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Sobre "preocupados" y "resignación Canaria" (IV)

22/06/2010 15:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Escrito de Víctor Ramírez.

- IV -

El viejo Armiche continuaría leyendo lo subrayado en la página de periódico:

José Saramago lamentó durante su conferencia la <<pérdida del espíritu lanzaroteño>> que le atrajo hace siete años a la isla. Bajo la precisión de que <<las únicas credenciales que posee es el amor y el respeto por Lanzarote>>, además de la idea de que la vida puede mejorar, y censuró el <<equivocado concepto de calidad de vida elegido>> (más coches, más carreteras, más discotecas y centros comerciales) y criticó la <<indiferencia>> de los ciudadanos ante el <<deterioro general de la Isla>>.

Dejó de leer el anciano: quitándose lentamente los espejuelos. Luego nos miraría parpadeante, cual profesor que inquiere respuesta o comentario a cualquiera del alumnado.

Hablará el apellidado Miranda, quien últimamente ha preferido guardar silencio al igual que yo, como si ya nada de cuanto nos acontece le importara: sumido en la implacable resignación canaria ?o perraria (que de este modo llamamos a la aceptación desesperanzadora de todo cuanto nos agreda -y por nuestra indefensión tan acobardante). Y diría con voz más bien de hombre contrito, acaso verdaderamente desganado, casi tartamudeando:

¿A qué espíritu se referirá el premiado nobelescamente? ¿Se referirá, el pobrecillo, al de la sumisión absoluta "tan amable" del canariaje, sin el menor síntoma de rebeldía, ante lo fuereño?

¿Acaso se referirá "el más insigne que el carajo escritor" al espíritu de la total aceptación rastrera de una legalmente imparable invasión, invasión propiciada colonialmente y que principalmente repercute en beneficio económico del poder metropolitano y demás depredadores ultracapitalistas y en perjuicio del pleberío que somos?

¿Se referirá, quizás, a la endofobia tan consustancial de nuestras tan enajenadas almas individual y social?

Siento curiosidad por que alguna vez exponga con nitidez y sin humaceras literaturescas a qué espíritu se referirá, cuando habla de nuestro espíritu, el señor Saramago -o Jaramago, como lo apellida coñón Pancho.

Me pregunto también por qué no se interroga y por qué no se responde él, en público, a quiénes verdaderamente benefician todos esos lucrativos males por los que pasa Lanzarote y que tanto y tan teatralmente parecen dolerle.

Y quisiera yo saber dónde guarda, tan egoísta y falaz, esas únicas credenciales que dice él poseer, las del amor y el respeto -¿amor y respeto a qué y a quiénes?

Pues ¿qué amará él que no sea, según vislumbro de sus intervenciones propagandísticas para vender sus libros, la tranquilidad paradisíaca de un entorno sólo físico y no dignamente humano: tranquilidad paradisíaca que, dentro de poco, le será absolutamente imposible debido al inexorable exceso demográfico -y por lo que no sentiré nada de pena?

Así al pronto y sin más pretenciones, deduzco que el anciano señorito José Saramago amará del lanzaroteño, de cualquier canario, acaso el aspecto y el comportamiento de perrario dócil y siempre dispuesto a obedecer y agradar al caprichudo amo de turno, de perrario agradecido por la limosna (limosna dada por quienes nos han esquilmado impunemente, limosna que es una parte mínima y venenosa de cuanto se nos esquilmó, de cuanto se nos continúa esquilmando).

Digo yo si será eso lo que el famoso portugués ama de nosotros. Digo si será a ese espíritu al que Saramago reclama no sé qué. (Y calló Miranda con un preocupante suspiro de resignación canaria, o perraria, suspiro de persona que parece desear mejor la muerte y dejar de ver tanta miseria moral entre tus irredentos compatriotas).

Lo que aprovecharía El Cobra para participar, ronco nuevanente por el mal de amores que con tanta frecuencia le aqueja, e inquirir alzando la voz ferrugienta y sin poder simular la tirria que le ha acabado cogiendo al dizque comunista borbónico escritor portugués:

Bien, bien... ¿y cómo demontres puede mejorar la vida un pueblo colonizado sin la mínima posibilidad de planificar su futuro individual y colectivo, pueblo condenado a aceptar sin rechiste, completamente resignado por la indefensión, el imperativo incontestable de un poder foráneo inmisericorde, soberbio e insaciable de codicia?

¿Y por qué no insinúa el tan "sabio y solidario" señor Saramago cómo podríamos mejorar la vida, qué será lo que debamos hacer estos alienados hasta el tuétano que somos los canarios?

¿Aún no se ha enterado el tan preocupado portugués de que todo eso de los "más y más coches", "más y más carreteras", "más y más discotecas" y "más y más centros comerciales" forman muy enriquecedora e ineludible parte de la prostitución de mi Patria en suculento beneficio de la insaciable proxeneta España -o Borbonia-, proxeneta que tanto parece él admirar?

¿Tampoco se ha enterado de que no se trata de <<indiferencia>>, ya que ésta requiere un alma con capacidad de responder despectiva con mínima altanería, necesaria ésta ?la altanería- para ser indiferente?

¿No ha captado todavía que simple y duramente se trata de pura impotencia, de puritita caquexia: producto de cinco malditos siglos de cruel colonización que él, cual invasor, parece empeñado en no aceptar, en ni siquiera poner en duda aunque fuere un poquito alguna vez?

Perdónenme las interrogantes, señores. Es que ese hombre, cual si fuere uno más de los codiciosos políticos engatusadores de papanatas e ignorantes, se aclara poco o nada: limitándose, quejica, a farfullar lo evidente, lo superficial, farfullarlo -eso sí- artero, malicioso, tirando ladino contra nosotros, los independentistas.

¡Qué fácil le resulta al Individuo, desde una tan cómoda posición, nada comunista, de fuereño residiendo cual ricachón turista mimado, exigirles a los nativos lanzaroteños que reaccionen no sé cómo ni ante qué y quiénes!

Lo exige él en plan moralista ofendido por la maldad del prójimo, pero sin arriesgarse someramente a aportar alguna luz sobre las causas de la degenerativa situación y sobre sus posibles soluciones.

Y cuando a algunos pocos canarios les da por mínimamente reaccionar en público, reaccionar más bien acojonados y casi suplicantes, para que se haga una Ley de Residencia (Pañocaliente Ley que no solamente no nos curará el mal, sino que nos empozoñará aun más la situación), va el Nota y se pone furiosillo a pregonar que estos acojonados e infelices contestatarios son xenófobos, racistas y demás insultos tan gratos a los progres de mullido sofá o barra de bar con vaso de whisky en la mano y mirada lasciva a la hembra -o al macho- que aparece o pasa frente a ellos.

Y si por un rarísimo casual van un par de desesperados compatriotas y pintan su impotente rabia en el Golfo lanzaroteño, lugar considerado de interés natural (considerado así no sé para quiénes, pues para mí -mientras sigamos colonizados- no lo es), también va el Nota y los llama estrafalarios y poco menos que reos merecedores de cárcel o destierro de su Patria.

Habla él, erupta él, sin preguntarse nunca a qué puede deberse esa actitud tan colérica y esos comportamientos tan autodestructivos. Acaso no lo pregunta porque cree el Nota sabérselo comunistamente todo y no tiene qué ni por qué preguntar (y mucho menos preguntar por qué ha llegado este pueblo de más de un millón de individuos descendientes de canarios precoloniales -¡sic, coño!- a andar con el alma bajo mínimos, con casi sin alma).

Ya que el amigo Santiago (que así se llama El Cobra) mentó la xenobia y el racismo, -vocablos tan progremente colonizadores aquí- permítaseme leerles esto que casualmente leí anoche -diría el joven Pancho, procurando una entonación de persona educadita y tolerante con todo el mundo y por mucho que te jodan.

Está en la página 166 del libro En la burbuja, de aquí el amigo Ramírez; y pertenece al artículo Recordando a Pancho Villa por lo de Cuba ahora, artículo vetado en su momento por la dirección del Diario de Las Palmas. (Mientras leía, se fue olvidando el joven Pancho de entonar educadito). Escuchen:

"Relata John Reed que, al entrar en Chihuahua, Pancho Villa hizo llamar al cónsul inglés, a cuyo cargo estaban los intereses de la colectividad española local, y le ordenó: <<Transmita usted a todos los gachupines (españoles) mi orden de que junten en el acto todos sus bártulos ¡y se vayan! Cualquier gachupín que descubramos en el Estado después de pasados cinco días será puesto junto al paredón más próximo y fusilado>>.

(Interrumpirá súbito el apellidado Miranda para refunfuñar con rabia nítida: "¡y pensar que hay quienes llaman xenofobia a la necesidad de una población de, para poder practicar la dignidad de autogobernarse, procurar echar de su País a los dañinos extranjeros dueños violentos de su tierra y de sus voluntades!)

Repito que estas palabras se encuentran en la página 166 del libro En la burbuja, libro que no tiene desperdicio y que abriría los ojos a quienes se atrevieran a leerlo y reconocerse en su lectura.

Siga usted, don Armiche, con lo dicho por el ínclito Jaramago, tan valientemente antixenófobo aquí (y muy xenófobo antiyanky en Cuba, por ejemplo) -y por más que no pueda él simular que desearía que a su alrededor viviera poca gente, es decir, que se vaya a joder para otra parte el chusmerío que le estorbe.

¡Pero ese deseo tampoco sería xenofobia viniendo de él, por supuesto, sino preocupación ecologista por el entorno natural tan exótico y único en el mundo! ¡Pues sí que manda cataplines el Nota!

No pudo el viejo Armiche atajar la sonrisa abierta y dirá, sonriendo todavía:

Parece, muchachos, que ya saben ustedes lo que viene a continuación en lo subrayado; pues se me adelantaron a contestar al tan "preocupado" escritor portugués. Oigan (y, tras ajustarse los anteojos y carraspear un poquito para aclarar la voz, continuó con la lectura, despacito): el señor Saramago...

..."Habló <<Con coraje y cortesía>> de la <<resignación>> de la población ante <<la desfiguración de la naturaleza, del espacio y, sobre todo, de esa idea de la Isla que caracterizaba a los lanzaroteños>>.

Y añadió: ‘ A mí me causa un gran dolor pensar que todo esto pasa ante <<la apatía de la población>>"

¡Qué lindo suena eso de Con coraje y cortesía, ¿verdad?! -masculló, sin saber ironizar, el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos. ¡Qué hombre tan bueno y tan sabio, tan valiente y abnegado es don Jaramago!

¡Tenemos que evitar por todos los medios que se nos vaya de Lanzarote hombre tan valioso! ¡Tenemos que evitarlo limpiando de chusma y gentes de mal vivir los alrededores de su vivienda!

¡Debemos procurar que sólo vengan los turistas en número que él considere adecuado y servirle agradecidos -con gentil resignación perraria- en lo que se le ofrezca, pues cuanto hagamos por San Jaramago Bendito será poco!

30-octubre-2000

* * *

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Autor:
Deadmencey (129 noticias)
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