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La radiación beneficiosa para la medicina y un monstruo invisible si se descontrola

30/03/2011 12:14 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando Madame Curie descubrió la radiactividad y obtuvo el Premio Nobel, la gente era ignorante del descubrimiento. Pero pronto constituyó una pesadilla para ella y un monstruo invisible para quienes la rodeaban

Hasta ahora podemos tener una idea de la importancia que implicó e implica para la humanidad poseer control sobre este conocimiento, pero como muchos autores lo han afirmado desde mediados del siglo XX; “la radiactividad ha pasado de ser un regalo divino, a una de las mayores pesadillas para el hombre”.

Esta acotación tiene mucho de cierto, ya que si bien gracias a esto hemos podido datar los fósiles y saber con bastante exactitud la edad de la tierra y de una infinidad de objetos, también hemos podido salvar muchas vidas gracias al empleo del fenómeno en aplicaciones médicas y hemos abastecido de energía nuestras fábricas y muchas casas también debemos decir que el empleo de este conocimiento le ha traído al hombre muchos dolores de cabeza.

Todos estos problemas se deben al empleo descontrolado y sin medir consecuencias. Para entender mejor esto deberíamos plantar los efectos nocivos que nos acarrea el empleo de la radiactividad:

Cuando la materia absorbe radiación, su energía puede causar ya sea excitación o ionización de ella. Se produce excitación cuando la radiación absorbida excita los electrones a estados de mayor energía o aumentan el movimiento de las moléculas haciéndolas moverse, vibrar o girar. Ocurre ionización cuando la radiación elimina un electrón de un átomo o molécula. En general la radiación que causa ionización, llamada radiación ionizante, es mucho más dañina para los sistemas biológicos que la radiación que no la causa, llamada radiación no ionizante.

Casi todos los tejidos vivos contienen al menos un 70% de agua en masa. Cuando se irradia en tejido vivo, la mayor parte de la radiación es absorbida por las moléculas de agua. Por tanto, es común definir la radiación ionizante como radiación capaz de ionizar el agua, un proceso que requiere una energía mínima de 1216 Kj/mol. Los rayos alfa, beta y gamma (lo mismo que los rayos X y la radiación ultravioleta de más alta energía) poseen una energía que sobrepasa esta cantidad y son por tanto formas de radiación ionizante.

En las células y tejidos, estas partículas pueden atacar una multitud de biomoléculas circundantes para producir nuevos radicales libres, los cuales, a su vez, atacan todavía más compuestos. Así pues, la formación de un solo radical libre puede iniciar un gran número de reacciones químicas que son capaces en último término de perturbar las operaciones normales de las células.

El daño que produce la radiación depende de la actividad y energía de la misma, de la duración de la exposición, del área del cuerpo afectada y de si la fuente está dentro o fuera del cuerpo. Fuera del cuerpo, los rayos gamma son particularmente dañinos, porque penetran los tejidos humanos con gran eficiencia como lo hacen los rayos X.

En consecuencia, el daño que causan no está limitado a la piel. En cambio, la piel detiene casi todos los rayos alfa, y los rayos beta solo consiguen penetrar aproximadamente 1 cm. más allá de la superficie de la piel. Por lo tanto, ni uno ni otro son tan peligrosos como los rayos gamma a menos que la fuente de radiación entre de alguna manera en el cuerpo.

Dentro del organismo, los rayos alfa son particularmente peligrosos porque transfieren su energía al tejido circundante e inician daños considerables. En general, los tejidos que muestran mayor daño a consecuencia de la radiación son los que se reproducen con rapidez, como la médula ósea, los tejidos formados de sangre y los nódulos linfáticos. El efecto principal de una exposición prolongada a dosis bajas de radiación es la inducción del cáncer. El cáncer es causado por daños al mecanismo regulador del crecimiento, lo que induce a la célula a reproducirse sin control. La leucemia, que se caracteriza por el crecimiento excesivo de glóbulos blancos de la sangre, es probablemente el principal de cáncer asociado a la radiación.

En vista a los efectos biológicos que nombramos, es importante determinar si algún nivel de radiación no es peligroso para los organismos. Desafortunadamente, los intentos por fijar normas realistas se han visto obstaculizadas por la falta de comprensión de los efectos de la exposición de larga duración a la radiación.

Los científicos que se ocupan de fijar normas sanitarias han aplicado la hipótesis de que los efectos de la radiación son proporcionales a la exposición incluso en dosis bajas. Se supone que cualquier cantidad de radiación causa cierto riesgo de lesión y los efectos de las dosis altas se extrapolan a las más bajas. En cambio, otros científicos que consideran que existe un umbral bajo el cual la radiación representa un riesgo. Hasta que las pruebas científicas permitan definir la cuestión con cierta confianza, es más seguro suponer que incluso los niveles bajos de radiación plantean ciertos riesgos.


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fogeln (30/03/2011)

Interesante y con lenguaje didactico. Un tema arido bien presentado.Bravo!