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Cuando quitas el lucro a una empresa, ¿qué queda?

29/10/2010 05:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

The Diamond-Water ParadoxSon ya varias ocasiones últimamente en las que veo recurrir de nuevo a la pirámide de Maslow para explicar los modernos enfoques de las empresas. Y no me refiero a la autorrealización comprando gasolina. El bueno de Abraham no sé si fue consciente del juego que iba a dar su pirámide de las necesidades. Mira que pasa el tiempo y sigue siendo útil para explicar por qué se mueven los humanos.

El caso es que la mayor parte de quienes habitamos el primer mundo -con crisis de por medio, eso sí- vivimos con nuestras necesidades básicas cubiertas. Por la parte de arriba de la pirámide habitan la (auto)estima, nuestra dimensión social y sentirnos a gusto con lo que somos. Suponen potentes motores conductuales. Eso sí, ya decíamos ayer que también hay juego por la parte de abajo de la pirámide: la proyección -artificial o no- de inseguridad, rebaja las necesidades para impactar en instintos más básicos.

Arriba de la pirámide se acabó la producción en masa y la eficiencia basada en costes. No, no son esas las fuentes de competitividad. Allá arriba se ubica la antropología, la etnografía, la cultura, el arte y la búsqueda de felicidad. Pero también se ubica la parte caprichosa del ser humano, la irracionalidad o la volubilidad de un comportamiento que se bambolea al aire del moderno capitalismo cognitivo y emocional. Es un territorio donde las empresas compiten con la fe, con la iglesia, con los grandes ideales y las tendencias culturales.

¿Es esa zona de las necesidades humanas un terreno lógico para hablar de dinero y lucro? ¿Cómo compaginar el poderoso deseo de la empresa de conseguir más y más beneficio económico con unas reglas que no son precisamente las de mercado? Todo anda revuelto y hay una clara ganancia de pescadores. Marketing emocional, neuromarketing, economía de la experiencia, living labs y chanflainas parecidas. Todas a por lo mismo: a por la conquista de nuestros corazones. Eso sí, en la inmensa mayoría de las ocasiones con un amo de fondo que insiste en ganar dinero porque hay que satisfacer al accionariado.

¿Qué sentido queda cuando a una empresa le quitas los grandes objetivos típicos de facturación y conquista de nuevos mercados? Primero, antes que cualquier otra cosa, ¿la empresa maneja intenciones fiables de cara a la sociedad que la rodea? ¿Debe competir contra esas otras organizaciones que no ambicionan lucro pero que atraen talento?

La economía abierta plantea un reto hasta ahora desconocido. Han entrado en el mercado entidades que se apartan de la línea oficial de maximizar beneficio económico. Son potentes porque desde su nacimiento quedaron instaladas en la parte alta de la pirámide de Maslow. Es su terreno natural. Mientras tanto, el pelotón de las empresas competitivas en épocas pasadas se ven obligadas a cambiar sus estándares e indicadores. Ya no pueden medir la satisfaccion de sus clientes en tanto que cubren necesidades básicas. El mercado es mercado y no lo es. Hay lucro y no lo hay. Las paradojas campan a sus anchas en un escenario complejo y que admite casi de todo.

Maslow sigue siendo útil casi setenta años después de que presentara su famosa pirámide. Ahí queda eso.

Algunos otros artículos en los que le doy vueltas a estos mismos asuntos:

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La imagen en Flickr es de omniparticles.


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Consultorartesano (1350 noticias)
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blog.consultorartesano.com
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