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RAF: Fracción del Ejército Rojo

02/06/2010 18:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se estrena en DVD la película alemana sobre el llamado "Octubre Negro"

Hacer cine sobre la historia reciente es complicado. Uno puede postularse ante lo que explica, o bien dejar bien clara una neutralidad expositiva que no moleste ni a unos ni a otros. RAF: Fracción del ejército rojo se mueve entre estas dos aguas, aunque no se preocupa de esos aspectos, y sí de hacer una suerte de retrato generacional, una especie de docudrama en la que importa menos la motivación ideológica que el análisis pormenorizado de un proceso destructivo y autodestructivo, eligiendo para ello el poder del símbolo, la pintura inmóvil de una época convulsa.

En un momento del filme, la periodista e ideóloga Ulrike Meinhof se debate entre quedarse en la retaguardia o lanzarse a la lucha armada. El hecho de que escoja esta última opción debería darnos pistas sobre el tipo de relato que vamos a ver. No obstante, la mayor parte de las acciones del grupo Baader-Meinhof son narradas de forma muy escueta (apenas unos breves planos que muestran la “acción revolucionaria”), y en cambio se nos muestra el largo proceso de confinamiento de la primera generación de la banda, y su proceso de autodestrucción. Esa primera generación actúa, por lo tanto, como símbolo de las sucesivas formaciones de la RAF, como modelo a seguir en unos actos terroristas en los que el film se toma un tiempo más largo para narrar. Y eso le sirve a la historia para intentar explicar qué tuvo la Baader-Meinhoff para ser ejemplo para una parte de la juventud alemana durante casi veinte años, partiendo para ello de un planteamiento endogámico de principio a fin. El único personaje de entidad ajeno a la RAF o al submundo terrorista es el inspector de policía interpretado por Bruno Ganz, que apenas se mueve de su oficina y que de forma expositiva (de forma muy alemana, dirán algunos) disecciona la relación entre los poderes del Estado o la necesidad de una solución política y no estrictamente judicial al conflicto con la RAF. ¿Es por eso RAF: Fracción del Ejército Rojo un film político? Quizás es más bien una reflexión histórica, de similar horizonte conceptual que El hundimiento o La vida de los otros, un intento de comprender qué atracción ejerció la verborrea del marxismo-leninismo en las mentes de ciertos gurús del 68. En otras circunstancias (y en otras épocas) la dialéctica dogmática de una Ulrike Meinhof hubiera servido como punto de partida de las buenas intenciones de un Costa-Gavras, pero aquí se queda en lo que es, en la historia de un fracaso generacional. El Andreas Baader que corre a toda velocidad con su coche, escuchando My Generation de The Who podría haberse convertido en un delincuente de guante blanco o en un empresario de éxito durante los 80, pero vive en una época empapada de antiimperialismo, de lucha de clases, de oposición a la Guerra del Vietnam, de violencia policial, de efervescencia estudiantil, que el film se encarga bien de retratar con una concisión admirable. De ahí que la película haga más hincapié en las acciones de la segunda generación de la banda, incrementando así el poder simbólico de unos fundadores de la RAF que permanecen cautivos, y que son los primeros en darse cuenta de su alto al vacío y de sus contradicciones.

La película intenta explicar qué tuvo la Baader-Meinhoff para ser ejemplo para una parte de la juventud alemana durante casi veinte años

Si la película hubiera apostado por el tono documental, un tono que mantiene en ciertos aspectos, como el de su agilidad narrativa, quizás no hubiera dejado de lado aspectos tan interesantes como la ceguera de algunos intelectuales de su tiempo, como el de Sastre y su famosa visita a la prisión de Sttugart-Staimmheim, ni hubiera pasado de puntillas sobre el suicidio colectivo de los miembros de la Baader-Meinhof, que durante mucho tiempo sirvió para alimentar las más diversas teorías conspirativas. No obstante, eso le permite a RAF: Fracción del Ejército Rojo presentarse como un ejercicio de memoria histórica, basándose para ello en la fluidez expositiva y en el acercamiento a unos personajes herederos de su tiempo. Ya se sabe, la tragedia es más leve cuando pasan los años y miramos atrás, aunque sólo sea para ver qué queda de nosotros en aquellos actos, qué recuerdos nos traen los grandes conceptos históricos como El otoño alemán o La Ostpolitik, y por qué no, aspectos como La Transición Española, los GRAPO o el terrorismo vasco. Ojalá algún día podamos tomar ejemplo.


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