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Premio Nobel en Ecología 2010 para un Méxicano

13/07/2010 18:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pocos lo saben, pero existe un premio tipo "Nobel" de Ecología. Este año lo ha ganado Jesús León Santos, de 42 años, un campesino indígena mexicano

que ha estado realizando, en los últimos 25 años, un excepcional trabajo

de reforestación en su región de Oaxaca, México.

El nombre de la recompensa es "Premio Ambiental Goldman"

(www.goldmanprize.org/theprize/about_espanol).

Fue creado en 1990 por dos generosos filántropos y activistas cívicos

Estadounidenses Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Goldman.

Consta de una dotación de 150.000 USD ($2, 154, 000 M.N.) y se entrega cada

año, en el mes de abril, en la ciudad de San Francisco, California (Estados

Unidos).

Hasta ahora ha sido otorgado a defensores del medioambiente de 72 países. En

1991, lo ganó la africana Wangari Maathai, quien luego obtuvo el Premio

Nobel de la Paz en 2004.

A Jesús León Santos se lo han dado porque, cuando tenía 18 años, decidió

cambiar el paisaje donde vivía en la Mixteca alta, la "tierra del sol".

Aquello parecía un panorama lunar: campos yermos y polvorientos,

desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes

distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para

nunca regresar, huyendo de semejantes páramos y de esa vida tan dura.

Con otros comuneros del lugar, Jesús León se fijó el objetivo de reverdecer

los campos. Y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas precolombinas que

le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en

zonas de cultivo y arboladas.

¿Cómo llevar el proyecto a cabo? Haciendo revivir una herramienta indígena

también olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado. Reunió a

unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral

Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos

limitadísimos, se lanzaron en la gran batalla contra la principal

culpable del deterioro: la erosión.

En esa región Mixteca existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos

cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI. La cría intensiva de

cabras, el sobre pastoreo y la industria de producción de cal que estableció

la Colonia deterioraron la zona. El uso del arado de hierro y la tala

intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos

dominicos contribuyeron definitivamente a la desertificación.

Jesús León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación. A pico y

pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias,

sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras

vivas para impedir la huida de la tierra fértil.

Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo titánico,

plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas,

aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua.

Después se fijaron la meta de conseguir, para las comunidades indígenas y

campesinas, la soberanía alimentaria.

Desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de

pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del

maíz, cereal originario de esta región.

Sembrando sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es

de las más resistentes a la sequía.

Se planta entre febrero y marzo, que es allí la época más seca del año, con

muy poca humedad en el suelo, pero cuando llegan las lluvias crece

rápidamente.

Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido.

Hoy la Mixteca alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido

manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra.

Actualmente, Jesús León y sus amigos luchan contra los transgénicos, y

siembran unos 200.000 árboles anuales..

Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación.

Con la madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal

que estaba desapareciendo: la elaboración, en talleres familiares, de yugos

de madera y utensilios de uso corriente.

Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento,

de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia

para el riego de invernaderos familiares orgánicos.

El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas,

que también han creado viveros comunitarios y organizan temporalmente

plantaciones masivas.

En un mundo donde las noticias, con frecuencia, son negativas y deprimentes,

esta historia ejemplar ha pasado desapercibida.


Sobre esta noticia

Autor:
El Mundo (4819 noticias)
Visitas:
6967
Tipo:
Nota de prensa
Licencia:
Distribución gratuita
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