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El problema de la eficiencia desigualmente distribuida

17/08/2010 18:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Alrededor de la casa de mi madre en Urioste hay un follón de manda mandre. Allí cerca comienza la Super Sur. Se trata de una obra faraónica que taladra los montes cercanos para, vía túneles, evitar tráfico en la actual circunvalación de Bilbao. Será de peaje, según parece. Por allí se incrementará la capacidad del sistema de absorber tráfico. Grandes noticias. O no tanto.

El otro día ya comentaba que leyendo Simplejidad, de Jeffrey Kluger, encontré un capítulo dedicado a los problemas de tráfico. Se maneja esa idea tan simple de la que tanto escribió Goldratt: los óptimos locales no conducen necesariamente a un óptimo global. Lo habitual es que el cuello de botella se desplace a otro lugar. Pan para hoy y hambre para mañana.

Si abrimos otro túnel o construimos otro puente en una ciudad abarrotada al principio el resultado es exactamente el esperado: repartir un número determinado de coches por más arterias y agilizar las cosas para todo el mundo. Pero el hecho de poder conducir más deprisa anima a que más personas cojan sus coches por la ciudad, saturando nuevamente el tráfico hasta que todo vuelve a ser como antes.

Relaciono esto con el coeficiente de Gini, del que también hablaba cuando citaba alternativas de medir cuando nos movemos con modelos de empresa abierta. Este coeficiente plantea una forma de medir cómo se distribuye la riqueza.

Uniendo todo ello, la conclusión me parece evidente: si no conseguimos que la eficiencia se distribuya más o menos por igual dentro de una organización, de poco servirán esfuerzos locales. Este enfoque nos llevaría a:

  • redistribuir la masa salarial para evitar las enormes diferencias de retribución que se dan hoy en día
  • aplanar la organización para distribuir responsabilidades de manera más homogénea
  • evitar diferencias en los derechos de las personas que trabajan
  • no buscar la optimización de ciertos recursos, dejando siempre un espacio a la imperfección y tolerando (si no impulsando) ineficiencias
  • relajar los controles que tienden a una medición específica de partes muy concretas del sistema (aunque puede ser útil disponer de alertas para desviaciones excesivas)

Todo esto apunta a un modelo que pivota sobre dos ejes:

  • Aceptar que somos humanos y erramos, lo que aconseja modelos organizativos que no tiendan a la excelencia. Esto porque, hasta cierto punto, se provocaría la deshumanización del sistema.
  • Impulsar actividades que tiendan a una redistribución más equitativa de recursos y resultados, donde lo que importa es la eficiencia global (hasta donde sea posible) del sistema.

O sea, que a lo mejor conviene recular y reinterpretar lo que ocurre cuando una y otra vez encontramos una distribución de personas cuyas capacidades se reparten según la campana de Gauss. Tender a la excelencia está bien, pero allí a lo mejor te quedas haciendo solitarios. ¿Por qué? Porque puede que no tengas muchos compañeros de viaje. Aunque, claro, hay muchas formas de viajar ;-)


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blog.consultorartesano.com
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