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Sobre "preocupados" y "resignación Canaria" (III)

22/06/2010 15:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Escrito de Víctor Ramírez

- III -

El anciano Armiche, tras carraspear mientras se ajustaba nuevamente los espejuelos, continuará la lectura de lo que tenía subrayado en desdoblada página de periódico. Oigan: el señor Saramago denunció la llegada de las empresas multinacionales a las Islas y en especial a Lanzarote, antes de opinar -seguramente que fingiéndose muy compungido- que "me parece una grave imprudencia de Lanzarote su dependencia absolutamente <<aterradora y exclusiva>> del turismo".

(Detuvo el viejo Armiche la lectura, levantando la mirada por sobre las gafas sin aro: incitando al comentario participativo).

Quien volvió a hablar sería el llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos: ¡un momento, por favor! ¿Podría leer de nuevo eso, señor Armiche, si no le importa? (Lo repite el anciano: esta vez agravando fingidamente la entonación y mucho más despacio). Tras lo que dirá Amaranto... Etcétera:

Ya me tiene hasta los mismísimos cataplines todo ese genterío famoso tan preocupado de boquilla por la situación de la parte geofísica de Canarias que disfruta, pero jamás por la situación de los canarios -acaso puritita chusma para ese genterío famoso. A lo más que parece éste poder llegar es a señalar algunos síntomas (síntomas que cualquiera -y sin hacer falta ser afamado erudito- puede percibir a poco que abra los ojos del entendimiento sensible). Jamás se atreve a señalar y citar claramente el nombre de la cruel enfermedad (inclemente colonialismo depredador) y mucho menos se atreve a señalar y citar al agente patógeno (España, insaciable e inclemente potencia colonial).

Señala y cita esos pocos síntomas -el genterío famoso tan preocupado- incluso con carantoñas de sufrimiento anímico, ¡pero sin dejar de embostarse placentero y echarse alguna copita al caletre! ¡Ni por asomo esos malditos afamados que nos llegan citan las causas de nuestra situación, y mucho menos se atreven los hipócritas mimosos del demontre a exponer concretamente y sin vaguedades cuál sería la solución según ellos -que tan sabios presumen ser!

Sí, señores: me sigue costando creer que en verdad al señor Saramago le preocupe mínimamente nuestro bienestar, el del guancherío -claro- y no el de los meros residentes. Pues aquí -a poco que te descuides- todo quisque acaba siendo más canario que el carajo: aunque haya llegado ayer y con el maldito mendaz cuento de que es canario el que "trabaja" en Canarias.

(Interrumpió el joven apodado Pancho, sin saber ahora ironizar: ¿entonces los nativos, descendientes de precoloniales, que carecemos de trabajo o que lo tenemos en precarísimo no somos canarios al no poder trabajar? ¿Entonces qué somos? ¿Acaso somos ladillas guanches con peor suerte que las demás ladillas guanches que sí tienen trabajo más o menos asegurado?).

El llamado Amaranto Froilán de Todos los Santos no supo responder a la sonrisa tristísima de Pancho. Continuaría él con la voz más entibiada de tristeza:

Pienso, por el contrario, que el señor José Saramago se comporta ?ojalá que acaso inconscientemente- cínico y propagandístico de su obra con poses de personaje progresista que de vez en cuando tira voladores de reclamo para que se sepa que está ahí luchando por la Humanidad y tiene libros en venta. Me ha acabado dando él la impresión de que su estrategia propagandística es la de hacerse pasar por rebelde con eso de pregonarse comunista, (¿no lo vieron en fotografía doblando comunistamente la cerviz ante el comunistísimo rey sueco cuando la parafernalia del Nobel?) es la de alardear ir contracorriente con eso de ser utópico ecologista tan respetuoso y solidario con todos los más pobres del mundo.

(De nuevo le interrumpirá el joven Pancho, que sigue en el tan perrario desempleo: <<respetuoso con todos menos, por lo percibido, con los pobrísimos de aquí, que somos bastantes, quizá muchísimos más de los que podrá él suponer: quizá alrededor del ochenta o noventa por ciento de los tantos verdaderos canarios, de los tantos guanches actuales>>).

Muy cierto, amigo: pues él actúa en nuestra colonizada Patria igual que cualquier invasor del montón. Actúa peor inclusive: actúa como cualquier invasor de los parasitarios privilegiados. Actúa él, además, totalmente impune de cinismo hipócrita, aprovechándose de nuestra absoluta indefensión, de nuestra papanizante ignorancia. Trabaja él -según tengo entendido- para los mandamases del poderosísimo grupo multinacional ultraborbónico y ultracapitalista español Prisa -¡ahí es nada!

Afirmo lo de poderosísimo porque, según ya se ha dicho aquí, en el escalofriante libro El precio de la libertad, de Jesús Cacho, con el Rey y con el presidente del Gobierno metropolitano -antes González y ahora Aznar- forma el dueño de Prisa, Jesús Polanco, la verdadera cúpula del Sistema que impera sobre España y colonias, el sistema llamado Borbonismo por el amigo Ramírez (y me señaló con un gesto de barbilla alzada) y que yo mejor llamaría Borbonato (plutocracia coronada)

No podía el joven Pancho permanecer en silencio e intervendrá nuevamente, sin pedir siquiera la venia: tienes razón, Amaranto Froilanillo de Póngase Usted Todos los Santos Que Guste. Si en verdad fuera rebelde y no mimoso, si en verdad estuviera el señor Jaramago honradamente preocupado por nosotros, por el pueblerío guanche, por los perrarios, debería ya saber que nuestra Patria está prostituida al máximo porque simple y crudamente está colonizada: colonizada sin apenas contestación, colonizada con casi absoluta sumisión e indefensión en la mayoría de quienes sabrían contestar, rebelarse.

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Me refiero, con esto último, a los intelectuales -incluyendo a artistas de cualquier jaez y a quienes posean estudios llamados superiores- y a otros canarios con inquietudes políticas que sientan de veras la necesidad imperiosa de arrancar de raíz eso que tanto parece preocupar al señor Jaramago y que es -ya usted lo acaba de recordar, don Amaranto Froilán de Tantos Santos- duro y puro colonialismo expoliador.

Pienso que debería el portugués más canario que todos nosotros juntos (si haces caso al rastrero papanatismo de quienes vocean mercenariamente en los medios de comunicación perrarios) saber que el objetivo natural y contundente de toda colonización es esquilmar codiciosamente al país conquistado. Con esas depredadoras multinacionales que tanto "preocupan" al eximio escritor -¡pobrecito el pobre!-, la metrópoli (el Sistema y sus cortesanos, además de algunos que otros esbirros afortunados y de unas poquitas ladillas guanches de aquí) gana muchísimo dinero.

Lo único que interesa al cruel proxeneta de su prostituta es el máximo rendimiento económico. Y, si pudiera, inclusive la vendería para comida de cerdos cuando ya no le sirviera en el negocio sexual. Pensar y osar decir que podría ser de otra manera nuestra situación continuando sometidos a España, señores, manifiesta supina ignorancia o repugnante cinismo.

Los lanzaroteños en particular y los canarios en general (guanches actuales en tremendísima mayoría poblacional aún; sí, guanches como lo fueron nuestros antepasados amasikes de hace cinco siglos y pésele lo que le pese al señor Jaramago -que también se suma ufano de altivez genocida a quienes, invadiéndonos, hasta el pasado biológico quieren arrebatarnos) nos encontramos totalmente incapacitados para impedir (admitiendo inclusive que tuviéramos consciencia de nuestra denigrante situación y quisiéramos rebelarnos, situación de la que son eficaces colaboradores las gentes fuereñas como él -que también vienen a trajinarse placentero a nuestra prostituida Patria, pagando por la pertinente "prestación" a la proxeneta España) que aquí puedan instalarse las multinacionales o mafias que sean.

Tampoco, aunque lo pretendiéremos, podemos verdaderamente hacer algo para planificarnos social y económicamente. Y no podemos porque llana y cruelmente el poderío metropolitano lo ha impedido, lo impide y lo impedirá. Eso que el señor Jaramago califica de grave imprudencia -sin aclarar quién es el imprudente o quiénes son los imprudentes- no significa más que colonialismo puro y bastante duro. Y éste -que, al menos, yo sepa- no se sustenta más que en la aceptación más sumisa y con resignación perraria de todo cuanto nos suceda: para eso cuenta el poder metropolitano con nuestro profundo miedo de irredentos indefensos y con nuestra esterilizadora ignorantación de aculturados (no tiene uno más que hablar con cualquier universitario para constatar la miserienta gravedad de cuanto les digo).

Que todo aquí sea dependencia del turismo (dependencia absolutamente aterradora y exclusiva, según los calderonianos epítetos lanzados por el Jaramago a la galería de papanatas) es absoluta responsabilidad culposa y exclusiva del aterrador poder metropolitano español y de sus colaboradores esbirros canarios.

Asimismo debemos sumar en la responsabilidad culposa -¡claro!- a los afamados fuereños que por acá recalan tan sabihondos ellos con toditito lo que nos concierne, tan comprensivos ellos con la indiscutible españolidad del Archipiélago, tan encantados ellos con la amabilidad tan perruna del isleño, tan angelicalmente escandalizados ellos con las mínimas y estrafalarias protestas de rebeldía que anónima, clandestinamente, unos poquititos osados y diabólicos canarios repletos de rabia y de insensatez acaban ejerciendo donde puedan y como sea.

El joven Pancho calló para tomar una poca de agüita de pasote fría. Lo que aprovecharía El Cobra -algo menos ronco que de costumbre-: oyendo aquí al amigo, pienso que deberé decir que no todos los fuereños han sido así de mezquinos como el portugués señor Saramago. A nuestra Patria han arribado y arriban hombres -muy pocos, cierto- que pusieron y ponen sus talentos y virtudes al servicio de nuestro pueblo. Los pusieron y ponen sin alharacas, jugándose incluso la libertad y la vida.

De entre esos pocos compatriotas, un amigo del señor Ramírez, el ya mentado tinerfeño don Ricardo García Luis, con su impagable labor histórica, periodística y de conferenciante ha dejado constancia fidedigna de ello. Así, a brote pronto, me vienen a la memoria el señor José Rial Vázquez, el entrañable anarquista Pepe El Catalán, el autopseudonominado Calícrates Temísdemos (heterónimo de -según Pablo Quintana- Melitón Gutiérrez Castro, también anarquista), por mentar a ya fallecidos.

Y ya que menté al amigo de Ramírez, a don Ricardo García Luis, también pienso que, si esas gentes como el señor don José Saramago quieren de veras ayudarnos, entre otras empresas ayudadoras deberían leer alguno de los libros de don Ricardo ?muchísimo más fructíferos, por supuesto, que los del nobeleado señor portugués. Seguro estoy de que aprenderían mucho de ellos, aprenderían lo inimaginable.

Repito: deben leerlos si de veras quieren esas gentes tan preocupadas <<de boquilla>> ayudarnos -cosa que dudo: no hay más que verles la geta de vividores soberbios y despreciadores de lo verdaderamente vivo canario, de lo aún no caquéxico canario.

15-noviembre-2000

* * *

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Autor:
Deadmencey (129 noticias)
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