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“Quartet” de Pat Metheny y Brad Mehldau y la segunda incursión del dúo

23/05/2010 22:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sus nombres en la portada del trabajo editado, escondía, sin embargo, el ejemplar cuarteto de músicos que subyacía en el revés de la música: Metheny, Mehldau, el bajista Larry Grenadier y el baterista Jeff Ballard

El guitarrista Pat Metheny junto al pianista Brad Mehldau sorprendieron el año pasado con la grabación que realizaran juntos en el mes de agosto.

Sus nombres en la portada del trabajo editado, escondía, sin embargo, el ejemplar cuarteto de músicos que subyacía en el revés de la música: Metheny, Mehldau, el bajista Larry Grenadier y el baterista Jeff Ballard. Más acorde con esa realidad, este nuevo trabajo del dúo grabado en estudio se titula justa y sencillamente Quartet.

El trabajo ofrece once cortes, de los cuales siete han sido interpretados completamente por el nombrado cuarteto. La magia musical establecida por esta unión de fuerzas, fija sin embargo los puntos para que el dúo estelar alcance mayores profundidades aquí. No erraríamos si dijéramos que la soltura melódica y armónica no puede ser arrebatada ni disminuida a ninguno de los miembros que componen el cuarteto, aunque con ello no podemos significar que no haya quienes puedan desigualarse del resto de los miembros a fuerza de alcanzar una mayor envergadura musical. Son Metheny y Mehldau los elementos desequilibrantes en este cuarteto.

Siete de estas once corresponden a la autoría de Metheny; la que inicia el álbum al dúo, y las tres restantes al pianista. Pero también hay espacios para la improvisación dentro de ese marco. En Quartet esos espacios son breves, pero la manera de Metheny de ponerse encima de la grabación ofrece una clara prueba de cómo la sofisticación compositiva podría lograr virtualmente cualquier cosa. "The Sound of Water" evidencia parcialmente cuanto digo.

"Fear and Trembling" los pone a prueba a los dos. Metheny agudiza el sonido que extrae de las cuerdas de su guitarra eléctrica durante 3' 30', seguido al milímetro por las confusas notas en el piano de Brad Mehldau. Tras ese lapso, el pianista toma la entera conducción de la pieza relegando al virtuoso guitarrista a la sección rítmica. No transcurrirá mucho tiempo (apenas 1' 30 "), para que la guitarra de Metheny vuelva a pulsar su agudizada distorsión sumándose a la secuencia de la pieza. La elasticidad del bajo permite a Grenadier no perder el hilo de la serie rítmica, incluso cuando Metheny se mueve lo fuerza a una mayor atención.

La que siga a esta será una de las dos baladas del disco, "Don't Wait", con la guitarra acústica de Metheny. Es la cuarta selección del álbum, y también la menos interesante. "Towards the Light" escarba con las más aguzadas garras del cuarteto. La pieza se extiende por 8 minutos. Ballard ejecuta su instrumento a la perfección, y Metheny se hace de su guitarra sintetizada para crear la apariencia de un instrumento de viento que a partir del minuto 3' 30 " ofrecerá a la composición su mayor encanto y belleza.

Pero si le tengo que dar un punto de admiración no creo que este álbum permanezca entre lo mejor de los últimos siete años

"La tierra que no olvida" de Metheny y "Santa Cruz Slacker" son dos piezas levemente edulcoradas con música latina.

No menos hijos de abstraída naturaleza son este otro dúo de escritores contemporáneos: Pittamiglio/López Diez. La que sigue son las notas escritas por este otro integrante del dúo de articulistas acerca de aquél otro dúo de músicos y su Quartet de 2006.

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Metheny/Mehldou

por Marcelo López Diez.

Quien desee apiadarse de los actos de un visionario será poco menos que un solitario. Ahora, si por el contrario tratamos de entender el efecto que produce un álbum con estas características algo olvidadas por la gran mayoría del público, posiblemente podamos creer en su juego adelantando nuestro reloj sensitivo.

Con argumentos que van de un paso hacia el pasado, estos músicos se abocaron al único pretexto que readecua a un gran fin, el cual es prioritario para alcanzar esta armonía de once piezas. Como las cuerdas de un puente, tensan el alma mas disciplinada en el primer segmento de "Unrequitec", voluptuosa en sus aproximaciones con el dodecafonismo.

Luego el alfabeto musical que se prioriza en el tema cuatro "Ring of Life" es más salvaje en su jazz, como lo son los temas dos y tres en su clasicismo jazzístico. Las siguientes secuencias de este todo salpican de clasicismo todo el contexto.

La última pieza, la once, se llama "Untitlend" y es pura improvisación con un sentido de la armonía poco más que accesible para cualquier jazzero.

Pero si le tengo que dar un punto de admiración no creo que este álbum permanezca entre lo mejor de los últimos siete años, pero ayuda a incrementar los sentidos más armoniosos de cualquier megalomaniaco.


Sobre esta noticia

Autor:
Leonardo Pittamiglio (54 noticias)
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Tipo:
Opinión
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