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Queridos peces gordos

12/02/2011 00:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ver, oír y gritar

Queridos peces gordos

Cuando se cumple el 75 aniversario de la película Tiempos modernos, del gran Chaplin, una sátira sobre el capitalismo y las preocupaciones de la clase obrera, el filme continúa siendo tan válido como el primer día. Si entonces funcionaba la Gran Depresión, a raíz de la caída de la bolsa en octubre de 1929, virus estadounidense que se extendió a casi todos los países, hoy tenemos una crisis viva, coleando y encima de nosotros. Aquello se extendió hasta finales de los años 30 o principios de los 40. Disminuyó la economía internacional, el tsunami fue devastador y el desempleo aumentaba.

La desaparición de la financiación exterior y el aumento de las dificultades alimentaron la llegada al poder de Hitler en Alemania. Esta historia quedó también satirizada, por parte del polifacético artista, en El gran dictador (1940). Algunos recordarán el alegato contra la mecanización de los individuos, las dictaduras o la discriminación.

Un emotivo discurso a favor de la democracia y de humanizar la sociedad. “ No quiero conquistar ni gobernar a nadie” , afirma el barbero judío, al que confunden con el dictadorzuelo Astolfo Hynkel por su similitud física. “ Más que maquinaria, necesitamos bondad y ternura” , dice. Hoy también podemos decirlo.

“ ¡Soldados! -exclama el personaje de Chaplin-, no os entreguéis a hombres que os desprecian y esclavizan, que os dicen lo que tenéis que pensar, hacer y sentir, que os manejan como ganado y os usan como carne de cañón” . Estas palabras nunca han perdido actualidad y son perfectamente trasladables a las circunstancias de nuestra época. “ No luchéis por ser esclavos, sino por la libertad” .

“ Vosotros, el pueblo, tenéis el poder, no solamente el poder de crear máquinas sino el poder de crear felicidad” . Ahondando más, puntualiza: “ En nombre de la democracia unámonos y luchemos por un mundo nuevo que dará a los hombres la oportunidad de trabajar, a los jóvenes un futuro y a los ancianos seguridad” . Ninguna frase sobra. “ Los dictadores se liberan a sí mismos y esclavizan al pueblo” . Piensen en los poderes económicos, en los mercados o en nuestros queridos peces gordos de hoy en día.

A propósito, la primera escena de Tiempos modernos es muy reveladora. Un rebaño de ovejas comparable a un amplio grupo de hombres que circula en dirección al trabajo en las fábricas. Es decir, la masificación de la humanidad por causa de los poderosos. La película es de 1936, año del inicio de la Guerra Civil española.

El mandamás, el explotador de turno, desde el asiento de su despacho y a través de una pantalla, controla severamente a los trabajadores de una tediosa cadena de montaje, donde los operarios se convierten en piezas robotizadas y dejan de ser personas. Ante las grises perspectivas, en paro, con hambre y sin dinero, surge la cárcel como lugar en el que hay condumio y un colchón.

Cambian las cosas, pero existen materias que no parecen cambiar ya que las reglas del juego son las mismas. Hemos dicho alguna vez que la Gran Depresión fue un trasvase de la riqueza. Los pobres perdieron lo poco que tenían, casas, ahorros o bienes, y el Banco de América y los más fornidos se lo llevaron todo. La cosa se repite. Los desplomes financieros internacionales se cuecen en la trastienda de los opulentos para acrecentar su poderío y sus fortunas.

El libro La crisis rentable. Cómo beneficiarse de la crisis paso a paso, de Miguel Ángel Garrido y Manuel Rodríguez, refleja muy bien el porqué y quiénes se benefician. Nos hablan de la necesidad de cambios, con objeto de la supervivencia de la especie y del planeta, y del ocaso del capitalismo que ya se vislumbra. ¿Quedará una Tierra apta para la vida tras la explotación, el expolio, el saqueo pirata y las guerras de conquista y exterminio? Ser o no ser. Ésta es una de las dudas del Hamlet de nuestro tiempo.

Ambos autores defienden otro sistema económico y social antes de que llegue una crisis definitiva. Los dueños del cortijo tienen poder y batuta. Eso sí, la clase trabajadora comparte problemas y constituye la inmensa mayoría de la población del mundo.

En fin. El colapso de los mercados financieros en 2008-2009, el fraude institucional y la decadencia económica nutren los intereses de los bancos globales y de los especuladores. Y las desigualdades sociales se acentúan. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades como único modo de salir a flote pese a la dificultad y las deudas.

No tiene ese disgusto la clase alta. Rajoy, por poner un solo caso del ámbito político, cobra alrededor de 200.000 euros anuales. Piden austeridad a la gente y ellos llevan el cinturón bien suelto. Además, el consumo de productos de lujo y el negocio de las armas avanzadas crecen y disponen de un brillante futuro en el globo.

En el guión de las elites económicas, bajo el soporte de los Gobiernos occidentales, están escritas la disminución del poder adquisitivo de los ciudadanos, la humillación y la pobreza en muchos rincones. El pataleo se admite, aunque no otro tipo de disidencia.

Si ésta es la “ buena dirección” , la derecha es la dirección buena y los socialistas quedan a sus pies. El culto a los inversores lo exige. La economía repuntará después de las correspondientes estafas, que seguirán activas, como siempre, de una forma u otra. Y la población respirará con los derechos cada vez más aguados. La oligarquía impone la hoja de ruta y se pasa por el forro de sus caprichos cualquier democracia.

Marc Llorente es periodista y crítico de espectáculos


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