¿Qué es la Historia?
Desde el punto de vista temporal y previa abstracción de las particularidades localistas de los hechos, la historia general de la Humanidad se suele desglosar en fragmentos que atienden a aspectos objetivos. El más sencillo de ellos es el que separa la Historia de la Prehistoria, diferenciadas ambas por la utilización de la escritura (primer período) o útiles líticos como testimonio de los hechos. Dentro del período que tradicionalmente se conoce como Historia se hace una nueva división en "edades" calificada cada una de ellas por un simple criterio de localización en el tiempo. Con fines pedagógicos, se subdividió el período histórico en cuatro edades: Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. La Edad Antigua comprende las civilizaciones de los pueblos antiguos más conocidos del Occidente (Egipto, Caldea, China, India, Fenicia, Persia Grecia y Roma) y se extendió hasta la caída del Imperio romano de Occidente 476. La Edad Media se extiende desde esta fecha hasta la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, y comprende las Cruzadas, el feudalismo y el principio de las nacionalidades. La Edad Moderna alcanza desde el establecimiento de los turcos en la Europa oriental hasta el inicio de la Revolución francesa en el año 1789, y comprende la invención de la imprenta, los grandes descubrimientos geográficos, el Renacimiento, la Reforma Protestante y la Católica, las consiguientes guerras de religión y las motivadas por rivalidades dinásticas, la poderosa reacción contra la intolerancia y el absolutismo, y la gran Revolución que tan hondamente transformó el régimen social. Finalmente, la Edad Contemporánea, empieza con la Revolución francesa y continúa hasta nuestros días con las guerras napoleónicas, la Restauración, el desarrollo de las nacionalidades, las exploraciones geográficas en África y Asia, las rivalidades políticas y comerciales de las grandes potencias, y las grandes conflagraciones que fueron su consecuencia.
La ciencia histórica en la Antigüedad
La Historia, en su forma más elemental, es tan antigua como las más primitivas comunidades humanas. Antes de la aparición de la escritura los acontecimientos del grupo se transmitían oralmente de generación en generación, así perduraba en la memoria de los nuevos individuos el pasado de sus predecesores. Todavía hay tribus que mantienen su tradición histórica oral remontándose los acontecimientos narrados, en algunas de ellas, a más de seiscientos años. La aparición de la escritura en las civilizaciones del Próximo Oriente durante el III milenio a.C. marca el más primitivo origen de la Historia. Las sencillas listas de reyes grabadas en tablillas de cerámica o en bloques de piedra hace miles de años que reflejan la sucesión genealógica de los monarcas reinantes, constituyen las crónicas más primitivas; el documento histórico más antiguo datado es la Piedra de Palermo (2500 a.C.) en el que se anotan los faraones egipcios reinantes y las fechas de su reinado en relación con los desbordamientos del Nilo. Tales documentos se van enriqueciendo con datos relativos a sus hazañas militares, el cobro de tributos, la relación con otros reinos, formas de gobierno, etc. Los libros bíblicos referentes a los reyes de Israel, escritos en el siglo VII a.C. y los paralipómenos, compilados tres siglos después, son los ejemplos más notables de escritos de la Antigüedad que se acercan al concepto que hoy tenemos de Historia. Los griegos y romanos, apartándose de un limitado marco localista, aportaron al conocimiento histórico la narración analítica y no sólo descriptiva de los aspectos sociales de los territorios que dominaron, ampliando así el marco a una visión más universalista de los acontecimientos; pese a ello no se les puede considerar como los creadores de la Historia como ciencia social.
Entre los historiadores helenos hay que citar a Herodoto de Helicarnaso (484-425) llamado por Cicerón "padre de la Historia", narra en su obra capital Histories apodeixis el conflicto entre los helenos y los bárbaros; considera al proceso histórico predeterminado por la voluntad divina; Tucídides (460-396), el creador de la narración histórica objetiva, concibe su Historia de la Guerra del Peloponeso como una enseñanza para la praxis (Historia pragmática): los acontecimientos humanos no vienen determinados por los dioses, son producto de los factores políticos y éticos modificables; Jenofonte (430-354) compone la Anábasis donde narra las campañas de Ciro y la retirada de los griegos al servicio del rey persa, es además autor de Las Helénicas. Entre los historiadores latinos la figura más importante es Tito Livio (59 a.C.- 17 d.C.), el más grande historiador romano, que en sus 142 libros reconstruye la Historia de Roma, explicando su decurso como consecuencia de la "virtus romana" y la protección de los dioses. Tácito (55-117) es un gran maestro en la expresión condensada y en el análisis de las acciones humanas. Salustio (Guerra de Yugurta y Las catilinarias) y Suetonio (Vida de los doce césares) completan con sus obras la Historiografía romana. La difusión del cristianismo implicó la aceptación del relato histórico como base de la formación de los nuevos creyentes a través del Antiguo y Nuevo Testamento. El historiador cristiano se limitó a componer obras fundamentadas en las Sagradas Escrituras a las que unió las listas de los gobernantes romanos y los papas de la Iglesia.
La ciencia histórica medieval
Esta situación se mantuvo durante la Edad Media: a través de la Cosmología transcrita por San Jerónimo de la obra de Eusebio de Cesarea, sirvió de modelo a casi todos los intentos de hacer una historia general. En el caso español fue la obra de San Isidoro, el Cronicón, o la General e grand estoria, escrita por Alfonso X el Sabio, las que nos muestran una Historia a modo de crónica sucinta a los hechos, únicamente complementada con los añadidos de antiguos poemas; por el contrario, en el estado islámico de Al-Andalus el historiador Ibn Jaldun trata de investigar las causas que han motivado el nacimiento y desaparición de los grandes imperios.
La ciencia histórica en el Renacimiento
La vuelta al mundo grecorromano que se produce durante el Renacimiento transfiere a la historiografía los mismos valores que caracterizan al resto de saberes y artes de los siglos XV y XVI. En el campo de la Historia hay un claro proceso de secularización desligándola de la teología y volviendo a plantearse el análisis de las causas que intervienen en la evolución de las sociedades. Otros factores influyeron grandemente en la ciencia histórica: el descubrimiento del Nuevo Mundo y la invención de la imprenta. En el primer caso los nuevos horizontes amplían la visión cosmológica del ser humano, y la facilidad en la impresión del papel escrito mejoró las condiciones en la investigación y difusión de los saberes históricos. La Reforma Protestante, aunque informada de parecido espíritu, dio origen a la aparición de diversas corrientes que adjudicaban mayor o menor intervención a los principios morales, a la religión y a las leyes divinas en la interpretación de la Historia. De este momento son Jean Bodin (1530-1596) que publica su Método para llegar fácilmente al conocimiento de la Historia y el francés Bossuet que escribe, en 1681, un Discurso sobre la Historia Universal en el que acepta íntegramente el método providencialista de San Agustín, aunque admite la existencia de otras causas secundarias. En España, en el siglo XIV había destacado el canciller Pedro López de Ayala con sus Crónicas sobre el reinado de Juan I de Castilla, y ya en pleno Renacimiento sobresale el mayor historiógrafo español, el Padre Mariana (1534-1624) que escribió la Historiae de Rebus Hispaniae Libri XXX, la más completa de las historias medievales de la Península Ibérica.
La ciencia histórica científica
Si durante el Renacimiento la Historia se había desprendido de las adherencias medievales y había adquirido una método crítico en el siglo XVII, será en el transcurso del XVIII cuando la Historia dé los primeros pasos como una ciencia social. Gran influencia ejercieron los pensadores ilustrados franceses, especialmente Montesquieu que con su obra L'Esprit des Lois define las leyes como las principales causas determinantes del curso de la Historia y señala que la misión del historiador es descubrir e interpretar el efecto de las leyes en los fenómenos físicos y sociales. Uno de los puntos de arranque de toda la ciencia histórica moderna debe buscarse en las obras de G. Vico en las que se plantea, por vez primera, el nacimiento, progreso, decadencia y fin de las naciones, intentando encontrar las leyes que regían tal proceso. Para los estudiosos de la filosofía estas causas generales había que buscarlas en las costumbres y en las instituciones políticas y jurídicas de un estado, y las diferencias entre unos países y otros venía determinado por los caracteres del medio físico (fertilidad de la tierra, variaciones climáticas, etc.) que influyen más activamente que los valores de los grandes personajes de la Historia, concluyendo que no podían estudiarse separadamente la historia de la economía.
Materialismo histórico marxista
A mediados del siglo XIX Karl Marx intenta, en conjunción con Federico Engels, encontrar una explicación racional a los hechos jurídicos y políticos trabajando sistemáticamente en el estudio de la economía considerada como fuente que unifica y organiza las llamadas "ciencias sociales", pero tomada, no como una explicación mecanicista de los hechos históricos a partir de unos fenómenos puramente económicos, sino que sirve para explicar la forma en que las circunstancias materiales condicionan el desarrollo de las sociedades humanas en sus manifestaciones sociales, políticas e históricas. Pese a que Marx y Engels intentaron combatir los esquematismos economicistas, no es raro ver como la concepción materialista de la Historia conduce a determinismos económicos que, en principio, nada tiene que ver con las concepciones de sus creadores.
El historicismo positivo
Simultáneamente al desarrollo de las teorías materialistas, surge una corriente de investigación positivista que condujo a un desarrollo de la erudición y la crítica. El historiador, según las tendencias críticopositivistas, debe ocuparse de explicar los hechos tal y como ocurren, de tal forma que el hecho concreto debe ser el objeto verdadero del estudio del investigador. A principios del siglo XX la corriente historicista cayó en desuso y en su desprestigio arrastró a la propia ciencia histórica a la que se le negó la posibilidad de que la investigación científica pudiera aplicarse al campo de la Historia. Esta reacción contra el historicismo surgió de los más diversos campos y tuvo representantes tan valiosos como Schopenhauer y Nietzsche, o, más recientes, como Diltehey y Spengler, sin olvidar a B. Russel (neopositivista) ni a los más modernos seguidores del "estructuralismo" (Claude Levi-Strauss). Estos últimos postulan el uso en las ciencias sociales de los mismos métodos que se usan en la ciencias físicas y naturales, y plantean como objeto de análisis la contraposición de los factores diacrónicos y sincrónicos, es decir, la oposición entre estructuras estáticas que pueden ser objeto de estudio científico y las estructuras dinámicas en las que se organiza la evolución histórica y es susceptible de examinarse con métodos empíricos. Las tendencias actuales de la historiografía tienden a una posición integradora de todos los factores que postula una "historia total".
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Sobre esta noticia
Autor: Jfl (480 noticias)
Fuente: lahistoriaconmapas.com
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Tipo: Reportaje
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