Un rasgo europeo… de sobremesa

Era el final de una comida familiar. Lo mejor es dejarse llevar cuando hay varias manos sabias azuzando los fogones. Abstenerse de fisgar. Quizás hay que ser un poco estoico: nada esperar y nada temer. Así, vienen las sorpresas. Y hubo varias. Pero la que más me sacudió fue la del final.
Sobre el mantel de casa de mis tíos, un plato con unos pequeños dulces que pusieron en marcha mi memoria, como si fuera la de Proust con el dichoso bollo: “Pero si son… ¡cantuccini!” Como si alguien me hubiera montado en la máquina del tiempo de Wells y me hubiera devuelto a Siena, este agosto pasado. Tuve la fortuna de pasear por sus calles, justo unos días antes de Il Palio –esa carrera de caballos para la que se prepara toda la ciudad, distribuida en “contrade”, o una mezcla tan italiana y simpática de cofradía y sociedad deportiva-. Y allí descubrí los cantuccini con vin santo. Y también allí apareció Wells, porque cuando los vi y probé dije: “Pero si son… rosegóns”, y me devolvió a mi infancia en Valencia. Pero la cosa no termina ahí. Al manifestar mi sorpresa de ayer, alguien me comentó: “Son carquinyols de Gerona”. Y del vin santo, lo mismo: llamémoslo, igualmente, moscatel, mistela…
Aquí sí que no vino Wells, pero me sentí súbitamente hermanado, mediterraneado y europeizado… y alegremente sorprendido.
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Autor: Millecturasunavida (233 noticias)
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