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El pueblo norteamericano rehén de la Segunda Enmienda y de su propia historia violenta

17/12/2012 20:24 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cada matanza desde 1995 en el campus de una universidad o en una escuela de niños provoca duelo nacional. Pero secadas las lagrimas no hay ningún progreso legislativo para detener el comercio de armas en EE.UU

La Segunda Enmienda de la Constitución de EEUU permite la posesión individual de armas de fuego, descarta a los pacifistas y crea derecho el "asesinato legal". Y a eso hemos llegado con la masacre de Newton (Connecticut), tras la de Denver (Colorado), Columbine, Tucson, Virginia y otras muchas.

Cada tragedia desde Columbine en 1999 -un total de 28– ha suscitado durante años, idénticas reacciones de dolor e introspección, y frenado cualquier progreso en el frente legislativo. La actual mayoría republicana en la Cámara de Representantes puede bloquear cualquier reforma legislativa. Los congresistas no han aprobado ninguna ley sobre la tenencia de armas desde 1994 y dejaron expirar en 2004 la limitación de la compraventa de los rifles semiautomáticos de asalto. Y el asesino de la escuela de escuela de Sandy Hook usó un fusil semiautomático de guerra para asesinar a los 20 niños y 7 profesoras.

La lista es larga. En 1966 dieciséis personas fueron asesinadas y 32 resultaron heridas por un ex-marino en la Universidad de Texas. En abril de 1999 dos estudiantes jóvenes mataron a 13 alumnos de la secundaria e hirieron a 21 y luego se suicidaron, en la población de Columbine. En noviembre de 2009, un psiquiatra del ejército en Fort Hood, Texas, mató a 13 personas e hirió a 30. En enero de 2001, el joven Jared Lee Loughner, asesinó en Tucson, a seis personas e hirió gravemente a la congresista demócrata Gabrielle Giffords con su Glock semiautomática. Ese atentado conmocionó sobre todo a la clase política norteamericana.

Hace exactamente un año, el estudiante de neurología James Holmes mató a 12 personas e hirió a medio centenar en un cine de Aurora en Denver (Colorado), durante la première de un filme de Batman.

Cada vez que ocurre un tiroteo en un sitio público de Estados Unidos, -el campus de una universidad o una escuela secundaria- con saldo de muertos y heridos, surge el debate sobre la tenencia y proliferación de armas de fuego en manos de la población, al alcance de los desequilibrados.

Muchos defienden la tenencia de armas y piensan que los tiroteos son "incidentes aislados de personas “desequilibradas", según un estudio de julio pasado del Centro de Investigación Pew. En el año 2000, el 66% de los norteamericanos creía urgente tomar alguna decisión legislativa sobre el control de armas por encima de la Segunda Enmienda de la Constitución, que consagra el derecho a las armas. Este año, sólo el 47% opinó lo mismo, según el Centro Pew. El dilema para la gente y los pacifistas es éste: o desaparece la Segunda Enmienda o vamos al caos.

Y cada vez que hay una matanza nuestra web, sin sensacionalismos, ha informado, extraído moralejas y no ha logrado sino escribir en el aire. Pero confirmamos una vez más la ley de impunidad y de una pseudo libertad se impone en algo que está en el inconsciente de cada norteamericano y que se manifiesta en organizaciones los poderosos “lobbies” de armas que albergan a millones de fanáticos.

Solución ya la tenemos en esta web: que el senado de los Estados Unidos prohíba las armas de fuego, y se imponga en el frente legislativo. Hoy, por ejemplo, como otros antes el presidente Obama está con las manos atadas ente la Segunda Enmienda de la Constitución.

El cuerpo editorial del diario Washington Post escribió, apenas conocerse la última matanza de niños en Connecticut que el presidente con lágrimas en los ojos apenas pudo pronunciar sus palabras de consuelo para las 27 víctimas de Newtown y se pronunció por la necesidad apremiante de normas de sentido común, que impidan que esta masacre no vuelva a repetirse". Su patética expresión final de que "las leyes sobre armas en los Estados Unidos no tienen sentido “debió ser su sentir muy personal pero frente a Romney durante la campaña electoral Obama terminó como siempre sobre la inevitabilidad de la Segunda Enmienda al decir: "Está claro, que la posesión de armas tiene una larga tradición en este país" y que “se debe mantener el derecho a tener armas consagrado en la Constitución.”

El que luego comentara que se debe hacer lo posible para evitar que los criminales y las personas afectadas mentalmente tengan acceso a las mismas..." lo cual lamentaba el Post no es muy original ni eficaz. Cualquier miembro del lobby de las Armas diría lo mismo en este contexto.

Ladd Everitt, portavoz de la Coalición para Frenar la Violencia de las Armas, consideró que "es hora de que el presidente Obama hable de este asunto", y se enfrente a la Asociación Nacional del Rifle (NRA), sobre la que Diáspora ha escrito tanto los últimos años.

Desde el Capitolio, donde la bandera de EEUU ondea a media asta, los legisladores nuevamente al unísono se solidarizaron con las víctimas y sus familiares, pero pocos de entre ellos (sí el demócrata Jerrold Nadler) pidieron restricciones al comercio de armas.

Michael Bloomberg, alcalde NuevaYork se ha puesto a la cabeza de una nueva campaña de personalidades y políticos en Estados Unidos para que la Casa Blanca tome medidas contra la proliferación de armas de fuego y la falta de control de su venta y tenencia, resucitada con motivo de la matanza de los inocentes de Newtown. "Ya hemos oído antes la misma retórica", protestó Bloomberg en referencia a la intervención del presidente, Barack Obama, sobre la necesidad de tomar medidas para evitar nuevas tragedias.

La realidad de lo que ha visto el alcalde Bloomberg, es que nadie dirige la política de la venta de armas de fuego. "Y esa inacción debe terminar hoy mismo

Por eso he creado una coalición nacional de alcaldes sobre la política gubernamental de la venta de armas de fuego.".

La mitología nacional, la Segunda Enmienda y las armas y “el espíritu de frontera”

El derecho al libre porte de armas de fuego constituye unos de los hechos más curiosos de la cultura y del ordenamiento legal norteamericanos. El mismo emana de su sistema constitucional y de su mitología nacional. Lo primero es consecuencia directa de una prerrogativa ciudadana garantizada por la Segunda Enmienda de la Constitución, mientras que lo mítico se inserta dentro del llamado “espíritu de frontera”.

La Segunda Enmienda es expresión de la “milicia armada” que se enfrentó a las fuerzas británicas para conseguir la independencia de las 7 colonias británicas y formar los Estados Unidos. Era una milicia de colonos patriotas contra la corona británica. En Europa aún existía el principio medieval, según el cual solamente la nobleza podía portar armas. Con excepción de algunos ejércitos regionales, las armas permanecieron siempre bajo la tutela de la autoridad real.

En la Norteamérica del siglo XVIII las armas reales para el ejército inglés procedían de Londres eran las únicas legales. El país estaba sumergido en una guerra salvaje casi desarmado. Para sobrevivir se necesitaba un arma, por lo que la mayoría de la población se armó, incluyendo mujeres y niños.

Se estaba gestando en el pueblo rebelde el llamado "espíritu de frontera" que era un componente fundamental de esa mitología patria a la que adhería un sector mayoritario de la población. Pero eso llevó a una especie de exclusivismo que respondía a la creencia de que los habitantes de los Estados Unidos constituían un pueblo único, especial, que se había forjado a sí mismo enfrentando retos, amenazas y peligros como ningún pueblo antes, como nadie antes. Esta noción, tan etérea como omnipresente, simbolizaba el temor ante la hostilidad circundante.

Hoy es el omnipresente espíritu de defensa permanente, una especie de temor, el mismo que experimentaron los colonos originarios ante un nuevo mundo y los conquistadores del Oeste en su expansión hacia horizontes cargados de riesgo e incertidumbre, contra los ingleses pero también contra los originarios, los pieles rojas, a los que masacraron siempre en defensa de los Estados Unidos, recién nacidos.

De acuerdo a Ziauddin Sardar y Merryl Wyn Davies: “La frontera del Oeste no es historia, es la expresión de ideas acerca del significado de la historia, un genuino espacio mítico. Es atemporal...La frontera del miedo, al igual que ocurrió con la frontera del Oeste, está siempre hoy en continuo movimiento” Los escritores lo expresan en el libro “American Dream, Global Nightmare” (Sueño Americano, Pesadilla Global), que naturalmente se editó en Londres hace unos 10 años. El “espíritu de frontera” se expresa fundamentalmente en la necesidad de estar armados y vigilantes, lo cual se proyecta a escala individual y como nación.

Pero también se expresa en la convicción de que por bien armado que se esté, el peligro está siempre presente. La paranoia extrema resultante del 11 de septiembre, se inscribe dentro de una tradición que abarca desde las brujas de Salem hasta el mccarthismo y George Bush y aunque la gente creyó al principio que no, Barack Obama es el continuador de esa tradición. Es la tradición del enemigo que acecha.

El derecho constitucional pasa así a incrustarse dentro del espacio mítico que alimenta su identidad de pueblo, para brindar a los norteamericanos un particular apego a la posesión de armas de fuego. Como siempre ocurre cuando el derecho y la cultura se unen, la forja resultante se hace imposible de romper.

Poco importa que el principio constitucional de la Segunda Enmienda resulte tan arcaico y desligado de todo sentido de realidad o que el mito no resista el escrutinio del sentido común. ¿Cómo hacer comprender a los norteamericanos que lo que ellos creen evidente resulta manifiestamente absurdo para el mundo? ¿Cómo hacerles entender que el resto del mundo asiste atónito al espectáculo del comercio de armas de fuego -de cualquier calibre, sofisticación o capacidad mortífera- vendidas con la misma facilidad con la que se vende un televisor o una nevera?.

La consecuencia de lo anterior no es otra que la de haberse convertido los Estados Unidos en uno de los lugares más violentos del planeta. De acuerdo a The Economist, 250 millones de armas se encuentran en manos de 90 millones de personas. Es decir, más armas que adultos. El resultado inevitable de ello son las matanzas periódicas al estilo Columbine, Colorado o Connecticut en donde decenas de seres humanos incluidos niños son asesinados gratuita y absurdamente ante el fácil acceso a las armas por parte de desequilibrados mentales.

El temor de ser atacado por un enemigo desconocido engendra un espíritu de defensa permanente en el norteamericano

Pero después de la declaración de la independencia en 1776 cada miembro masculino de la familia guardó en su casa un rifle. Muchos se preguntaban, cuánto tiempo pasaría hasta que el gobierno en Washington se transformara en un gobierno déspota, tras el asesinato del presidente Lincoln. Tenían miedo. Para evitarlo, en 1791 se aprobó la Segunda Enmienda a la Constitución, que garantiza al hombre común a cualquiera el poder tener un arma para defenderse. Quedaba abierta por aquel entonces también la posibilidad de organizar pequeños ejércitos privados para controlar a un posible gobierno déspota.

Los padres de la nación que fundaron el país, los que instituyeron la Constitución y el Acta de Derechos, y aquellos a quien la Suprema Corte les refiere como “comentadores aprobados” (U.S. vs. Miller, 1939) no pudieron ser más claros sobre la naturaleza del derecho y el propósito de la Segunda Enmienda Constitucional.

Thomas Jefferson dijo, "Ningún hombre libre será excluido del uso de las armas”. Patrick Henry dijo, "El gran objeto es, que todo hombre esté armado”. Richard Henry Lee escribió, "Para preservar la libertad es esencial que toda clase de gente posea armas siempre”. Thomas Paine observó que, "La armas... desalientan y mantienen al enemigo y al invasor en temor, y preservan el orden en el mundo al igual que la prosperidad”.

El federalista más prominente, Tench Coxe preguntó, "¿Quien es la milicia? ¿Acaso no somos todos nosotros?... El Congreso no tiene el poder de desarmar a la milicia. Sus espadas, y todo otro implemento terrible del soldado, son derechos de nacimiento del americano… El poder ilimitado de la espada no está en las manos del gobierno federal o estatal, sino que con la confianza en Dios, está en las manos del pueblo americano”.

En este reportaje se pretende contar la historia del porqué los norteamericanos siguen apegados a la historia de su independencia y con el temor de que alguien les ataque

Esta relación existencial con las armas continuó, arrolladora, en la nueva nación y se expresó con fuerza particular en el Lejano Oeste, despoblado y agreste hasta los últimos años del siglo XIX. Para satisfacer esta necesidad, la industria de las armas, al principio artesanales, era la más importante y lo sigue siendo hoy. El manejo de las armas se hizo un símbolo de independencia y, para los jóvenes, también un paso hacia la hombría.

Con el servicio militar en la segunda guerra mundial los miembros del ejército aprendieron a conocer nuevas armas, algunas de las cuales las llevaron a casa al finalizar la contienda. Enseñaron a sus hijos cómo manejarlas, portarlas y guardarlas con seguridad e insistieron en que tales objetos no eran para jugar.

En los años 30, los de la gran depresión, con un paro del 30%, hambre y enfermedades y la aparición de Roosevelt en el panorama político y social del país aquéllos que vivían cerca de zonas boscosas sobrevivieron de la caza, ilegal, de animales salvajes para comer, con armas heredadas de la primera guerra mundial.

Y para los gángsters el subfusil automático se convirtió en una herramienta de trabajo. Con el servicio militar en la segunda guerra mundial, los miembros del ejército aprendieron a conocer nuevas armas, algunas de las cuales las llevaron los marines al finalizar la contienda. Y sus hijos aprendieron a manejarlas, portarlas y guardarlas en el desván. Cuando los viejos murieron, los jóvenes heredaron aquellas armas. Y una industria pujante continuó el suministro de armas en cientos y cientos de armerías en todo el país.

Las armas han acompañado al ciudadano durante generaciones. Forman parte de su educación, valores y cultura

En la mayoría de los países, se habla del monopolio del Estado en el uso de la violencia, a través de - la Policía o del ejército- pero en los Estados Unidos ese monopolio no existe, aún cuando eso suene anticuado. Pero desde 1791 es también derecho de los particulares y ha generado lo que comúnmente se conoce como la cultura de las armas.

Así las cosas, en la época de los misiles nucleares y las armas biológicas, el ciudadano armado de una pistola o de un fusil sigue considerándose como el protector emblemático de la seguridad y de la independencia de Estados Unidos y tal insólito mito aún pervive como un anacronismo histórico y legal que identifica a sus ciudadanos como los defensores naturales frente a cualquier agresor externo.

Según criterios actuales surgieron dudas sobre si dicha Segunda Enmienda estaba atrasada, era inconveniente, innecesaria o era interpretada equivocadamente. Pero el carácter inmanente de este derecho quedó plasmado y refrendado en una sentencia histórica dictada por la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos en 2008.

En ella, el Tribunal Supremo declaraba la improcedencia de cualquier ley de un estado que se atreviera a prohibir el libre porte de armas. Remontándose al año de 1791, fecha de la Enmienda, reconoció el derecho de todo ciudadano a poseer y llevar consigo armas de fuego, protegiéndole contra cualquier enemigo emboscado o el abuso de una autoridad cualquiera.

La sentencia de la Corte Suprema en 2008, representó una gran victoria para los defensores del porte y uso de armas, y para el lobby, traficantes y fabricantes. Poco pudo hacer la Fiscal en el atentado de Oklahoma en 1995, a pesar de las grandes influencias que se movieron a favor del autor de la masacre en que murieron 168 personas. Y el asesino McVeigh fue ejecutado por inyección letal en Terra Haute, Indiana en 2001.

Pero eso no evitó atentados posteriores y los que ni aparecen en la prensa (un promedio de 80 al día). Quedó la ficción en el cine y la TV.

Con esa sentencia, el Supremo declaraba inconstitucional una ley que existía en la ciudad de Washington, Distrito de Columbia, desde 1976 que prohibía la venta y posesión de armas de fuego. Y fue más allá de poner límites a otras leyes federales contra las armas y protegió y protege e el derecho individual de los ciudadanos frente a su Gobierno local o estatal. El carácter simbólico del fallo es incuestionable. Y el impacto que tendría a corto plazo, quedó por verse y no influyó en atentados posteriores, ya que los jueces no entraron en la definición de control. ¿Se puede vender un misil Stinger? ¿Puede comprar un arma una persona que acaba de salir de la cárcel? ¿Puede poseer un revolver un enfermo mental? ¿Puede ir armado el guarda de un parque infantil? Los magistrados, de hecho, ya apuntan en su fallo que "algunas limitaciones del derecho a poseer armas podrían sobrevivir a desafíos legales".

Un miembro del Congreso dijo hace un año: “estamos de enhorabuena porque tenemos en las cámaras legislativas 28 miembros, mitad demócratas y mitad republicanos, miembros activos del “lobby” de las armas de fuego”. Es decir está claro para Obama y para todos los políticos norteamericanos que oponerse a al “lobby” sería para un candidato presidencial peor que enredarse ahora con el tema de Irán o volverse a meter con Wall Street motivo de la crisis monetaria. Un suicidio porque, además, en un país con 50% de abstenciones, los miembros de la (NRA) votan un 97%, y los de la “Goal” votan el 39%. Los cazadores algo menos, el 82%. Son mayoría absoluta en el tráfico legal de armas para matar.

Dinero, organización, votos: he aquí un ingrediente para llevar tranquilamente una pistola cargada en una universidad o cargarse a una congresista demócrata reelegida senadora. También hay que recordar que en 1997 George W. Bush entonces Gobernador de Texas, firmó durante su mandato una ley autorizando a los feligreses de todas las religiones a llevar armas de fuego dentro de las iglesias desde las sinagogas hasta las iglesias católicas o presbiterianas... etc…

Todo eso explica el saldo trágico de 300.00 personas (de ellas 380 menores) que mueren en Estados Unidos al año victimas de armas de fuego. Si Obama pudiera dar una respuesta eficaz de futuro seria la de que desde ahora todo ciudadano norteamericano o extranjero lleve un chaleco antibalas o se busque un guardaespaldas o lleve una parabellum, si no la lleva ya. - ¡Estamos en buenas manos!.

250 millones de armas de fuego repartidas entre 80 millones de ciudadanos: hay libertad absoluta...para matar.

Noventa millones de norteamericanos (sobre una población de 310 millones) poseen un total de 240 millones de armas, lo que convierte al país en la nación del mundo con mayor índice de armas en manos de civiles. El 40% de los hogares norteamericanos posee, al menos, un arma de fuego. El Derecho a poseer y llevar armas es virtualmente un derecho a matar o a suicidarse legalmente.

El 34% de esas muertes son homicidios -con un gran porcentaje casos de suicidios o accidentes caseros. El derecho a poseer y llevar consigo armas es inseparable al derecho de defensa propia. Así entonces, por naturaleza es un derecho de posesión individual, protegido por la Constitución americana. Pero el “lobby” de las armas se vanagloria de que algunas asociaciones como la Asociación Nacional del Rifle, tienen 4, 3 millones de miembros.

El fenómeno está plenamente aceptado por la población que lo asocia al carácter individualista de la nación. La familia más respetable del barrio más seguro de Estados Unidos duerme con un revólver bajo la almohada. Garantizado por el Tribunal Supremo.

Demandas legales imprudentes tratando de hacer responsables monetariamente a los fabricantes de armas (se abren 294 nuevas fábricas al año) por las acciones de criminales van en contra de principios establecidos de ley de agravio, han sido prohibidas por 33 estados y difícilmente serán prohibidas en el futuro por el congreso nacionalmente.

Es decir hay que cambiar, para que todo siga igual. Pero más allá de lo declarativo, existe el problema actual: el aumento de enfermos mentales, según las estadísticas, las bandas criminales (narcos mexicanos que importan armas por toneladas, grupos neonazis y de otras ideologías, violencia doméstica, y otras, ex-marines mercenarios, compañías de "seguridad" y paramilitares y traficantes de armas a El Salvador, Guatemala, Colombia.. policías corruptos... ¿Cómo se puede esgrimir como excusa el preservar el derecho a la autodefensa como en el siglo pasado? El objetivo no sería la prevención de crímenes específicos sino limitar las opciones destructivas de los criminales. Si no hay leyes concretas y severas para el control de armas las masacres seguirán de la misma manera que las regulaciones laborales reducen los accidentes industriales. Las masacres son monstruosas violaciones de la ley, que cambios marginales electoralistas difícilmente previenen, a menos que sean acumulativos, y esto significa que concretar dichas leyes se dilataría en el tiempo.

Debe recordarse, que las garantías de la Segunda Enmienda no son más absolutas que las de la Primera (el derecho a expresarse libremente). En efecto, el derecho a tener y portar armas no significa el derecho a tener un tanque de guerra, un lanzador portátil de misiles o una arma totalmente automática.

Tanto esto como el tratamiento legal de las armas de asalto o de los magazines de alta capacidad se sustentan sobre un juicio de prudencia y responsabilidad, no sobre una norma constitucional restrictiva. De hecho Adam Lanza, el asesino de Newtown, no uso solo dos pistolas robadas a su madre, (como dijo la TV) sino un fusil de asalto semiautomático dotado de varios cargadores y fue un milagro que avanzara hacia la segunda aula, porque poseía abundante munición.

Al margen de la Segunda Enmienda está la responsabilidad del Estado de prevenir el crimen, mantener el orden y proteger el bienestar de sus ciudadanos. ¿Pero... existe esta garantía?. Las tragedias que son una noticia diaria, y muchos otros casos individuales no mencionados en los medios, los analizan especialistas y legos desde puntos de vista totalmente opuestos.

Para algunos analistas está la necesidad de disponer de más armas para defenderse del crimen organizado, los violadores y los asesinos. Otros ciudadanos, indignados, exigen mayores regulaciones por parte de la autoridad. Pero ciertamente, las decisiones dependen fundamentalmente del péndulo político, condicionado a su vez por los grupos de presión. En muchos de los cuales figuran parlamentarios.

Un estudio global de 23 naciones ha dado como resultado, que 80% de las muertes causadas con armas de fuego ocurren en Estados Unidos aunque tampoco México está en la cola, con armas compradas legalmente en EE.UU. Y las peticiones para limitar la posesión de armas chocan con más resistencia en Estados Unidos que en Europa y América Latina. En 2000, según una encuesta de Gallup, un 87% de los encuestados abogaba por controles de armas más estrictos; en octubre de 2010 solamente un 44% opinaba lo mismo, a pesar de las masacres, atentados y crímenes ocurridos en el intermedio.

Igualmente, desde los años 1990 las leyes sobre armas son aún más laxas, pero simultáneamente la rata de asesinatos ha disminuido con regularidad, lo que refuerza los argumentos del lobby pro-armas.

La experiencia ha demostrado, que después de una masacre el ritual la opinión pública sufre un espectacular shock nacional e indignación, comunidades traumatizadas preguntándose cómo pudo suceder, seguido de… nada. Por lo menos, sin ningún progreso en materia de seguridad sobre las armas.

“Un arma es como el cinturón de seguridad en el automóvil. Una herramienta como cualquier otra.” Esa es la aterradora e irresponsable expresión de una estudiante de Utah, que la comparten muchos. Hoy día, más de 200 universidades de 6 estados de la Unión permiten el porte de armas en sus espacios. En 2011, 21 estados presentaron proyectos de leyes en el mismo sentido: sólo en dos fueron rechazadas y hubo varias en que las decisiones siguen pendientes.

Es difícil prever hasta dónde llegará la sociedad norteamericana en materia de control sobre las armas. Todos recordamos el slogan impreso en los billetes de los Estados Unidos: “In God We Trust” (en Dios confiamos). Pero después de la matanza de niños de Newtown, muchos de nosotros opinamos-que vendría bien cambiarlo - por algo así “In Guns We Trust only” (Sólo confiamos en las Armas).

“Le daré mi arma cuando me la quite usted de mis manos frías, muertas!” (Charlton Heston). Lo malo es que muerto ya el arma que tuviera el actor la puede tener cualquier depravado, asesino en serie, miembro del Tea-Party, racista ario o facha.


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Fernando (13/06/2013)

Que artículo tan basura, según el FBI en sus estadísticas, ha bajado el crimen mientras que ha subido la compra de armas por ciudadanos legales. En China, en la misma semana de la masacre de Newtown, un hombre atacó a cuchillo a estudiantes de colegio, nuevamente, esa era una zona "libre de armas". Un arma es solo un objeto que ayuda a matar, es verdad, pero es el espíritu de dañar en los criminales lo que es verdaderamente terrible.