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Primer día de clases

26/01/2017 16:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageUna fotografía puede despertar muchos recuerdos. En este experimento, cierta imagen de la niñez invita a evocar, sin mayores pretensiones, una de las épocas más alegres de la vidaEs solo un decir que fue el primer día de clases, porque ya había estado en la escuela desde años atrás. Eso fue en kínder, tiernos años de párvulo que fueron alegres y pudorosos. La mayoría de los recuerdos son de retos, castigos y juegos. Creo que eso es bueno porque se nota que lo pasé bien y que no hice caso en nada. Quizás no hubieran sido pudorosos, a no ser por aquella fotografía en la que me exponen con el buzo mojado en la entrepierna.Quien aparece a mi lado es el Richard o el Ricardo. Claro que se nota que es el primer día de clases porque él se ve muy ordenado, todo un caballero. En cambio, yo me veo como mi abuelo cuando bebe chicha después de un largo día pastando las ovejas.¿Quién tomó la fotografía? No lo sé. Pudo haber sido mi abuela, mi padre o mi madre. Lo bueno es que mi rostro aparece medio incógnito, pero mi cremallera no.Ricardo o el cabezón Richard fue mi mejor amigo de la escuela por esos años ¿Por qué? No sé. No me sentaba al lado de él, pero en la mayoría de las fotografías de escuela y en los recuerdos que ahora vislumbro está él junto a mí. Como la vez que hacíamos fila para entrar a clases y discutíamos sobre el fin del mundo; llegamos a la conclusión de que el mundo no se acabaría nunca, que seríamos nosotros quienes nos acabaríamos. Con los años, sabemos que ambos finales van a ocurrir. Y la vez que el Richard, por decirle a otro niño del colegio "Cabro conchesumadre" sin motivo alguno, la profesora Marta lo llevó a inspectoría y no lo vi hasta al otro día de clases.Veo la imagen y recuerdo el olor de los cuadernos y los lápices nuevos que había en sala 21, del primero básico A en el Liceo Nacional de Llolleo. Curioso el nombre que hace referencia a una nación y a un pueblo precolombino, una mezcla de nacionalidad provinciana con raíces indígenas. Observo con melancolía los rostros de los tres niños y vuelvo a sentir el sudor en mi rostro y la felicidad al escuchar que yo era el "Experto", como me bautizó la profesora Marta, pero de la transpiración por correr por el patio como un caballo desbocado.Me veo feliz. Supongo que porque era un niño y para un niño todo es felicidad, hasta el primer día de clases. Pero por esos tiempos, la gloria máxima era volver a casa después de la escuela y correr con mis primos a los bosques de eucaliptos, donde nos perdíamos por horas hasta que sentíamos el sonido de la tetera.Melisa es el nombre de la niña que, sin ser invitada, forma parte la fotografía. Años más tarde, por los pasillos del liceo, la conocí por azar y ahora pretendo olvidarla. Su historia es tragicómica, pero es de ella y no mía.

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literaturaenlaciudad.com
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