleares la mayor parte del personal de rastreo es aportado por la COMGEBAL del ET con apoyo del secciones del EDA y Armada.

Madrid es un ejemplo muy arquetípico por su condición de capital y que todas las ramas de las FAS se encuentran en ella. De este modo en Madrid se despliegan 150 rastreadores, Unidad de Vigilancia Epidemiológica que manda un comandante, repartidos en 5 secciones, cada una Sección de Vigilancia Epidemiológica, de 32 efectivos estando cada cual al mando de un teniente.

De estas secciones, dos son del Ejército de Tierra y se despliegan sendas en la sede del Mando de Artillería Antiaérea, MAAA, en Fuencarral y en la sede de la Brigada "Guadarrama" XII en la Base del Goloso.

El Ejercito del Aire aporta otras dos secciones, una acantonada en la Base Aérea de Torrejón y la otra en la Base Aérea de Getafe. La Armada aporta la quinta sección de la unidad trabajando desde la sede de su Agrupación de infantería Marina emplazada en la calle Arturo Soria.

Adiestramiento del rastreador

Evidentemente no era la de rastreador epidemiológico la misión inicial para la que un militar estaba entrenado por ello el personal que se ha incorporado a esta labor pasó por un curso intensivo de 20 días, un curso desarrollado por la Universidad Jhons Opkins de EEUU y que se ha revelado como el más eficaz para formar al personal especialista en rastreo del mundo aplicándose para rastrear el virus desde el Perú a Nepal.

El curso impartido por personal sanitario de las distintas CCAA a los militares destacadas a las mismas incide en características particulares de la enfermedad, uso de los sistemas informáticos de seguimiento de las distintas CCAA y clases de psicología para hablar, empatizar y persuadir a los contactados en las tareas de rastreo.

La diplomacia y la empatía son vitales a la hora de tratar con el paciente en estos momentos, y cada rastreador debe mostrar manejo de ellas

Una mezcla tanto de uso de sistemas informáticos, conocimientos de medicina y sobre todo psicología, amabilidad, persuasión y "savoir faire" a la hora de tratar con los posibles contagiados de la enfermedad.

Tomando como modelo una de estas unidades de rastreo podemos fijarnos en la Sección de Vigilancia Epidemiológica desplegado en la Brigada "Guadarrama" XII empleando un aula de la Base del Goloso. 

Los 32 efectivos de esta sección epidemiológica se reparten en tres pelotones de nueve personas al mando de un sargento cada uno mientras que un teniente está al mando de toda la sección en su conjunto.

Existen tres turnos de trabajo diarios: mañana de 9:00 a 15:00 H, tarde de 15:00 a 21:00 H y fin de semana, sábado y domingo de 9:00 a 21:00 H continuado. Cada pelotón siguiendo un plan de relevos se ocupa cada semana de un turno de trabajo.

A la hora de comenzar su trabajo cada rastreador se sienta delante de un ordenador, un teléfono y material para tomar notas.

1ª Fase. Rastrear al positivo

Cada rastreador tiene un ordenador conectado al sistema de gestión de salud de su CCAA, en el caso que nos ocupa la de Madrid, por este sistema le aparecen en pantalla la lista diaria de personas que en Madrid se han hecho la prueba PCR y han dado positivo en coronavirus. al hacerse la prueba PCR el paciente debe dejar sus datos y localización por lo que es fácilmente localizable.

El sargento jefe reparte esta lista de contagiados entre los 9 efectivos que forman su pelotón de rastreo, entonces cada rastreador se pone en contacto telefónico con los positivos que le han tocado de esa lista.

Contactado por teléfono el paciente, a menudo es el rastreador el que da los resultados de su PCR, si este es positivo le informa que debe guardar cuarentena, actualmente 10 días, si es asintomático o avisar a emergencias si tiene síntomas y estos se agravan, en este punto cada CCAA dispone de un teléfono específico para avisar de cada alerta personal.

La diplomacia y la empatía son vitales a la hora de tratar con el paciente en estos momentos, pues la noticia de informar a alguien que está infectado no es algo a dar de sopetón ni manteniendo ningún suspense.

2ª Fase. Identificar a contactos sospechosos

Con los datos de realización de la PCR y sabiéndose los tiempos de incubación del COVID-19, algo que se aprende en el cursillo, el rastreador pregunta sobre los contactos que ha podido tener el positivo el lapso de tiempo en que pudo ser un vector de contagio: reuniones sociales, comidas, encuentros familiares, trabajo, etc.

Y si es factible, a veces se consigue y otras veces no pues no siempre se conocen los nombres de otras personas ni se saben sus teléfonos, el rastreador obtiene del paciente los nombres y contactos telefónicos de aquellas personas que pudieron estar en contacto con él en ese tiempo.

En esta fase se discrimina el numero de posibles contactos pues el coronavirus necesita de ciertas condiciones para contagiarse como cercanía con el interlocutor, contacto físico directo, exposición cercana sin protección más de 15 minutos, etc. Y estas circunstancias permiten reducir la lista.

3ª Fase. Localizar a los contactos  

Con esta nueva lista en su poder el rastreador se pone en contacto con los pacientes sospechosos y tras anunciarse como tal y usando mucho la psicología les interroga sobre la naturaleza del contacto con el positivo, les informa de los síntomas y le informa de donde hacerse las pruebas y las precauciones a tomar y los teléfonos a los que acudir.

Todos los datos de los sospechosos se suman al programa informático con lo que la administración tiene así un cuadro completo de la situación sobre los nuevos sospechosos de infección que deben hacerse las pruebas, gracias a este cuadro general y esta localización de contagiados y su aislamiento se confía en frenar la expansión del virus.

En este momento de la pandemia se está viviendo una situación paradójica, pues la labor de los rastreadores está sacando a la luz a una gran cantidad de contagiados superior al número de infectados que se detectó en la primera ola de la pandemia.

Ahora bien quizá el numero total en ambas fases sea en mismo o muy similar, pero con la tarea de los rastreadores en auge lo que ocurre es que salen a la luz un mayor número de contagiados, mientras que en la anterior fase se especula ahora que miles de personas padecieron asintomáticos la enfermedad o con cuadros muy leves pero que no alertaron de la misma porque ningún rastreador les localizó y no eran conscientes que la tenían, ahora quizás haya los mismos contagiados que antes pero existe en estos momentos una figura, la del rastreador, que tras un trabajo arduo les ha localizado.

Y es que la tarea del rastreador es realmente ardua, como el teniente jefe de la sección de la "Guadarrama" XII aclara: "Es agotador, cada nuevo positivo nos da los datos de otras personas que estuvieron en contacto estrecho con él y es necesario localizarlas y entrevistarlas, muchas veces no lo consigues ese día con lo que debes continuar ese rastreo al día siguiente en el que se suman los nuevos casos de esa jornada. Un esfuerzo ímprobo".

Cada rastreador pasa por un curso de 20 días perfilado por la Universidad Jhon Opkins de EEUU, se considera el más eficaz del mundo en esta formación


Sobre esta noticia

Autor:
Antonio Rodríguez Jiménez (163 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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