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¿Qué nos hace hombres?

04/07/2009 19:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una definición que responsabiliza a quien lee

A mis hijos, con esperanza

Hace días mi hijo Allan me preguntaba qué cosa hacía al hombre lo que es, lo que lo diferencia notoriamente de los otros animales. Una pregunta de difícil respuesta que han arriesgado todos los filósofos desde que nació el pensamiento. Nosotros elegimos una explicación que inicia como un simple juego de exclusiones que, poco a poco, deja de serlo para concluir en el inicio de un juicio que, eso espero, moleste a muchos.

Primero, iniciamos en una cadena clasificatoria bastante amplia y que acarreó bastantes lagunas que no nos detendremos a corregir. Dentro de lo más elemental y visible que existe en el mundo tenemos a las cosas inanimadas y su representante más recurrido: las piedras, un montón de átomos acumulados que no tienen más justificación en la existencia del universo que ocupar un espacio dado. Después están aquellos seres que cuentan con algo que definitivamente los separa del mundo de los minerales: los seres vivos, que crecen no por acumulación como los ríos o los montes, sino por potencia propia. Es definitivamente la capacidad de crecimiento lo que diferencia a los seres vivos de los minerales. Pero dentro de estos seres vivos existe una nueva diferencia que es perfectamente visible para cualquiera. Hay seres que se desplazan y seres que crecen hacia arriba, es decir: hay animales y hay plantas, y es definitivamente la capacidad de desplazamiento lo que diferencia a los animales de las plantas. Así, este juego nos puede llevar a establecer la diferencia entre los animales vertebrados de los invertebrados, y llegar, tras largo recorrido, a la clasificación más importante: ¿qué diferencia al hombre de los primates? Como un resultado de una acumulación indicamos que las nuevas funciones diferenciadoras pueden ser heredadas al nuevo escalón de nuestro ascenso. Así, tenemos que el hombre es un ser vivo al igual que el girasol, que se desplaza al igual que el cocodrilo y tiene inteligencia al igual que el chimpancé.

Y aquí empezaban las dificultades y terminaba el juego. ¿Cuál era pues la diferencia que hacía al hombre lo que es? Repetimos y recordamos algunas viejas fórmulas desde las cómicas del estilo: “el hombre es un bípedo implume”, hasta aquellas que enumeraré enseguida:

  • Un animal político.
  • Un animal racional.
  • Aquel que juega.
  • El que emite símbolos.

La que nos satisfacía más era esta última dicha por Ernst Cassirer, pero nosotros queríamos aventurar la propia. De modo que nos preguntábamos qué tienen en común un ser que es político, que es racional y que juega. Para poder realizar cualquiera de estas actividades es necesario hacer una más básica e indispensable: leer (claro, es la interpretación de los símbolos, que señalaba Cassirer, pero esta explicación sobre la lectura la hacía más cercana a la experiencia de mi niño y de cualquiera). La lectura señalada aquí es algo bastante general que incluye los siguientes puntos:

  • La interpretación de los signos escritos.
  • La audición de una lectura en voz alta.
  • La interpretación de signos no verbales.

Y es este último punto el de más difícil comprensión (o debería decir: aceptación). Aquí nos referíamos a las obras de arte (pintura, cine, etc.), las emisiones del subconscientes (cuyo máximo lector sería el psicoanálisis), los actos políticos (inaugurar aquí o allá, tienen un significado) y así una lista verdaderamente interminable. En el despertar de los amoríos es necesario también tocar las señales que emite la elegida diciéndonos “continúa” o “aléjate” para poner en juego lo que fuese necesario y no malgastar ánimos, saber necesario para un adolescente.

Era, pues, la lectura (la escritura es más particular de unos cuantos y más limitante ya que se refiere a los signos escritos mientras que la lectura es mucho más amplia, como lo señalamos en el párrafo anterior) la que separaba al hombre de los primates más inteligentes.

Ahora bien, esto implica una serie de cuestiones de difícil solución. Aquellos que no saben leer ¿no pueden ser considerados seres humanos? Claro que no nos referimos a los analfabetas ya que estas personas no podrán leer escritos, pero leen perfectamente otro tipo de símbolos. Entonces, ¿los enfermos mentales extremos no pueden considerarse humanos? ¿Los bebés recién nacidos o los embriones tampoco pueden considerarse seres humanos? No queríamos responder a estas preguntas puesto que nos importaba más que una definición definitiva una crítica a aquellos que sí deberían saber leer y que no lo hacen a pesar de ser adultos educados. La premisa final era la siguiente: para que el hombre se diferencie definitivamente de los primates superiores debe saber leer de manera voluntaria y no como un simple reflejo intelectual. Esto orillaba a una responsabilidad sobre el ser que somos, una construcción constante para ser hombres o mujeres con el potencial definitivo de serlo en activo. Dejar de leer es dejarse caer en la animalidad más bruta y funcionar en la sociedad por reacciones más corporales que cerebrales.

Ser hombre era, pues, un esfuerzo continuo para dejar de ser como una piedra, como un gusano o como un primate. Nuestra aseveración nos parecía tan definitiva que ahora veíamos a muchas personas como prototipos inacabados de esta aspiración humana.

El analfabetismo de los grandes símbolos acarrea consecuencias desastrosas para todos, en particular hablamos de nuestro país y sus dirigentes nacionales y locales; y también de aquellos que están cerca de nosotros, nuestra familia y nuestros amigos. Primeramente advertimos que quien no saber leer acarrea la discordia entre los hombres ya que ésta es fruto de la incomprensión del otro. Si el único medio que tengo de conocer a los demás es mediante la lectura que puedo hacer de los signos que emite (sean escritos o no) y no sé recibir tales signos, generaré en mí un rechazo de aquello que se me presenta. Artistas emitiendo obras, políticos que las aminoran y público que las vulgariza ¿quién romperá este círculo dañino?

Sólo la lectura puede poner en su lugar estas consideraciones y eliminar los errores perjudiciales que nos limitan definitivamente a toda una nación. El necesario nuevo humanismo deberá trazar su camino considerando estos senderos, donde la lectura forma y forja al nuevo ser humano. Si realmente queremos dejar de ser un pueblo atrasado deberemos empezar no por aumentar nuestra economía (¡cuántos errores han producidos las malas interpretaciones marxistas!) sino por saber leer realmente todos los signos que la realidad cultural y la civilización nos arrojan a cada momento.


Sobre esta noticia

Autor:
Ergo Rodrerich (6 noticias)
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Tipo:
Opinión
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